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Barrio de Pozas y Buen Suceso

20 Ene

Hoy no pondremos nuestro foco en ningún lugar con encanto de Madrid, del que disfrutar en mañana de verano o tarde de otoño. Hoy no hablaremos de ningún lugar con pasado pero con mucho presente, vivo y actual.No, hoy vamos a recordar un enclave que ya no existe y cuyo derribo supuso en su día todo un mazazo social en la medida en que estuvo rodeado del halo épico que supone el que el pueblo se revuelva contra el poder por decisiones que considera arbitrarias, caciquiles y condicionadas por el más vil interés crematístico. Decíamos que el enclave ya no existe pero es una verdad a medias porque sigue existiendo obviamente el solar aunque con otras edificaciones que albergan objetivos bastantes más prosaicos. Vamos a ponernos en manos de la nostalgia y echando una mirada atrás en el tiempo recordaremos el nunca suficientemente adjetivado barrio de Pozas, situado en lo que hoy consideramos distrito de Argüelles/Moncloa. En concreto, estaba ubicado en la manzana que comprenden el triángulo que forman actualmente las calles Princesa, Alberto Aguilera y Serrano Jover. Sí, están ustedes pensando correctamente, el solar comprendido en ese equilátero regular está ocupado por unos grandes almacenes cuyo nombre no es necesario reflejar aquí ya que no necesitan de la publicidad para incrementar el volumen de sus beneficios. Decimos que el barrio nunca ha sido bien ponderado porque supuso uno de los primeros intentos de dotar a la clase obrera de unas condiciones de vida medianamente dignas allá por los años 50 del siglo XIX, fecha en que las autoridades municipales aprobaron el proyecto inicial de construcción.

Barrio de Pozas 1

El barrio de Pozas allá por los años 60 del siglo XIX

Ensanche de Madrid

Todo comienza en 1857, dentro de lo que se denominó el proyecto de ensanche para Madrid, elaborado por Carlos María de Castro. Se trataba de una superficie total de unos diezmil metros cuadrados que se encontraban fuera de la Puerta de San Bernardino (o de San Joaquín), cuyas obras de desmonte, trazado y nivelación comenzaron ese mismo año. Dicha puerta de San Bernardino fue derruida definitivamente por estas fechas. En la red las hay para todos los gustos, que van desde el mismo año de 1857 hasta 1868 e incluso se comenta que pudo llevarse a cabo su desparición forzada en 1864. Ciertamente el día y año concreto es lo de menos y lo que resulta indudable es que el proyecto de ensanche de la capital hacia el denominado Camino de San Bernardino -hoy calle Princesa- ya no tenía marcha atrás. El área que ocuparía el barrio fue adquirida por un constructor montañés, Ángel de las Pozas Cabarga, que en 1864 ya había iniciado las obras de lo que a posteriori sería el barrio que llevaría su apellido. Constaba dicha barriada de todas las modernidades propias del momento. A saber, dispensario médico, mercado, tiendas de comestibles, cuartel de la Guardia Civil, un colegio para niños y niñas, un teatro (construido en 1866) y una fábrica de chocolate, entre las dotaciones más dignas de mención. Estructuralmente, la disposición de viviendas y servicios se levantaban en torno a una plaza, llamada de Transmiera, con tres calles peatonales con los nombres de Hermosa, Solares y Pasaje de Valdecilla. Todas estas vías hacían referencia a lugares relacionados con la infancia de Pozas Cabarga. Valdecilla, que era la más larga y que estaba situada paralela a la actual calle Princesa, aludía al pueblo cántabro de nacimiento del constructor. Solares era la comarca a la que pertenecía Valdecilla y, por último, Hermosa era la localidad de nacimiento del abuelo del insigne Pozas, un constructor que en su curriculum tenía el haber sido a su vez el profesional del ladrillo que había levantado la cárcel Modelo situada donde hoy se encuentra el Cuartel General del Aire, en Moncloa, además del Cuartel de la Montaña, desaparecido al inicio de la Guerra Civil, de infausto recuerdo para todos y donde hoy se encuentra el templo de Debod. El barrio, como todo el ensanche de Madrid hacia esa zona noroeste, rápidamente adquirió popularidad, entre otras razones, debido a que el ayuntamiento lo dotó de un sistema moderno de iluminación y sobre todo porque desde 1866 iba a contar con un servicio de minibús que enlazaba la Puerta del Sol con la barriada. Cada media hora desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche, al módico precio entonces de un real, partía un convoy desde cada una de las cabeceras de la línea. Unos años más tarde, en 1871 la llegada del tranvía supuso otro hito importante aunque en este caso el precio duplicaba el del omnibús y parece ser que el alborozo del personal no fue tan generalizado. Pecata minuta si tenemos en cuenta que este barrio era junto con el de Salamanca el más moderno y apreciado por los madrileños de la época.

Barrio Pozas

Vista aérea del barrio en pleno siglo XX

Cien años más tarde

Feliz y apaciblemente, con sus altibajos correspondientes, debió discurrir la vida de los vecinos de esta zona hasta que unos cien años después de su edificación, en la década de los años 60 del siglo XX alguna mente no excesivamente privilegiada pero sí ávida de incrementar ciertos patrimonios, decidió plantear el derribo de un barrio que quizás se hubiera quedado algo anticuado pero que seguía ofreciendo el servicio propio para el que se construyó. Era el año 1967, época del alcalde Arias Navarro, cuando se decidió proceder a su derribo y vender los terrenos para transformarlo en la zona comercial que hoy conocemos. Los vecinos fueron realojados previo pago de indemnizaciones que nunca pudieron igualar el valor sentimental que encierra un recinto donde se ha residido durante un tiempo determinado. Todo ello estuvo rodeado de desahucios forzosos, encierros de los vecinos en sus inmuebles con la consiguiente ayuda de las gentes de las zonas cercanas que ofrecían comida y alimentos a los recluidos, oposición ante los juzgados y cortes de agua y luz como medida de presión por parte de las autoridades, con el fin de que abandonaran las casas. En definitiva, un largo etcétera de intentos de humillación hasta que la aplastante lógica del poderoso se impuso y la piqueta hizo acto de presencia pese a que el tema había trascendido vía prensa escrita más allá de los intereses particulares de los residentes. La protesta vecinal estuvo abanderada, entre otros, por el dramaturgo del denominado teatro social y autor de La camisa, Lauro Olmo, quien acompañado de su esposa, Pilar Enciso, y de sus hijos, fueron los últimos de entre alrededor de 1500 vecinos en abandonar el 12 de febrero de 1972 esa protoubanización moderna y cerrada, que si bien no contaba con piscina ni pista de padel, reunía en torno a sí lo que se consideró en su día un proyecto avanzado de convivencia en comunidad. Queda para el recuerdo, además de la lucha vecinal en tiempos en que no era fácil enfrentarse al poder, el testimonio literario de Pío Baroja, quien en su obra El árbol de la ciencia, hace referencia al barrio o la figura del cronista de la Villa, además de irrecuperable bohemio, Emilio Carrere, feligrés habitual de las tascas de Pozas. No podemos olvidar tampoco el flaco favor que le hizo al barrio un entonces provinciano y desorientado diletante de escritor apellidado Umbral quien, en un mal día que todos podemos tener, se atrevió a decir aquello de que el barrio de Pozas era “el corazón podrido de la gran manzana de Argüelles”. Hay que suponer que por alguna razón lo diría aquel que no daba puntada literaria sin el hilo de la recompensa material, fuera directamente económica o en especie… en fin, dejémosle ahí y que la historia lo juzgue.

iglesia-del-buen-suceso

Actual parroquia del Buen Suceso

Buen Suceso

Pero crucemos esta populosa vía y situémonos enfrente del hoy nuestro barrio, en el actual número 43 de calle Princesa. No nos podríamos perdonar no mencionar la iglesia del Buen Suceso que en 1868 se instaló justo frontalmente a donde se encontraban las 300 casas que completaban el barrio poceño. Dicho templo se encontraba anteriormente en la Puerta del Sol de Madrid, donde hoy en día se pretende construir no sabemos qué, en la manzana que se encuentra entre Carrera de San Jerónimo y Alcalá, en el edificio que sostuvo durante muchos años el anuncio de Tío Pepe y que acogía el fabuloso en su día Grand Hotel París. Con la reforma de la Puerta del Sol de mediados del siglo XIX se decidió cambiar la ubicación del templo y este se trasladó al solar de la calle Princesa al que hacíamos mención con anterioridad. Junto a la iglesia también se traslada el hospital que dio pie a la iglesia y que por orden de Carlos V había sido ordenado levantar de forma ya definitiva en el mencionado lugar de la Puerta del Sol, con el fin de atender al personal que acompañaba al monarca de sus enfermedades y accidentes. Ya en Princesa tanto hospital como iglesia aguantan hasta la Guerra Civil en que comienza su declive. Durante el conflicto la iglesia fue clausurada aunque el hospital siguió funcionando. Acabada la contienda fratricida el templo está en ruinas y, aunque es reconstruido, hacia 1970 es derribado definitivamente todo el edificio para levantar en la manzana un nuevo complejo residencial y con equipamientos comerciales. La nueva iglesia, a juego con el edificio, según el criterio oficial, abre sus puertas a principios de los 80 siguiendo la corriente de arquitectura funcional propia del momento, caracterizada por la falta de respeto por el legado cultural, habitual históricamente por estos pagos. Y tan funcional es la arquitectura que bien podría confundirse el nuevo templo con un aparcamiento subterráneo o con una galería comercial, dicho sea sin ánimo de soliviantar a las gentes de orden.

Cara de Dios

Por estas fechas y en medio de ese furor especulativo que afectó al entorno de Princesa se ordenó también el derribo de una ermita que albergaba una Santa Faz o lienzo con los rasgos de Cristo y que hasta los años 30 del siglo XX se había venerado en forma de romería desde los albores del siglo XVIII. Dicha ermita se econtraba en el número 12 de esta principal vía madrileña de desahogo hacia la Sierra del Guadarrama y había sido fundada por la marquesa de Castel Rodrigo. El lienzo con la presunta cara de Cristo había sido donado a la marquesa por una hermana del papa Paulo V y los fieles consideraban que se trataba del verdadero rostro de Cristo impreso por la Verónica en el camino al Calvario. Dicha romería, que se celebraba el Viernes Santo, tenía a jucio de muchos creyentes un excesivo tono festivo, dadas las fechas, tono que poco tenía que ver con la devoción religiosa. Lo cierto es que la calles se llenaban de gente que salvo excepciones no se excedían en sus manifestaciones de júbilo Pero chocaba el jolgorio producido en una fecha donde el silencio era el denominador común. Carlos Arniches nos dejó para la posteridad un drama llevado después a la zarzuela por el maestro Ruperto Chapí cuyo argumento está basado en esta romería.

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2 comentarios

Publicado por en enero 20, PM en Entornos, Obra civil

 

2 Respuestas a “Barrio de Pozas y Buen Suceso

  1. Lola - Piscinas Municipales Madrid

    julio 9, AM at 07:56

    ¡Hola! Me he animado a dejar un comentario. He leído la pàgina y da gusto dar con contenido de calidad cuando estàs buscando algo relacionado con Madrid. Me gustaria suscribirme a la web, hay algun sitio dónde puedo hacerlo? ¡Muchas gracias!

     
    • antoniolrodriguez

      julio 14, PM at 17:31

      ¡Hola, Lola!: No tienes que suscribirte a ningún lado. Entra en el blog “Flaneando por Madrid” y disfruta de la lectura de las entradas que más te apetezcan. Esto es gratuito y abierto a cualquier persona que le interesen los temas de los que aquí escribo. Gracías en cuanlquier caso por los elogios. Saludos y a tu disposición para cualquier consulta.

       

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