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Calles Sacramento y San Justo

27 Feb

El paseo de esta entrada será pequeño en cuanto a extensión en metros pero grande por los valores históricos y artísticos que encierran los edificios civiles y religiosos que se encuentran a lo largo de las calles Sacramento y San Justo. Partiremos de la calle Mayor y pretil de los Consejos y llegaremos hasta Puerta Cerrada. Entre esos dos puntos neurálgicos del Madrid de los Austrias se extienden estas dos vías que son la una prolongación de la otra y que se encuentran separadas por la plaza del Cordón. Es mucha la tela histórico-artística que hay que cortar por lo que será conveniente más que nunca que transitemos de la mano de nuestros dos habituales y avezados asesores matritenses de lujo, que no son otros que Ramón de Mesonero y Pedro de Répide. Su Madrid Antiguo y su Calles de Madrid, respectivamente, nos serán hoy aún de mayor utilidad si cabe para ilustrar nuestro flaneo e intentar no pasar de largo por esta vía, con dos denominaciones en la actualidad pero que en una época anterior se denominó toda ella de Santa María o de los santos Justo y Pastor o sólo Sacramento. Las dos diferentes denominaciones actuales son de finales del siglo XIX. En fin, un galimatías histórico-topográfico que aquí intentaremos que quede algo más claro para que no nuble la clara percepción del tema por parte de los posibles lectores.

Calle Sacramento

Nuestro Curioso Parlante la llama Sacramento en toda su extensión y pone su primer acento en el carácter plano de la misma, en una zona donde se suceden pretiles, costanillas, escalinatas y demás, “la primera y tal vez la única del Madrid antiguo que iba por terreno llano en una regular extensión”. En sus orígenes no debió tener mayor importancia que la de estar formada por un caserío insignificante “que desapareció sin dejar rastro alguno de su existencia para dar lugar a otras construcciones más importantes en los siglos XVI y XVII, con destino a casas principales de algunas familias de la nobleza”. Antes de dejar atrás su arranque en la plazuela de los Consejos hay que detenerse en lo que hoy es la Catedral Arzobispal Castrense pero que anteriormente albergó el convento de las Religiosas Bernardas del Santísimo Sacramento, del que tomó la calle el nombre que hoy ostenta. Dicho convento y el subsiguiente templo religioso fueron fundados por el duque de Uceda, el del contiguo e inmediato palacio, a principios del siglo XVII. En 1615, en concreto, don Critóbal Gómez de Sandoval, a la sazón duque de Uceda, “trajo las primeras monjas del monasterio de Santa Ana de Valladolid, con licencia de doña Ana de Austria, abadesa perpetua de Las Huelgas de Burgos, sometiéndolas a la filiación del cardenal arzobispo de Toledo”. El templo, de estilo barroco, se acabó de construir en 1744 y se trata de un edificio religioso de una sola nave y según el criterio de Répide, “muy capaz, con sus cruceros, presbiterio y media naranja, atrio y lonja. La traza es de Andrés Esteban y las pinturas al fresco en las pechinas y bóvedas truncadas son de Luis Velázquez”. Al margen del valor del retablo mayor, Répide destaca el hecho de que al ser derribada la vecina y tradicional iglesia de Santa María, en la calle Mayor, fue trasladada “esa inmemorial parroquia a esta iglesia del Sacramento, así como las antiquísimas imágenes de la Almudena y de la virgen de la Flor de Lis”. Digno de dedicarle una visita pues se trata de una iglesia que sorprende por su riqueza artística. En 1980 fue adquirida por el Ministerio de Defensa que la rescató del abandono en el que se encontraba y la rehabilitó, al punto de que dos años más tarde fue declarada monumento artístico nacional.

Casa de Cisneros

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Fachada de la Casa de Cisneros. Foto http://www.unaventanademadrid.com

Nos adentramos ahora ya sí por la rectilínea calle en dirección a la plaza del Cordón, en cuyos aledaños nos encontramos con el recuerdo de uno de los edificios de más importancia tanto en lo material como en lo histórico. Se trata de la casa de Cisneros. Palabras mayores, por lo que es necesario hacer mutis y dejar la palabra a Ramón de Mesonero para que nos ilustre acerca de su trascendencia: “descuella sobre todas las demás (casas de la zona) la construida a principios del siglo XVI por el cardenal fray Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo y regente que fue del reino, que está situada en la acera derecha de dicha calle…/…debió servirle de residencia casi todo el tiempo que tuvo a su cargo la gobernación del reino, dándola cierto carácter de corte que después continuó el Emperador, y de que la revistió por último, su hijo Felipe II, sino que quiso vincularse en ella su casa y familia, fundando aquel suntuoso palacio y amayorazgándolo en cabeza de su sobrino don Benito Cisneros”. Este sobrino -ya se sabe, todos los padres tienen hijos menos los curas que tienen sobrinos, que decía Manuel Machado- enlazaría años después con los Guzmanes y Ladrón de Guevara. En el siglo XVIII fue adquirida por la Hacienda pública para colocar en ella el Supremo Consejo de Guerra aunque ya en los tiempos en que escribe Mesonero había pasado a manos privadas nuevamente. Famoso es el balcón de la fachada sur que da a esta calle Sacramento y que erróneamente fue considerado como el que señala la tradición ser aquel al que se asomó Cisneros para mostrar a los nobles la artillería que tenía en la plaza y responderles aquello de “estos son mis poderes y con ellos gobernaré hasta que el príncipe venga”. Tanto Répide como Mesonero y otros historiadores descartan la veracidad de tal anécdota por razones tan claras como las que apunta este último al afirmar que “ni dicho balcón daba ya vista al campo y sí a la parte más poblada entonces de la villa, ni acaso existía todavía aquel palacio, ni, en fin, aunque existiese, se aposentó en él el regente del reino y sí, como dijimos, en el de don Pedro Lasso de Castilla, contiguo a la parroquia de San Andrés”. Lo que sí se atreve a afirmar, en este caso Répide, es que el mentado balcón al que se hace referencia “es una de las más interesantes curiosidades artísticas del Madrid antiguo y en su labor, de estilo plateresco, llena de primor y de elegancia, anduvo sin duda la mano de Berruguete, que por aquella fecha trabajaba en Madrid colaborando en la construcción de la capilla del Obispo”. La casa de Cisneros es también conocida por haber servido de prisión al secretario de Felipe II, Antonio Pérez, acusado del asesinato de Juan Escobedo, y entre cuyos muros sufrió tortura antes de escapar ayudado por su esposa, doña Juana Coello y Bozmediano, el miércoles santo de 1590, “marchando a sublevar a su favor al reino de Aragón y ocasionando la famosa guerra que acabó con los fueros de aquel reino”, apunta Mesonero. Dejamos atrás la vivienda del cardenal y la plaza del Cordón, que actúa de línea divisoria entre las dos vías, y entramos en la calle San Justo no sin antes hacer una minúscula referencia al palacio que lleva el nombre de la plaza y cuya construcción data de finales del siglo XVII, siendo su primer dueño Cristóbal de Alfaro. Dejamos constancia de que entre sus paredes vivieron políticos de la talla de Manuel Becerra y el que fuera alcalde de Madrid, Alberto Aguilera.  Y advirtamos que no se puede confundir este palacio del Cordón con la antiguas casas del mismo nombre, a las que se refiere la historia y que estaban situadas enfrente del actual palacio, pared por medio con las de Cisneros. Aquellas fueron residencia habitual de los condes de Puñonrostro y a las que se refiere Mesonero diciendo que la edificación era la misma “que ha sido demolida hace pocos años por su estado ruinoso y que en su tiempo era suntuosa y estaba magníficamente decorada por la orgullosa esplendidez de aquel arrogante ministro”. Ahí también estuvo primeramente preso el secretario Pérez e intentó la fuga descolgándose por una tribuna que comunicaba con la iglesia contigua de San Justo, aunque en esta ocasión le echaron el guante y lo entrullaron a modo.

Basílica_of_San_Miguel

Frontal convexo de San Miguel. Foto es.wikipedia.ogr

Calle e iglesia de San Justo

Pero encaminémonos ya sin más dilación a la calle de San Justo, por más que el flaneante tenga la sensación de no haber cambiado de rúa. Pasamos por donde estuvieron las casas de Iván de Vargas, el que fuera patrón de San Isidro. La edificación, de los siglos XVI y XVII, fue derribada en el año 2002 por su mal estado de conservación aunque desde hace un par de años está nuevamente en pie, ahora reformada, para ser utilizada como dependencia municipal. Más adelante, nos encontramos inmediatamente con la iglesia de San Miguel, llamada Basílica Pontificia, cuya construcción data de 1745 y que cuenta desde el exterior con el atractivo de una fachada convexa, única en el barroco madrileño, que se debe a la pericia del arquitecto piacentino Santiago Bonavía. Lamenta Mesonero que no luzca un poco más esta portada, “lástima que la estrechez de la calle en que esta situado el templo no permita la vista a su elegante fachada, con dos torres laterales y de una considerable elevación”. La basílica en cuestión se levanta sobre el solar que ocupara la anterior iglesia de los santos Justo y Pastor, construida en una fecha anterior al siglo XIII y que fue víctima de un incendio que la destruyera en 1690. Pedro de Répide hace una prolija descripción del desaparecido templo y, entre otras cosas, nos cuenta que escudos con armas reales ornaban su techumbre, que bajo sus losas fueron enterrados apellidos tan importantes como los Coallas, Lagos y Lujanes y que contaba con una capilla con las armas de los Cisneros. Además, había una talla de la virgen “llamada de la Cabeza, muy antigua y de mucha devoción” y ante la que sucedió la famosa leyenda del joven que miró al párroco mientras comulgaba un jueves santo. Es sobradamente conocido que vio la cara del sacerdote deformada, pálida y mortecina, que salió huyendo rápidamente de la iglesia en el momento en que el oficiante le intentaba colocar la hostia en la boca y que al llegar a su casa y mirarse en el espejo contempló su rostro con las mismas penosas características que poco antes había visto en el del cura. El donoso mancebo falleció poco después y mientras unos consideraban que se trataba de un milagro y que la virgen de la Cabeza se lo había llevado a su seno, otros decían que de lo que se trataba era de un castigo divino. En fin… la leyenda del templo de San Justo. Pero prosigamos por terrenos más prosaicos y menos resbaladizos arguyendo que la actual basílica heredó la denominación de la derribada en donde hoy se ubica el mercado de San Miguel, en los alrededores de la plaza Mayor y junto a la cava del mismo nombre. De ella podemos decir que fue erigida por el infante Luis Antonio Jaime, arzobispo de Toledo y que al margen de su afamada fachada, su interior es de planta de cruz latina decorada con pilastras y con unos capiteles muy interesantes. La capilla mayor forma ábside y en el centro cuenta con un cuadro grande de medio punto en el que pintó José del Castillo a los dos santos niños ante el tirano Daciano. Decir que en 1763, Ventura Rodríguez proyectó un retablo mayor que no llegó a ejecutarse. Otra pintura al fresco en la bóveda reproduce el motivo de los santos niños y el tirano y tanto la mesa del altar como la cúpula o los dos retablos del crucero, o las esculturas, merecen una visita inmediata. Finalizaremos este repaso a los tesoros artísticos del templo de San Miguel diciendo que a ambos lados de la entrada hay dos puertas menores que comunican con una espaciosa cripta. Contiguo a la iglesia se encuentra el palacio episcopal, también edificado por los cardenales infantes don Luis y Lorenzana, con el objetivo de que en Madrid tuvieran residencia propia los arzobispos de Toledo, cuando aquí sólo había vicario y no diócesis. Y siguiendo adelante, cerca ya de la plazuela de Puerta Cerrada, nos acordamos que aproximadamente por estos pagos se encontraban a principios del siglo XVI las casas del matadero de Madrid. En definitiva, corto pero denso paseo por una rúa preñada de historia, severa de aspecto, con pretensiones heráldicas, como apunta Mesonero al cerrar el capítulo dedicado a la misma, y “sin que ni una sola tienda de comercio, símbolo de animación y movimiento de la moderna villa, haya venido todavía a interrumpir aquel grave continente de sus fachadas austeras y monótonas. Su inmediación a la casa de  los Consejos y tribunales superiores, su apartamiento del  bullicio mercantil y cortesano y la espaciosidad y clásica distribución de aquellos vetustos caserones, les hicieron muy propios para albergar, después de la nobleza del siglo XVII, a la alta magistratura del siguiente y del actual; y muchos nombres célebres en aquella, señalados en los fastos de nuestro foro, figuraron en la calle del Sacramento, tales como los Mazacanes, Rodas, Tovares, Campomanes y otros muchos, hasta los últimos gobernadores de Castilla, Martínez de Villela y Puig-Samper, que en ella vivieron y murieron”. Tal como describiera con estas palabras, ya va para dos siglos, Ramón de Mesonero, ese tramo comprendido entre los Consejos y la plaza de Puerta Cerrada, es hoy una calle que afortunadamente tiene más historia que presente, porque sigue ajena al bullicio mercantil y a las tiendas de comercio, que en el peor de los casos, de haberlas hoy, no serían tabernas o bazares sino algún negocio de comida rápida, galería comercial con cartel luminoso en inglés o teatro para acoger algún musical comercial y hortera. Mejor para todos, incluido don Ramón, que su descripción todavía se asemeje a la realidad actual.

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4 comentarios

Publicado por en febrero 27, PM en Calles

 

4 Respuestas a “Calles Sacramento y San Justo

  1. Topógrafos Madrid

    marzo 4, PM at 15:15

    Me encanta el blog! Un post muy interesante, gracias.

     
  2. César Álvarez

    junio 13, PM at 17:17

    Hola.
    Veo que en esta entrada se ha utilizado una fotografía (calle Sacramento en blanco y negro con la cúpula de la catedral al fondo) de la cual soy autor y tengo todos los derechos reservados, para cuyo uso no se ha solicitado licencia ni autorización.
    Puede comprobarse dicha autoría y derechos mediante mi firma en la misma foto, cuyo mantenimiento es de agradecer a tenor de otras practicas que se utilizan a menudo, mediante visualización del original en http://www.calvarezm.es/wp-content/uploads/2013-9320-2.jpg, y por la marca no legible que dicha foto tiene incrustada.

    En general no tengo reparos en autorizar la publicación de mis fotos en según que sitios y propósitos bajo unas condiciones determinadas cuando se me solicita adecuadamente. Sin embargo en este caso la foto ha sido cogida sin más de uno de los sitios donde se encuentra. Por ello, ruego que la foto de referencia sea retirada de esta entrada a la mayor brevedad posible.

    Un saludo

     
    • antoniolrodriguez

      junio 13, PM at 17:24

      No te preocupes, corazón, yo la retiro inmediatamente. Que sepas que en ningún caso me guía ningún interés económico. He citado la fuente pero veo que te ha afectado sobremanera. Sin problemas y disculpa las molestias. Por si te interesa te diré que a mí me “fusilan” las entradas enteras, les ponen una introducción y… a correr. Además con malévolas inteciones comerciales de por medio. En fin, que perdones, insisto, por aprovecharme de tu arte. No hace falta que me respondas.

       

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