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Ramón de Mesonero Romanos

24 Ene

Intentar esbozar un retrato biográfico de un madrileño de la talla de Ramón de Mesonero Romanos, sin caer en los fríos datos o en los tópicos, es trabajo complicado para cualquiera. Más si el que ahora se ve comprometido a realizar esa ardua tarea es un aprendiz de todo, que apenas si es capaz de emborronar una de estas virtuales cuartillas, por mucho que la materia prima para llevarlo a cabo sea de primera calidad y en abundancia. Y es que ese es uno de los principales problemas que plantea una figura periodística, literaria, histórica y sobre todo madrileña del calibre de quien hoy va a dar lustre a este blog con su presencia. Nos vamos a apoyar en el editor de sus Memorias de un setentón, publicadas por enésima vez en 2008, bajo el auspicio de Crítica S:L. que, con trazo fino y datos adecuados, escribe que nos encontramos ante “un madrileño profesional. No sólo porque la mayor parte de su obra literaria e histórica está dedicada a la Villa y Corte, sino porque buena parte de su actividad, desde la prensa, desde la administración o como concejal del ayuntamiento ha estado dedicada a Madrid”. Y es aquí en la capital donde nace Ramón bajo el signo de cáncer, un 19 de julio de 1803, hijo de Matías Mesonero y Teresa Romanos. Se trata de una familia de holgada posición social, merced al trabajo de su padre “al frente de una casa de muchos e importantes negocios que por su probidad e inteligencia había sabido granjear, elevando su despacho a la altura y consideración de los primeros de la Corte”. Don Matías, de origen charro, se había instalado en Madrid hacia 1788 y se dedicaba a intermediar y resolver asuntos burocráticos de particulares que iban desde el del “opulento cubano o perulero que venía a pretender la merced de un hábito de las órdenes…/…hasta el anciano labriego que solicitaba la exención de su hijo único del servicio militar”, según reseña el propio escritor en sus memorias. Este oficio paterno implicaba que por la casa situada en la calle del Olivo -hoy dicha vía lleva el nombre de Mesonero- desfilara prácticamente todo un abanico de tipos, tanto madrileños como del resto de España, desarrollándose en el niño la perspicacia y la fijación en el mínimo detalle que años más tarde le sirviera para caracterizar a las gentes de la época. No en vano, en sus memorias quedan consignados por su propia pluma detalles concretos, inencontrables en los libros de historia por lo familiares y particulares, de cómo se vivieron en su entorno más cercano los levantiscos acontecimientos ocurridos en 1808. Si tenemos en cuenta que Mesonero tiene cinco años cuanto la sublevación contra los franceses, constataremos que desde su primera infancia apunta ya uno de los dones que le va a caracterizar a lo largo de su vida, que no es otro que el de observador preclaro de la realidad, concretándose esta virtud de observación en los ciudadanos madrileños, tanto populares como pertenecientes a las capas altas de la sociedad.

Mesonero rom

Primer plano de Ramón de Mesonero

Muerte de su padre

Pero un hecho va a condicionar su futuro y no es otro que la muerte repentina del cabeza de familia, acaecida la víspera de Reyes de 1820, víctima de una apoplejía fulminante “hallándose mi padre en casa del marqués de Castelar, adonde le llamaban los negocios forenses como su apoderado general”. Este desgraciado acontecimiento le va a obliga a hacerse con las riendas de la familia a la hoy tiernísima edad de 16 años. Pero eran otros tiempos, aunque ello no fuera óbice para que supusiera en su mente juvenil un auténtico mazazo, tal como queda atestiguado en su autobiografía, cuando con la humildad y ternura que caracteriza su prosa, Mesonero reflexiona sobre el papel y refleja en él el vértigo que le produjo tal suceso: “Solo diré que en aquel momento solemne, y con el favor de Dios y de mi excelente madre, pareciome que por un impulso sobrenatural había vivido diez años más, determinándome a emprender y llevar adelante la inmensa y comprometida misión que de repente gravitaba sobre mis débiles hombros”. Coincide la luctuosa fecha con la llegada al poder de los liberales y el inicio del Trienio y, aunque nuestro protagonista se va a caracterizar por mantenerse ajeno a banderías y estandartes, la sangre le hierve y como liberal convencido tiene su corazoncito puesto al lado de Riego y compañía. Por otra parte, la desahogada situación económica en que el padre ha dejado a la familia le permitirá en ese momento no necesitar significarse y ello se convertirá en una norma de vida a lo largo de los casi ochenta años de transitar por este mundo. No obstante, se alista de forma voluntaria como miliciano nacional en un arrebato de patriotismo y liberalismo. El hecho coincide con la publicación de sus primeros cuadros de costumbres capitalinos titulados Mis ratos perdidos o ligero bosquejo de Madrid en 1820 y 1821. A partir de ahí va a ser un no parar en la búsqueda de soluciones para modernizar y poner al día una ciudad que se había anclado en el pasado en cuanto a infraestructuras que hicieran cómoda la vida a los ciudadanos. De la mano de su preocupación por las mejoras urbanísticas de la ciudad van otros escritos que tienen como denominador común su intento por plasmar la idiosincrasia de las gentes madrileñas, tanto en cuanto individuos aislados como en lo que toca a su comportamiento social. Por estos años comenzará a escribir bajo el apodo de El curioso parlante y en 1931 publicará su segunda obra relacionada directamente con la ciudad, que se convierte aquí en protagonista. Se trata del Manual de Madrid. Descripción de la Villa y Corte.

Viaje a París

El interés que despierta en él la ciudad ya es claro y conocido por quienes ostentan cargos en el consistorio y en 1934 decide hacer un viaje por Francia, que a continuación se extenderá también a Bélgica y que tiene como objetivo observar los adelantos de la vida urbana de las ciudades que visita, con especial atención a París, y que constituirán la base de sus informes titulados Proyecto de mejoras generales y las Ordenanzas municipales que, aunque saldrán a la luz a partir de 1846, van a recoger todo lo que dedujo de sus viajes. Coincidendo, mutatis mutandis, con su salida al extranjero se produce el nombramiento del marqués de Pontejos como corregidor de la capital. Amigos ambos y ambos también partícipes de la preocupación por hacer de la capital una ciudad moderna, la presencia de Pontejos en la alcaldía le permite ir introduciendo mejoras progresivas en el urbanismo local, pese a contar con un presupuesto limitado y con la incomprensión de la clase política, enfanganda en guerras civiles o en pronunciamientos diversos que a nada positivo condujeron a lo largo y ancho de ese siglo XIX. Lo bueno dura poco y Pontejos es relevado de su cargo de mandatario municipal sin mayores explicaciones, pese a que su labor en la ordenación de medidas que contribuyeran a la mejora de la calidad de vida fuera indiscutible ya en aquellos tiempos para cualquier persona con sentido común. En 1835 Mesonero es uno de los promotores y fundadores del Ateneo y en 1837 sucede otro tanto con el Liceo. Son años donde el Romanticismo español bulle como botella de champán recién descorchada, son años de El Parnasillo y son años, en definitiva, de pasión y rebelión. Larra se suicida el 13 de febrero tras visitar el día anterior a nuestro protagonista de hoy, que lamentará terriblemente el fallecimiento del conmilitón. Es más, intercederá para que el llamado inventor del periodismo de opinión moderno pueda ser velado en la parroquia de Santiago, vecina a la calle Santa Clara 3, donde vivía Larra y lugar donde se produjo el óbito. Al día siguiente se celebrará el entierro, organizado por la pléyade romántica. Don Ramón reflejará en sus memorias los pormenores de aquella tarde del 14 de febrero, “estábamos reunidos todos los amantes de las letras, o por mejor decir, toda la juventud madrileña, en la parroquia de Santiago, ante el sangriento cadáver del malogrado Fígaro. Colocado que fue en un carro fúnebre, sobre el que se ostentaban cien coronas en torno de sus preciados escritos, seguimos a pie, enlutados y llenos de sincero dolor, tributando de este modo el primer homenaje público, acaso desde Lope de Vega, rendido entre nosotros al ingenio”. El relato del entierro del Pobrecito hablador termina con la consabida referencia a aquel novel literato que pronunció unos sentidos versos bajo la insistente lluvia y que pasaría a la historia años más tarde con el nombre de José Zorrilla.

Mesonoero y Escenas

Edición de las Escenas Matritenses

Concejal sí o sí

Paralelo a su actividad literaria sigue Mesonero con el ojo y la pluma puestos en la mejora de la capital. En 1845 es nombrado concejal y a partir de ese momento será cuando desarrolle su más ferviente actividad en pos de modernizar la ciudad. Sus proyectos e ideas por fin ven la luz, por más que el presupuesto que el consistorio maneja sea escuálido, lo que hace que don Ramón se lamente amargamente, aunque ello no sea sino un acicate más para llevarlos adelante. Es en esta época cuando por fin se plasman en la realidad ideas suyas tales como la limpieza diaria de las calles y la reforma de la numeración de las casas, que hasta entonces no seguía el largo de las calles sino que daba la vuelta a la manzana. Años atrás, junto al marqués de Pontejos, había creado la primera caja de ahorros. Además, promueve la disminución de los días festivos, que él consideraba excesivos, suprime las corridas de toros de los lunes y traslada la universidad de Alcalá de Henares a la capital. Todo ello, y algunas cosas más que quedan en el tintero por lo menudas para mejor ocasión, en aras a convertir a Madrid en una ciudad tan europea como el París que él había visitado años atrás. Pero pese a este impulso de modernización y pese al reconocimiento público y privado, sus días en el consistorio finalizan hacia 1850 y a partir de ahí Mesonero se retirará a ese discreto segundo plano que fue el denominador común de su vida y donde siempre se sintió tremendamente a gusto. A partir de mitad de siglo será ese hombre que se convierte en consejero espiritual de noveles escritores y madrileñistas que buscan en él el referente de todo lo relacionado con una primera mitad de siglo convulsa tanto para el país como para la propia capital. Sin ir más lejos, Galdós le visitará en la década de los setenta y escuchará unos testimonios imprescindibles para escribir su primera entrega de los Episodios Nacionales. Su vida, en definitiva, se va apagando poco a poco hasta desaparecer el 30 de abril de 1882. Su entierro recuerda a los más concurridos del Madrid de cualquier época y su hacer y decir en beneficio de la capital creemos sinceramente que no ha sido superado por ningún otro madrileño de entonces acá. Baste recordar un par de anécdotas relacionadas al alimón con la literatura y con la historia matritense para cerrar este intento de biografía a vuela pluma que deja en el tintero datos importantes pero perfectamente conocidos y accesibles a cualquier curioso que espigue mínimamente en el pasado. Las primera de las anécdotas tiene que ver con su preocupación por que en la fachada de la casa donde vivió Cervantes -hoy calle Lope de Vega- se reflejara en una placa tal acontecimiento. Pidió audiencia para lograr su objetivo incluso al rey, Fernando VII, que lo tenía en gran consideración. Tras mucho insistir al propietario del inmueble consiguió que el nombre del más famoso manco de la historia quedara allí plasmado. Por último, conocidos son los garrotazos que dio a un albañil en la calle Mayor cuando piqueta en mano el inocente mandado iniciaba el derribo de la casa de Calderón de la Barca. Los intentos infructuosos de interceder ante las autoridades para parar el desaguisado no habían dado resultado alguno en un principio y don Ramón dejó por una vez a un lado su temple y mesura habituales y dio una lección a la posteridad sobre lo que procede hacer cuando el poder se muestra sordo, remiso y reacio a las justificadas quejas de la población. Aunque el albañíl no tuviera culpa de nada, ¡pobre!, y los bastonazos hubiera debido de descargarlos don Ramón de Mesonero Romanos sobre los lomos de algún inepto político.

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Publicado por en enero 24, PM en Perfiles

 

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