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Calle del Turco (O Marqués de Cubas)

29 Ene

Nuestro flaneo de hoy va a tener como protagonista una discreta calle madrileña, situada cerca de grandes arterias o plazas como Alcalá, Paseo del Prado, Carrera de San Jerónimo, Cibeles o Neptuno. Estrecha aun hoy en día y no muy prolongada en su longitud -une Alcalá con Carrera de San Jerónimo-, no es lugar de paso pese a encontrarse en las inmediaciones de una zona normalmente atestada de paseantes, eje del turismo tanto doméstico como extranjero. Tampoco podemos decir que sea de las calles más alegres y bulliciosas, porque en ella se practique la tan arraigada costumbre actual de sentarse en una terraza al reclamo de un café o un mojito. No es eso. La calle que hoy atrae nuestra atención no hubiera nunca pasado a la historia si no comunicara el edificio del Congreso de los Diputados con el palacio de Buenavista y como consecuencia de esta casualidad no hubiera transitado por ella de vuelta a su vivienda el presidente del Gobierno, don Juan Prim i Prats, un 27 de diciembre de 1870, tras una sesión  parlamentaria. Y no hubiera sido famosa si ahí acabara un hecho que se solía repetir consuetudinariamente. No, la mencionada fecha quedó en los anales de la historia por ser la del atentado que sufrió el general en esa vía, esquina Alcalá. Dicho intento de magnicidio sería el preámbulo de una comedia en varios actos que tendría un funesto desenlace tres días más tarde con el definitivo fallecimiento de uno de los generales más importantes de la historia de España del siglo XIX. Pero dejemos este escabroso asunto para más adelante y centrémonos en el nombre actual y en los anteriores que tuvo esta rúa, que cuenta con un lugar tan importante y tan actual en la historia de este país tan singular llamado aún hoy España.

Calle del Turco

Calle Marqués de Cubas. www.rtve,es

Entrada por Alcalá donde se atentó contra Prim. http://www.rtve.es

La calle en cuestión se denomina actualmente y desde el 1 de junio de 1900 Marqués de Cubas pero anteriormente tuvo otros dos nombres. El primero de ellos fue el de los Siete Jardines, o también de los Jardines, por dar a ella en su día los de los palacios de Maceda, Atares, Monterrey, Fuentes y Arión, que tenían su entrada por El Prado. A ellos hay que unir el palacio del marqués de Auñón, situado en la acera contraria de la calle, esquina con la de Alcalá. Este último palacio fue construido allá por los literarios siglos de Oro por el marqués para su hijo natural, Rodrigo de Herrera, autor de comedias de títulos tan sonoros como Del cielo viene el buen rey o La fe no ha menester armas. Posteriormente pasó a manos del conde de Miranda y siendo de su propiedad -seguimos a Pedro de Répide- alojaría en 1649 al embajador turco durante la visita que realizó a España. De ahí el nombre  que recibiría esta calles a continuación, siendo conocida por él hasta la fecha citada líneas arriba. Desde entonces -recordemos, junio de 1900-, y por acuerdo del consistorio, la vía lleva por denominación en las placas correspondientes la de Marqués de Cubas, en honor de Francisco Cubas y González, muerto en 1898 y que según Répide fue “un arquitecto laborioso y afortunado hombre de negocios” Fue además alcalde de Madrid y poseyó el también título pontificio de marques de Fontalba. Dedicado a la arquitectura religiosa, siguió la línea goticista de Viollet-le-Duc. Entre sus construcciones hay que señalar la de las Salesas Reales de la calle Santa Engracia, la iglesia del Sagrado Corazón, en Claudio Coello, o su más conocida obra, cercana a la calle a la que hoy presta su nombre, y que no es otra que el oratorio del Caballero de Gracia. No podemos olvidar que Francisco Cubas esbozó uno de los primeros proyectos para la que en el futuro sería la catedral de Madrid, proyecto que a juicio de nuestro guía de cabecera, Pedro de Répide, debido a su estilo gótico, “desentona de una manera enorme frente al estilo italiano del siglo XVIII a que corresponde el Palacio Real. Su más atinada obra es el Museo Antropológico del doctor Velasco, edificio en el que, por atender a una idea profana y científica, usó la traza clásica helénica, perfecta y eternamente bella”. Pero, con permiso del Marqués de Cubas y de los diligentes mandatarios del ayuntamiento que decidieron tan justamente otorgarle una calle a tan notable arquitecto, se nos va a permitir que nosotros nos sigamos refiriendo a ella como la calle del Turco y así lo hemos dejado consignado en nuestro título de apertura. No en vano, en el momento del cambio de denominación, la polémica no estuvo ausente y así lo dejó reflejado el propio Répide cuando abre su descripción de esta vía en sus Calles de Madrid dejando sentado que “nos hallamos nuevamente frente a uno de los casos, tan lamentablemente repetidos, en que el nombre bello y tradicional de una calle ha sido sustituido por el de un personaje moderno, a quien si se quería honrar podría habérsele concedido la rotulación de una vía nueva”. Consignado queda el enfado de don Pedro y nosotros, dóciles y obedientes discípulos, hacemos mutis ante el maestro.

Atentado Prim

Grabado que reproduce el histórico magnicidio. http://www.agustincelis.com

Atentado contra Prim

La calle del Turco ha pasado a la historia por ser escenario del atentado que sufrió don Juan Prim i Prats y que se ha revelado como uno de los momentos históricos más infames y vergonzantes de la historia de España. Un presidente del Gobierno víctima de los intereses particulares y espurios de la política y la realeza española, en un momento en que parecía iniciarse una nueva y diferente etapa en el devenir de nuestro país. Se había hecho borrón y cuenta nueva dos años antes, en 1868, con la revolución denominada La Gloriosa y un parlamento encabezado por este catalan de Reus, profusamente laureado en su profesión militar, tanto por su defensa de la legalidad como por unas dotes militares que le hicieron ser protagonista principal en la primera guerra carlista y en la de África. A finales de 1870 el general, y a la sazón presidente del Consejo de Ministros, había conseguido el visto bueno de la cámara para que una nueva casa real se situara a la cabeza del Estado, en la persona de Amadeo de Saboya. Pero parece ser que las voluntades no eran unánimes en el edificio de la Carrera de San Jerónimo y había que frenar el cambio como fuere. Cuando el futuro monarca se disponía a desembarcar en Cartagena para dirigirse a Madrid sucedió la tragedia. Era una tarde-noche de perros en Madrid, una nevada sin contemplaciones cubría con el tópico manto blanco la estrecha calle del Turco. Sobre las siete y media el presidente se dirigía de vuelta a su casa, el palacio de Buenavista, en su berlina de dos caballos sin ningún tipo de escolta, como en él era habitual. Pero dejemos desde ese momento que sea Répide quien nos cuente los hechos tal como se dijo que se produjeron en aquel final de año de 1870. Comienza su relato hablando de la casa-esquina a la calle de Alcalá, frontera con el palacio, donde estaba la taberna de donde salieron los presumibles asesinos de Prim, para entrar en materia con todo el suspense que nuestro cronista de confianza supo darle al texo: “Sabido es cómo ocurrió el atentado. Prim, repetidamente avisado de que estaba amenazada su vida, se obstinó en no atender las amistosas advertencias y no quiso variar su itinerario para el regreso a su vivienda. En la embocadura de la calle del Turco, entonces más estrecha que ahora, había un carruaje atravesado, obstáculo que obligaba detenerse al coche del general. Entonces, unos hombres embozados, que a la puerta de la taberna esperaban la señal del paso del coche de Prim, indicada por otro de los conspiradores que, apostado en la esquina de la calle de la Greda -hoy Madrazo- había de encender una cerilla al llegar ese momento, pudieron disparar a mansalva sus trabucos y herir de muerte al caudillo de la Revolución, cuando ya arribaba a España el nuevo rey Don Amadeo de Saboya”. Lo demás ya es de sobras conocido actualmente y con seguridad también por Répide que no quiso meterse en problemas, quizás porque el cadáver de Prim estaba aún medianamente caliente hacia 1920 o porque él además había sido una persona muy cercana a Isabel II, a la larga la gran beneficiada por los hechos posteriores, en la persona de su hijo Alfonso. O por ambas razones. Hoy en día sabemos que Prim no fue herido de muerte. Que subió por propio pie a sus estancias del palacio de Buenavista. Que las declaraciones oficiales, e incluso La Gaceta de Madrid, tranquilizaban a la población dejando claro el mínimo efecto de los arcabuzazos. Que el general Serrano tomó el mando no sólo de la nación sino de absolutamente todo lo que pasaba en el palacio de Buenavista mientras Prim estuvo herido. Que en el dormitorio de Prim no entró nadie que no tuviera el permiso del denominado general Bonito. Que tres días después del atentado se anuncia oficialmente la muerte del reusense y ahora sí se dice que la causa son aquellas heridas que en principio no eran graves. Que Amadeo de Saboya, pese a tomar posesión de la Jefatura del Estado, se sabía muerto políticamente de antemano sin su valedor. Que después vino la República pero como víspera de la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII. Que desde el principio se habló de una conspiración, con diferentes y a veces encontrados intereses. Que Prim había verbalizado los tres jamases respecto de la posibilidad de que los Borbones volvieran a reinar en España. Y que, para enhebrar estos hechos, hace escasamente un par de años, un estudio a caballo entre lo científico, lo histórico y lo periodístico ha revelado que Prim murió estrangulado. Las fotos de la momia son harto elocuentes y aunque parece ser que se está intentando correr un tupidísimo velo sobre el tema -¡después de 142 años!- el cadáver del general habla alto y con una claridad tan meridiana que deja poco margen a la duda y poco campo ya para investigaciones ulteriores

Marqués de Casa Riera

Real_Academia_de_Jurisprudencia_y_Legislación_(España)_01

Sede de la Real Academia de Jurisprudencia. es.wikipedia.org

Pero soseguemos los espíritus. Volvamos a escribir de la arquitectura de nuestra calle y a referirnos al palacio del conde de Miranda, al que citábamos como residencia del embajador turco en Madrid allá por mediados del siglo XVII y cuyo alojamiento dio pie al nombre de la misma. Posteriomente, a principios del siglo XIX, se edificaría la denominada casa de los Alfileres, como dote para la duquesa de Abrantes. Una vez en manos del marqués de Casa-Riera la leyenda se apoderó también del palacio ya que pese a transformarlo, decorarlo y enriquecerlo -en palabras de Répide- no llegó a habitarlo. Muertes más o menos truculentas, desengaños amorosos y juramentos amenazantes para la posteridad adornan la historia de este palacio que acabó sus días hacia los años veinte del siglo pasado. En el solar maldito se levantó un edificio, famoso por ser sede de la Secretaría General del Movimiento durante la dictadura de Franco. Pero demos ya por amortizada esta finca porque la calle del Turco o Marqués de Cubas tiene aún cosas que contarnos, como el que en la esquina con la de Madrazo estuviera situado el almacén de cristales de La Granja en un edificio singular del siglo XVIII. Que en dicho edificio se ubicara también el Conservatorio de Artes y que allí se celebrara la primera exposición pública de la industria española en 1828. Sí, aquella que visitó el rey Fernando VII, quien dijo, más o menos, al presidente del Gobierno que le acompañaba, con la conocida campechanía borbónica y entre disimulados bostezos, aquello conocido de “vámonos de aquí ya, que esto es cosa de mujeres”, tras aburrirse soberamente -nunca mejor usado este adverbio- ante tanto paño y telas catalanas que uno de los cicerones de la muestra le enseñaba con el orgullo propio de quien pone su grano de arena en la creación de la industria lanera nacional. Este mismo edificio albergó posteriormente el Colegio de Sordomudos y Ciegos, una cátedra de Paleografía y la Escuela de Caminos, Canales y Puertos. La finca fue cortada a mediados del siglo XIX para hacer la prolongación de la mentada calle Madrazo, entonces con el nombre de la Greda. Ello no fue obstáculo para que la casa siguiera albergando instituciones de todo tipo pero siempre con el denominador del bien común. Por ejemplo, Dirección General de Clases Pasivas, Caja General de Depósitos, Real Academia de Jurisprudencia y Escuela de Artes y Oficios. Más adelante, y caminando en dirección a Carrera de San Jerónimo, hay un edificio donde a mediados del siglo XIX murió una joven y prometedora poetisa perteneciente a la nobleza, edificio que posteriormente ha sido sede de la Dirección General de Aduanas. Muchos otros lugares de interés hay antes de doblar la esquina a mano derecha y mirar al Congreso o ver al frente el hotel Palace o columbrar a Neptuno, tridente en mano, si oteamos el horizonte a izquierda. Construcciones otrora palaciegas con mucha historia y nombres importantes que las hicieron entrar en la misma para dejar sentado que esta calle llamada sucesivamente de los Siete Jardines o simplemente de los Jardines, del Turco o del Marqués de Cubas, pese a su estrechez y su cortedad, cuenta con muchos kilos de historia para los escasos metros cuadrados que ocupa.

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Publicado por en enero 29, PM en Calles

 

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