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Montaña del Príncipe Pío

06 Mar

Hoy vamos a darnos un paseo por la denominada Montaña del Príncipe Pío. Pero que nadie se asuste. Vamos a restringir nuestro flaneo a lo que hoy día se denomina con ese título, es decir, la pequeña loma sobre la que se extiende el parque que acoge el templo de Debod, donde hasta la Guerra Civil se encontrara el tristemente famoso Cuartel de la Montaña, lugar en que Pío Baroja situara las cuevas donde pernoctaban los personajes marginados de su trilogía La lucha por la vida y por cuyos alrededores deambulara Ramón Villaamil, el protagonista de la novela galdosiana Miau, durante las horas previas a su suicidio. Sólo nos vamos a permitir el desliz de salir de la propia montaña para echar un vistazo a la estación hoy apellidada Príncipe Pío y que se encuentra un par de cientos de metros más al oeste del otero. Porque la montaña del Príncipe Pío de Saboya ocupaba en un principio más metros cuadrados que los que hoy tiene, bastantes más. Todo lo que hoy es el parque del Oeste, la Florida, el barrio de Argüelles… Y por supuesto la explanada donde se encuentra ubicado el templo egipcio y el parque circundante. Pero que nos lo cuente una vez más don Ramón de Mesonero Romanos. Nadie más a propósito para ir acotando y centrando el objetivo de nuestra descripción topográfica de este singular enclave, remanso de paz y atalaya desde la que se pueden divisar las mejores puestas de sol de la capital, con el telón de fondo de la Casa de Campo. Situaba Mesonero el límite de la Montaña del Príncipe Pío por el noroeste “más allá del portillo de San Bernardino a cuya confluencia debe indudablemente adelantarse la entrada de Madrid por aquel lado. La inmensa posesión conocida con el nombre de Montaña del Príncipe Pío no quedó incluida dentro de la cerca general de Madrid hasta los tiempos de Carlos III; mide más de seis millones de pies superficiales, fue de los marqueses de Castel Rodrigo, cuya casa se unió después por enlaces con la del Príncipe Pío de Saboya. En el plano antiguo está dividida en varios trozos de huertas llamadas de Buitrera, del Molino quemado, de las Minillas, de la Florida, etc. y estaban entonces, como decimos, fuera del portillo de San Joaquín (hoy San Bernardino) y de la tapia que bajaba recta desde Afligidos al puente del parque de Palacio, donde ahora la fuente de la Regalada, a la bajada de San Vicente”. Sigue Ramón de Mesonero su alocución señalando su situación en el momento en el que él escribe, es decir, al final del primer tercio del siglo XIX, diciendo que la inmensa posesión pertenece al Real Patrimonio y está cedida por el rey en usufructo al “serenísimo infante don Francisco”. Describe el entorno subrayando su reciente metamorfosis, “de sitio áspero e inculto que era antes, ha venido a transformarse en un precioso parque, huertas y jardines, que la generosidad de su augusto poseedor franquea al público, proporcionándole uno de sus más gratos desahogos; y con los nuevos edificios, cuartel y caserío emprendidos en ella, constituirá muy luego un distrito muy importante de Madrid”. No andaba desencaminado Mesonero al prever un futuro halagüeño para la zona. Pero no adelantemos acontecimientos. Primero es necesario saber que los terrenos a los que hacíamos mención en un principio pertenecieron a la corona hasta 1613 en que pasaron a manos del marqués de Auñón. En 1613 éste los vendió al cardenal arzobispo de Toledo, Bernardo Sandoval y Rojas, y posteriormente pasaron a posesión del Duque de Lerma o de la Compañía de Jesús. A mediados del siglo XVII caen en manos de Francisco de Moura y Melo, tercer marqués de Castel Rodrigo, quien compró las colinas que mencionaba líneas arriba nuestro Curioso Parlante. El marqués mandó construir un palacio donde hoy se encuentra la estación de ferrocarril antes de que la finca la heredara su hija Leonor quien, al morir sin descendencia, se la dejó a su hermana Juana, desposada con Guillermo Pío de Saboya, príncipe de San Gregorio, de donde tomó el nombre con el que ha llegado a nuestros días.

Gilberto Pio

Gilberto Pío hijo de Fco. Pío de Saboya. Foto wikipedia

Francisco Pío de Saboya

Pío de apellido y príncipe por el título de San Gregorio y ya tenemos la denominación de Príncipe Pío. Pero no será Guillermo quien le dé realce al nombre de la finca sino su hijo Francisco, nacido en 1672 y que heredara la finca por la vía materna. A pesar de su densa relación con Italia, Francisco pasó gran parte de su vida en España. Estaba considerado un militar de prestigio, mariscal de campo y lugarteniente general de los ejércitos españoles en tiempos del primer Borbón, Felipe V, de cuya parte estuvo en la Guerra de Sucesión. Por su actos militares recibe en 1707 el Toisón de Oro y una vez finalizada la guerra es nombrado Capitán General de Cataluña. Casó en 1711 con Juana Spínola de la Cerda, con la que tuvo cuatro hijos. Pero el destino le tenía preparada una jugarreta para el último acto de su vida cuando el 18 de septiembre de 1723 cayó accidentalmente en una presa en Madrid y acabó ahogándose. Mientras tanto, la finca sigue en manos de la familia de los Pío de Saboya hasta que a finales del siglo XVIII Carlos IV decide adquirirla y hacerse con el palacio, las huertas, las tierras, el palomar, la casa de vacas, las fuentes, la propia montaña y unos jardines muy aparentes colocados en terrenos a distintos niveles. Para completar la operación el hijo del que pasara a la historia como mejor alcalde de Madrid le compra a Godoy la finca de La Moncloa, convirtiendo las dos posesiones en una zona de recreo que llamó Real Sitio de la Florida. Y en esas estamos 16 años más tarde cuando la montaña es protagonista de la historia de España por dos razones, la primera porque allí alojará Napoleón una parte de sus tropas durante la Guerra de la Independencia y la segunda porque dicha montaña será uno de los escenarios de los fusilamientos de los españoles apresados por las tropas francesas en la gloriosa fecha del 2 de mayo de 1808. Goya puso el foco de su pincel en las ejecuciones de la montaña, entre otras razones, porque le caían cerca de su finca de retiro. Incluso se dice que contactó con algunos presos que lograron evadirse y que le contarían en primera persona los pormenores de los fusilamientos. Un par de décadas más tarde, en 1831 es cuando los terrenos son cedidos por Fernando VII a su hermano Francisco de Paula, de lo que nos daba noticia anteriormente Mesonero en su Madrid Antiguo, y el hermano del monarca será quien los transforme en parque público. Una parte de ellos se convertirán en la segunda mitad del siglo XIX en lo que hoy conocemos como barrio de Argüelles. Por esas calendas, en 1857, el entonces ministro de Fomento, Claudio Moyano, lanza la idea de organizar una exposición en la que agricultores y ganaderos mostraran el fruto de su trabajo. Escoge para ello la Montaña del Príncipe Pío tras barajar otras posibilidades como la Casa de Campo o El Retiro. Se nivelaron los terrenos con el visto bueno del entonces propietario, Francisco de Paula de Borbón,  y se crearon dos plataformas unidas mediante rampas. En la parte de abajo se situaron las galerías dedicadas a productos agrícolas mientras que en la de arriba, donde hoy está el parque y templo de Debod, se instalaron los cercados para el ganado y el pabellón árabe que servía al alimón como salón de actos oficiales y como lugar de exposión de flores y plantas. Desde el 24 de septiembre al 4 de octubre de ese año 1857 tuvo lugar el evento, con notable éxito según los cronistas de la época.

Estación del Norte o Príncipe Pío

-estacion-del-norte. www.espinillo.org

Panorámica de la Estación de Norte a principios del siglo XX. Foto http://www.espinillo.org

Un año antes de la exposición, la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España comienza a construir la línea férrea que unirá Irún con Madrid. Son momentos de euforia y desarrollismo relacionados con el nuevo medio de transporte y hay que elegir un lugar cómodo como estación en la capital, tras la apertura de la de Atocha. En principio se baraja la posibilidad de ubicarla en la zona norte, donde después se construirá la de Chamartín, debido a la llaneza de los terrenos y a la mayor amplitud de los espacios. Pero una vez más la lógica tiene un camino y los intereses especulativos otros. En fin, que se decide que la terminal de la denominada Estación del Norte se construya en donde estuviera el palacio de la finca de Príncipe Pío, una vez enajenados los terrenos, lo que en España ya se sabe que supone comisiones, tráfico de influencias y una serie de gestiones difícilmente inteligibles para los ciudadanos de a pie pero fácilmente soportables para el erario público, que en ese momento parece no tener fondo. En 1859 comenzarán las obras a cargo de los ingenieros franceses de quienes toma su nombre el puente que salva el río, aguas arriba. El primitivo embarcadero abrirá sus puertas en 1861 aunque con una línea que solamente llegará hasta El Escorial. En 1882 se inaugura la parte destinada a viajeros en el paseo de La Florida y habrá que esperar a 1928 para ver levantado el segundo edificio, también de viajeros, el que da a la Cuesta de San Vicente y que hoy en día se encuentra en estado de cuasi total abandono por más que se diga que hay un proyecto para rehabilitalo. Tres años antes de la última fecha, en 1925, se había abierto al público el ramal de metro que une Ópera con la estación de ferrocarril, que permitía salvar el fuerte desnivel entre la estación y el centro de la ciudad y evitar que los viajeros más modestos económicamente tuvieran que subir la Cuesta de San Vicente cargados como mulas, acordándose del árbol genealógico de quien tuvo la feliz idea de situar la estación en lugar tan escabroso. Los años pasan y la Guerra Civil llega dañando la estación considerablemnte. Tras el conflicto quiebra la compañía fundadora a la vez que surge el ente público RENFE que se encarga en adelante de gestionar la estación. Son años en que todo el tráfico ferroviario con el norte de España y Portugal pasa por Norte, que se convierte en el segundo núcleo ferroviario en importancia tras el de Atocha. Sin embargo la construcción en 1967 de la terminal de Chmartín supondrá el inicio del fin de su esplendor y en 1976 ya sólo las líneas de Cercanías pedían entrada en Norte si exceptuamos el expreso de Galicia que estuvo circulando por sus andenes hasta enero de 1993. A partir de ahí su uso pasará a ser el de intercambiador de transporte y centro de ocio comercial. En 1995 adquiere la denominación de Príncipe Pío y la reforma de la fachada que da al paseo de La Florida se inaugura para uso comercial en 2005. Del edificio que da a Cuesta de San Vicente se dice que albergará un auditorio. Cuando toque.

Cuartel de la Montaña

Cuartel de la Montana Muertos . Foto www.fnff.es

Muertos en el Cuartel de la Montaña en 1936. Foto http://www.fnff.es

Nos retrotraemos nuevamente a la segunda mitad del siglo XIX. Más o menos en la época de construcción de la estación ferroviaria se levanta un macrorrecinto militar en los terrenos que años antes albergaran los recintos ganaderos de la exposicion agrícola. En 1863, tres años después de que comenzaran las obras bajo la dirección de Ángel Pozas, los profesionales de la milicia toman pacífica posesión del edificio. Había costado 20 millones de reales, una cifra entonces importante, procedente de la desamortizacion civil y eclesiástica ejecutada durante el mandato de Madoz. Se trataba de un sólido alcázar, de granito, sobrio, de planta cuadrangular y dos patios, con capacidad para acoger una guarnición de hasta 3.000 soldados de infantería, ingenieros y un grupo de alumbrado. Pero la fama le vendría a este cuartel negativa y en el peor momento. Estalla la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 y al día siguiente el general Fanjul, encargado de la sublevación en la capital, toma el recinto, se instala en él, declara el estado de guerra y se hace fuerte al mando de unos 1500 hombres y 180 falangistas. Los refuerzos de los también sublevados cuarteles de Campamento, Cuatro Vientos y Getafe no llegan y las decenas de miles de cerrojos de fusiles que se guardaban en el cuartel son motivo de codicia por unos y por otros. Las tropas leales al gobierno, es decir, Guardia Civil y la de Asalto y las milicias populares, rodean el cuartel fuertemente armadas y al amanecer del 20 de julio se inicia el rifirrafe correspondiente. Fanjul y sus hombres aguantan lo que pueden, que es poco. La polémica sobre lo que pasó sigue aún hoy vigente y las versiones difieren según la ideología de quien ofrece su punto de vista pero lo cierto es que se produce una masacre en la que pierden la vida entre 500 y 900 ocupantes del cuartel. Para qué dar más detalles. Digamos que el edificio, que ya quedó deteriorado suficientemente durante el asedio, recibió otro tanto a lo largo de los tres años que duró el conflicto. En 1939 se había convertido en un conjunto de ruinas irrecuperables, algunas de las cuales eran aún visibles a comienzos de la década de los sesenta.

Templo_de_Debod_Madrid

Templo de Debod en una instantánea reciente. Foto wikipedia

Templo de Debod

Durante la dictadura franquista no se supo bien qué hacer con un lugar que no traía precisamente buenos recuerdos a las huestes vencedoras. Se pensó en edificar allí la Casa de la Falange o en construir un nuevo ministerio. Ningún proyecto cuajó y finalmente fue cedido al ayuntamiento de Madrid que lo convirtió en un parque, inaugurado el 20 de julio de 1972. Un monumento erigido mirando a calle Bailén, compuesto por una figura de bronce que representa el cuerpo de un hombre mutilado, colocado en el centro de un paredón construido con sacos terreros, fue el homenaje que se tributó a los militares del bando franquista caídos en el asedio del Cuartel de la Montaña. Ese mismo día también fue inaugurado el templo de Debod, en la explanada donde estuviera el recinto militar. Se trataba de un recinto religioso de origen egipcio, regalado por los mandatarios del país de las pirámides a España en 1968 como compensación por la ayuda dispensada por nuestro país para salvar varios monumentos milenarios de ser engullidos por las aguas de la presa de Asuán.  El templo que llega a Madrid en 1970 tiene una antigüedad de dos mil años y su origen se remonta al imperio Medio, durante el reinado del nubio Adijalamani de Meroe. Se trata de una construcción dedicada a los dioses Amón e Isis, que había caído en el deterioro y el abandono en el siglo VI de nuestra era tras estar anteriormente dedicado al culto pagano. Desde que en 1961 el templo fuera desmontado, y las piedras numeradas para su traslado, hasta su llegada a Madrid y posterior ensamblaje, parece ser que todo fue un despropósito. Al llegar a Madrid el material, el equipo del arqueólogo Martín Almagro no cuenta más que con un plano y un croquis del alzado del monumento junto con algunas fotografías sin referencias de ninguna clase. Y los bloques de piedras embalados en cajas, cien de ellos sin numeración. Se reconstruyó como se pudo, sin que esto sea ningún desdoro para el equipo de arqueólogos, que bastante tuvieron con levantar lo que levantaron.  Al margen de estos accidentados prolegómenos desde su apertura al público la polémica ha rodeado al histórico edificio. La climatología de Madrid, el vandalismo, la contaminación y su uso indiscriminado como cine de verano, o lugar de anuncios publicitarios o musicales han dejado huellas profundas en el templo. La voz de alarma se viene dando desde hace unos años en los congresos de Egiptiología Ibérica. La UNESCO también ha alzado su voz en forma de quejas continuas. Sin embargo, el ayuntamiento de Madrid ha desoído de forma sistemática las llamadas de socorro y ha resuelto la polémica con someras labores de rehabilitación. El templo se halla hoy día restaurado y algunas partes desaparecidas han sido reconstruidas. Cuenta con una serie de estancias que se pueden visitar. Nada mejor que hacerlo a última hora de una tarde de primavera para después encaminarse a las barandillas del paseo que dan a la Casa de Campo y desde allí disfrutar del ocaso del astro rey en silencio.Un paseo posterior por el recinto del parque, con la noche sobre Madrid, no será nunca un mal colofón a un flaneo por uno de los enclaves históricos de verdad de la capital.

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Publicado por en marzo 6, PM en Entornos, Parques

 

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