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Plaza de Cristino Martos (O de los Afligidos)

14 Ene
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Plaza de Cristino Martos en la actualidad

Muy cerca de plaza de España, en la acera derecha de la calle Princesa y frente a la plaza de los Cubos tropezamos en nuestro flanear con un coqueto rincón con mucho pasado, que hoy día se encuentra eclipsado por ese entorno más moderno y bullicioso. Se trata de la plaza de Cristino Martos, aunque todavía algunos madrileños y sobre todo los vecinos de la zona de cierta edad la conocen como plaza de los Afligidos, que fue el nombre que mantuvo hasta finales del siglo XIX. Se trata de un precioso y tranquilo recinto donde tomarse un cafe en cualquiera de sus terrazas, una copa a media tarde o cenar aprovechando cualquiera de los muchos restaurantes que encontramos en su perímetro. A su vez, la plaza se encuentra equipada con diversos elementos de ocio para los más chicos, lo que permite a los padres relajarse y departir en amigable tertulia sin temer que sus hijos desaparezcan del radar mientras ellos saborean sosegadamente las delicias de una tarde de primavera. Es curioso comprobar cómo un lugar tan cercano a los estridentes ruidos de la gran urbe queda medianamente aislado y permite retrotraerse a un tiempo anterior al actual y disfrutar, aunque sea durante un breve paréntesis, de un ritmo de vida más relajado y menos estresante. Es quizás el mejor aval de un rincón, por otra parte, bastante abandonado por los responsables municipales en cuanto a aseo y limpieza del entorno.

Los Afligidos

De su nombre actual -Cristino Martos- hablaremos posteriormente pero cronológicamente hay que escribir que en principio este lugar se denominó plaza de los Afligidos, en honor al convento de San Joaquín de los Premostratenses construido ahí en 1635 y en cuyo interior se encontraba una imagen de Nuestra Señora de los Afligidos. La cerca de Felipe IV ya incluye el enclave y su entorno y, por tanto, de esa época podemos escribir que data el espacio al que nos referimos. Pero esto es lo que afirma Mesonero Romano porque Pedro de Répide sitúa la fecha de la fundación del convento en 1610, a cargo de un tal Fray Antonio de la Torre. No vamos a discutir por un par de décadas más o menos pero sí decir que fue cedido a los sacerdotes irlandeses que vinieron a España a la muerte de Carlos I de Inglaterra, que allí tuvieron su residencia y colegio antes de fundar el hospital de San Patricio en la calle del Humilladero. Completaremos la información diciendo que el edificio fue derribado parcialmente durante la guerra de la Independencia y desapareció por completo a finales del siglo XIX aunque sus restos fueron visibles hasta que se llevaron a cabo las obras de nivelación de la calle Princesa, después de la guerra civil de 1936-39. Con el nombre de los Afligidos aparece la plaza en las referencias que hay hasta finales del siglo XIX y así la vemos aparecer en la literatura, en concreto en la novela de Galdós titulada La fontana de oro. En los aledaños de la plaza tienen lugar algunos pasajes de la obra, que hace referencia a la situación de la sociedad española, en lo que a la vida política se refiere, en la década de los años 20 de ese siglo. También Leandro Fernández de Moratín la utiliza como espacio en el que se desarrolla su comedia La escuela de los maridos, una obra neoclásica que una vez más trata el tema tan en boga en aquel momento del matrimonio, siempre desde la perspectiva del deleitar educando propio de la literatura de la Ilustración y con clara influencia de la comedia francesa de Molière. Pero vayamos al grano. Por acuerdo municipal de 27 de febrero de 1895 se le da a la plaza la denominación actual de Cristino Martos, en referencia al político español del siglo XIX de ese nombre que, al decir de los expertos, compitió en capacidad oratoria con el propio Castelar y que se inició en la vida política a raíz de la revolución de 1854. Había nacido en Granada en 1830 y su vida se extinguió en 1893. Abogado y político, fue presidente de las Cortes y ministro con Amadeo de Saboya y durante la I República. De él dice Pedro de Répide que era un orador “modelo de elegancia” frente a la oratoria “frondosa y pomposa” de Emilio Castelar. Apunta también El ciego de Vistillas que había “entre los estilos de ambos la diferencia artística que existe entre el Vaticano y el Partenon”, adjudicando a Martos la pureza y severidad del helenismo. Volviendo al recinto motivo de esta entrada, diremos que la plazuela se encuentra ahora mismo frente a la plaza de los Cubos, calle Princesa de por medio, pero hasta antes de la remodelación de la plaza de España era fin de la calle Leganitos, que actualmente discurre entre dicha plaza y la de Santo Domingo. Por otra parte, la plazuela de Cristino Martos conecta con la calle Princesa a través de dos escaleras laterales de granito y piedra de Colmenar que rodean una fuente. Dichas escalinatas forman parte de un conjunto escultórico erigido por Federico Coullaut que se inspiró en la escalera dorada de la catedral de Burgos. Cuenta además, la referida fuente, con un pilón semicircular, un surtidor en la pared y dos delfines que se encuentran unidos por la cola y de cuyas bocas mana agua en abundancia. El conjunto se completa con dos esculturas que representan alegóricamente la Abundancia -la de la derecha- y la Alegría.

Cuartel Conde Duque 1

Fachada principal del Cuartel del Conde-Duque.es.wikipedia.org

Entorno palaciego

Los alrededores de la plaza de Cristino Martos albergan edificios históricos de gran importancia, anécdotas literarias y hasta un inmueble ya desaparecido con su historia de fantasmas. A tiro de piedra de la plazuela y en dirección norte se encuentra el Cuartel del Conde-Duque, hoy lugar de indiscutible atractivo cultural y antaño recinto militar desde su edificación por parte del primer borbón, Felipe V, como lugar de alojamiento de su Guardia de Corps. A corta distancia en dirección noroeste y colateral al cuartel aparece el palacio de Liria, terminado de construir en 1787 después de diversas vicisitudes y con cuarenta años de retraso sobre el proyecto inicial del primero de los duques. Perteneciente a la Casa de Alba desde principios del siglo XIX, de este edificio se pueden dar innumerables datos tanto históricos como arquitectónicos pero con decir que ocupa una superficie de 3.500 metros cuadrados y que cuenta con alrededor de 200 estancias ya es suficiente para hacerse una idea de las dimensiones de esta construcción, en cuyo diseño intervino el arquitecto Ventura Rodríguez, entre otros. Fue destruido casi por completo durante la guerra civil y reconstruido a continuación por Cayetana de Alba, aquí nacida y cuya fundación se encarga de su gestión. Los tesoros artísticos, históricos y bibliográficos son infinitos e incalculable su valor. Un fondo literario de más de 30.000 libros, una pinacoteca en la que hay pintura flamenca, holandesa, española o italiana, de sus épocas doradas, y retratos e infinitas colecciones, constituyen un recuento somero y a vuelapluma del equipaje cultural y artístico del palacio.

Casa del duende

Cerca de la plaza y en la actual calle Duque de Liria se encontraba la conocida como Casa del Duende donde según la leyenda ocurrieron cosas extrañas allá por el siglo XVIII. Cuentan los anales que la vivienda pertenecía a la marquesa de Hornazas y que en la planta baja de la misma había una taberna cuyos parroquianos no respetaban el silencio nocturno, molestando a la vecindad. Un día se personó en la taberna un enano barbudo que amenazó con un escarmiento si no cesaban los gritos y la bulla. Parece ser que la clientela tabernaria hizo caso omiso a las advertencias del airado personajillo y semanas después aparecieron por el local un grupo de conmilitones que, garrotes en ristre, propinaron una soberana paliza a la alborotadora concurrencia. A esto hay que unir la presentación de sus credenciales a la señora marquesa por parte de varios enanos, aunque en esta ocasión en son de paz. La marquesa, atemorizada, abandonó la vivienda, que a partir de ese momento fue alquilada en repetidas ocasiones. Pero ninguno de los que por allí pasaban permanecían mucho tiempo y no es necesario especificar el porqué. Se hicieron exorcismos pero ya la cosa no tenía remedio y la gente se negó a habitar el lugar. Décadas más tarde volvió a ocuparse la vivienda y la leyenda creció cuando se descubrió que casualmente varios de los fusilados en la montaña del Príncipe Pío en la madrugada del 3 de mayo de 1808 residían en el edificio. Posteriormente, un general sublevado cuando la insurrección del cuartel de San Gil, situado en la actual plaza de España -entonces San Marcial-, parece ser que se refugió en la Casa del Duende. La leyenda cuenta con otras variantes como la del uso de la vivienda para falsificar moneda -quizás la versión menos literaria pero la más realista- y la subsiguiente invención de la historia de los duendes con el fin de alejar a los curiosos de la zona. Incluso se alude a la intervención del Santo Oficio con el consiguiente proceso de investigación, toma de declaración a testigos y demás parafernalia propia del caso. Progresivamente las aguas fueron volviendo a su cauce y la leyenda fue languideciendo. La casa desapareció sin que se sepa bien en qué fecha ni la razón pues se habla de vecinos piqueta en mano o de un incendio que la redujo a cenizas. Sea como fuere, ahí queda el relato para que cada cual juzgue a su sabor.

Alejandro Sawa

Alejandro_Sawa. es.wikipedia.org

Alejandro Sawa. es.wikipedia.org

No podríamos finalizar este acercamiento a la plazuela de los Afligidos sin mencionar a uno de sus vecinos más ilustres, por más que falleciera en la mayor de las miserias y de los olvidos. Se trata del escritor andaluz de origen griego Alejandro Sawa, el bohemio entre los bohemios de la literatura española y entroncado con el movimiento modernista, que falleció en su guardillón situado en el número 7 de la calle Conde Duque, a escasos cincuenta metros de esta la plaza. Había viajado a París en 1889, para vivir en primera persona la vida nocturna de la ciudad de la luz, eje literario y cultural del mundo en aquel momento. Bebió de las fuentes parnasianas y simbolistas y se codeó con Víctor Hugo, Verlaine y demás compañeros mártires. Casó con una francesa y tuvo una hija. En pleno éxito periodístico y literario volvió a España en 1896 pero a partir de ahí sobrevino su cuesta abajo. En ello tuvo bastante que ver el que se quedara ciego y se volviera loco y, aunque siguió colaborando en los mejores periódicos de la época, el ocaso físico y moral lo lleva progresivamente al derrumbamiento como persona. Hundido en la miseria, el 3 de marzo de 1909 abandona el mundo de los vivos en su humilde vivienda de Conde-Duque, en cuya fachada hay una placa que recuerda su figura. Ramón del Valle-Inclán lo tomaría como referente para el personaje de Max Estrella, el protagonista de la obra maestra del esperpento, Luces de Bohemia, pieza que refleja con singular maestría el ocaso del bohemio por antonomasia de la vida literaria española de principios del siglo XX y que lanza un grito desgarrador sobre la situación de la España de aquel momento, tan esperpéntica sin duda, como la actual.

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Publicado por en enero 14, PM en Entornos, Plazas

 

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