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Santiago: calle, plaza, iglesia y costanilla

17 Ene
Costanilla de Santiago. www.nestoria.es

Fachada típica del entorno del Santiago. Foto http://www.nestoria.es

Vamos a flanear hoy por una vía a trasmano de las rutas turísticas habituales actualmente pero que, como siglos atrás, supone el camino más corto para llegar desde la plaza Mayor a la de Oriente y viceversa. Se trata de la calle de Santiago, denominada así obviamente en honor del apóstol y por extensión nos detendremos en menudear el comentario sobre toda la prole santiaguina, es decir, la plaza, la iglesia y la costanilla. Los alrededores, como es el caso de la calle Milaneses, la del Espejo, la de Santa Clara, la de la Cruzada y la de los Señores de Luzón también merecerán aunque sea en menor medida nuestra atención pues no en vano encierran datos y anecdotario suficiente. Empezando por la propia calle de Santiago lo primero que se nos ocurre decir es que hoy día se trata de una vía de mediano tránsito, lo que permite disfrutar de sus restaurantes, tabernas o terrazas sin las apreturas de sus homólogas Mayor, San Miguel o las Cavas. El sabor añejo que desprenden las fachadas de sus edificios es motivo más que sobrado para detener el paso y dedicarle una parte de nuestro tiempo de asueto a sabiendas de que no será en balde. Y no es que sus edificaciones sean excesivamente antiguas porque fue remodelada esta calle “que va a Palacio, bien entrado el siglo XIX”, según apunta Mesonero, en razón de que se trataba de “un antiquísimo, elevado y apiñado caserío” y hacía necesario su remozamiento. Pero no era el primer lavado de cara que sufría ya que en 1525 fue ensanchada para que la emperatriz Isabel, esposa de Carlos I hiciera su entrada triunfal al Alcázar a su llegada a España. Y es que sus orígenes datan de un pasado muy lejano en el tiempo pues no en vano la zona se encuentra dentro de la primera ampliación de la ciudad, es decir de la segunda cerca o cerca cristiana, de la que hay datos de que existía allá por el siglo XI cuando la conquista de la ciudad a los moros por parte de Alfonso VI. Como dato curioso decir que en esta calle se instaló el primer mercado de pescado fresco, que ya funcionaba allá por cuando la emperatriz Isabel entró en Madrid. Pero no debió durar mucho en aquel lugar porque si creemos a Répide parece ser que “haciéndose su vecindad desagradable en las épocas de calor fue mandado quitar de allí”. Otro dato importante para la biografía de la calle es el hecho de que en el número 2 nació la beata Mariana de Jesús. Placa hay en el lugar que nos recuerda a esta hija de un pellejero andante de la corte, cuyo cuerpo incorrupto se conserva todavía en el convento de las Alarconas, situado en la esquina de la calle Valverde con la de Puebla. Unos números más adelante otra referencia en el lienzo del edificio nos recuerda que allí vivió durante un tiempo don Francisco de Goya, que con sus pinceles plasmara como nadie la idiosincrasia del pueblo madrileño, estampando en sus lienzos tanto los ratos de ocio como los momentos más empeñativo de la gente de su época.

Plaza e iglesia

Iglesia_de_Santiago_y_San_Juan_Bautista_01

Iglesia y plaza de Santiago. Foto es.wikipedia.org

Al final de la calle se abre ante nosotros la plaza con el nombre del apóstol. De ella parten la de la Cruzada y la de los Señores de Luzón,  por su lado sur. Hacia el noroeste habría que dirigirse para acceder a la plaza de Ramales y hacia el norte se encuentra una bajada llamada de Santa Clara. De las calles nos ocuparemos líneas abajo y a la plaza dejémosla dormir por ahora en los archivos correspondientes porque tema y personalidad suficiente tiene para dedicarle algún desvelo en momento más oportuno. Centremos nuestros limitados esfuerzos en prestar atención a la iglesia cuya fachada se yergue ante nosotros y cuya planta actual se levantó a comienzos del siglo XIX. No obstante, su origen podría situarse en tiempos muy antiguos pues como apunta Répide en la vecina de San Juan solían recluirse los cristianos mientras que a Santiago acudían “los que seguían la secta de Arrio con lo que se advierte que ya esta iglesia existía en tiempos de los godos pues el arrianismo cesó en el reinado de Recaredo”. La anécdota histórica más reseñable data de 1438 cuando, con motivo de una gran peste en la ciudad, la iglesia hizo voto a los santos Cosme y Damián, sacándolos en procesión para mitigar los males de la epidemia. A su vez, desde el ayuntamiento de la villa se planteó otro voto sacando a San Sebastián en procesión en dirección a la iglesia de Santiago por no tener la ermita de la calle Atocha entidad suficiente para que hasta allí se dirigiera el cortejo. Una vez construida la nueva iglesia de San Sebastián en el lugar actual la municipalidad cambió el rumbo y dirigió su procesión hacia allí como parece razonable. No debió pensar de igual manera el cura de Santiago que elevó sus protestas a la villa. En decisión salomónica se optó por alternar la procesión que un año se dirigiría a Santiago y otro a San Sebastián. Debieron quedar contentos porque no se produjeron más disensiones o al menos no nos constan. Volviendo a nuestra iglesia de hoy, hay que dejar constancia de que el diseño del actual recinto fue obra del arquitecto Juan Antonio Cuervo, que su fachada es de estilo neoclásico, que es de planta de cruz griega, que la capilla mayor es semicircular y que en el altar mayor se encuentra una pintura de Francisco Ricci que ya estaba en la antigua. El cuadro representa a Santiago Matamoros y los espertos aseguran que las influencias de Rubens en el hacer de Ricci son indudables. Como dato curioso y necrológico hay que decir que  en la bóveda de esta iglesia permaneció hasta su inhumación el cadáver del escritor Mariano José de Larra, tras poner voluntariamente fin a sus días en su domicilio de la cercana calle Santa Clara, 3, donde actualmente una placa recuerda el desgraciado suceso. Gracias a la mediación de Ramón de Mesonero, colega y amigo de Fígaro, pudo tener un refugio y posteriomente un lugar de reposo sagrado el pionero del periodismo moderno de opinión pues es bien conocido por todos que quien se suicidaba tenía prohibido recibir sepultura en sagrado.Hoy en día los restos de Larra reposan en el cementerio de la Sacramental de San Justo, en el panteón de hombres ilustres junto a otros escritores como Espronceda, Núñez de Arce o Gómez de la Serna. No se nos olvide concluir el párrafo dedicado a esta iglesia apuntando que se denomina de Santiago y San Juan una vez absorbiera derechos y obligaciones eclesiásticas tras la desaparición de la segunda y que de sus puertas parte la ruta madrileña del camino que lleva a la tumba del apóstol. Unas vieiras sobresalen en su fachada para dejar constancia de ello.

Calle Espejo

Placa de la calle con el espejo. Foto grupoqs.es

Costanilla, Milaneses y Espejo

Terminando con las vías que llevan por nombre el del santo, démosle su espacio aunque sea mínimo a la Costanilla de Santiago, una vía de poco más de veinte metros sin nada reseñable salvo por el hecho de que Galdós la citara en repetidas ocasiones en su cumbre narrativa Fortunata y Jacinta, cuando se refería al lugar hacia el que doña Barbarita, la mamá de Juanito Santacruz, se dirigía en algunas ocasiones a realizar compras urgentes para el desenvolvimiento diario de la vivienda familiar situada en Marqués de Pontejos. Y es que las calles que vierten hacia la de Santiago o de ella salen no son precisamente extensas en longitud aunque todas ellas cuentan con su pequeña intrahistoria o incluso historia con letras de mayor tamaño. Miremos hacia la de Milaneses por ser la que más cerca nos queda de la anterior y escribamos que su importancia radica en primer lugar por pasar por allí el lienzo de la muralla cristiana, tras dejar atrás la puerta de Guadalajara y antes de internarse por la del Espejo. Ni veinte metros medirá de recorrido y su nombre le viene por dos relojeros originarios de la ciudad italiana que defiende ese gentilicio, que llegaron a la capital y se instalaron en esta rúa. Fueron los primeros que hicieron relojes de bolsillo, según Répide. Traspasaron su negocio a un tal Duran que construyó el reloj del cercano convento de San Gil “horologio célebre por lo complicado y perfecto de su máquina”, al decir del autor de Las calles de Madrid. Démonos la vuelta y dando la espalda a la calle Mayor enfrentaremos una estrecha vía denominada calle del Espejo. En la placa de la calle encontramos un espejo al lado de la denominación y nos gustaría saber qué historia o anécdota se esconde detrás. Ninguna que tenga que ver con espejos. Se trata de un malentendido etimológico que tiene su origen en los tiempos del primer conquistador cristiano de Madrid, Ramiro II, quien una vez conquistada la ciudad debió abandonarla porque no contaba con fuerzas suficientes para defenderla. Los árabes entonces, con el fin de no caer en el mismo error, fortificaron el lugar construyendo atalayas para  otear desde ellas el horizonte sin ningún impedimento y preparar con antelación la defensa cuando fuera oportuno. Esas atalayas se llamaban en latín specula y de ahí la confusión.

Santa Clara

Ya por el mero hecho de haber albergado al Pobrecito Hablador y haber sido escenario de su triste final la calle Santa Clara merecería un lugar en la historia del callejar matritense. Pero es que se trata de una vía a la que la nobleza le sale por todos los poros de sus piedras. En el mismo lugar en que posteriormente se levantaría el edificio donde moraría Larra anteriormente se encontraba el convento de monjas franciscanas que da nombre a la calle, fundado en 1460 por Alonso Álvarez de Toledo, tesorero del rey Enrique IV. El templo desapareció a principios del siglo XIX. En las casas contiguas, pertenecientes también al tesorero del rey, se alojó en ocasiones el propio rey y anteriormente su padre, Juan II. Se sabe además que en 1435 se hospedó en ellas el condestable don Álvaro de Luna, a la sazón, maestre de la orden de Santiago. Cuenta Mesonero que allí nacería su hijo Juan, señor del Infantado “siendo sus padrinos el rey y la reina que regalaron a la parida, doña Juana de Pimentel, un rubí de valor de mil doblas e hicieron celebrar grandes festejos por este motivo”. Deliciosa la prosa de don Ramón para cerrar esta referencia sin olvidar decir que en la propia calle hay una placa donde se hace mención a estos visitantes y otro no menos famoso y tracendente para la historia de España, don Enrique de Trastamara.

Señores de Luzón y Cruzada

Cerramos esta entrada dedicada a Santiago y su entorno con dos calles que salen casi al unísono de la plaza del apóstol y que cuentan con mucho pasado a sus espaldas. La de Señores de Luzón hace referencia a uno de los linajes más antiguos de la Villa y Corte pero el tener este nombre la vía puede deberse, a juicio de Pedro de Répide, al hecho de que el tesorero y maestresala de Juan II además de alcaide del Real Alcázar y alguacil mayor, de nombre Pedro de Luzón, tenía ahí sus casas. Se trata del primer Luzón del que se tienen referencias por escrito y que abría la senda a un linaje que tuvo contacto importante con la realeza hasta prácticamente el último de los Austrias. Por último, la calle de la Cruzada debe su nombre al famoso Tribunal de la Santa Cruzada que tuvo su sede en ella. Dicho tribunal funcionó desde el siglo XVI hasta 1850, centralizando en sí los tribunales correspondientes a los reinos que configuraron la corona de los Reyes Católicos. Se encargaba de gestionar los ingresos procedentes de Roma en pago a diferentes servicios prestados por la corona en defensa de la fe católica frente a los enemigos de la media luna.Y aunque podríamos decir más cosas de esta calle tampoco se trata de cansar con farragosos y secundarios sucesos por lo que nos retiramos volviendo hacia la plaza de Santiago no sin antes señalar que en el número 4 de la Cruzada el escritor vallisoletano y poeta de lo cotidiano, Gaspar Núñez de Arce, vivió y nos abandonó en los albores del siglo XX, concretamente el 9 de junio de 1903.

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Publicado por en enero 17, PM en Calles, Entornos, Plazas

 

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