RSS

Cárcel del Saladero

22 Mar
Cárcel saladero. www.rayosycentellas.net

Cárcel del Saladero.www.rayosycentellas.net

La cárcel del Saladero fue un establecimiento penitenciario madrileño situado en la plaza de Santa Bárbara, que permaneció en funcionamiento desde 1833 hasta mediados de 1884 en que se inauguró la cárcel Modelo en el edificio del actual Cuartel General del Ejército del Aire, en la plaza de La Moncloa. Aunque los cronistas suelen discrepar en cierta medida, de los comentarios de unos y otros se desprende que de alguna manera El Saladero fue un lugar de transición entre la históricas cárceles de la Villa y Corte, situadas aquella en la plaza de la Villa y esta última en la de La Provincia, y la Modelo de Moncloa. También fueron llevados allí los reclusos procedentes de la cárcel de Jóvenes, en un intento de unificación de los recintos penitenciarios de la capital, aunque El Saladero no fue el único que albergó reclusos a lo largo del siglo XIX porque hacia su mitad aparece nombrado en diversos textos simplemente como “el principal establecimiento de reclusión”. El inmueble se ubicaba frente al desaparecido convento de Santa Bárbara y se trataba de un edificio levantado en tiempo de Carlos III para matadero de ganado de cerda y saladero de tocino. El nombre le vino, por tanto, por su anterior uso y destino. Había sido diseñado por Ventura Rodríguez y su construcción finalizó en 1764. Contaba con una superficie de más de 73.000 pies cuadrados y había sido vendido al Estado por el duque de Arcos, por una cifra cercana a los 85.000 reales de vellón. Su aspecto exterior no hacía suponer que se tratara de un establecimiento de corrección de comportamientos. No era una fortaleza sino un inmueble, moderno para la época de la que estamos hablando. Las ventanas estaban protegidas por barrotes de hierro, único detalle este que le daba el aspecto de penitenciaría. En principio, y por razones de su utilidad anterior, carecía de cercas o cualquier otro sistema defensivo. Más tarde se instaló una cerca de postes y alambre, aunque ello no evitó que los reclusos consiguieran escapar en no pocas ocasiones. A partir de 1875 contó con locutorios con doble reja y pasillo entre ellas. Se realizaron inversiones económicas para adaptar la prisión pero no se consiguió más que ir parcheando los problemas de infraestructura. Cuando tiempo atrás, en 1831, la Corporación Municipal decidió dar carta de oficialidad al proyecto de traslado desde la plaza de La Provincia al Saladero justificaba el mismo aludiendo a sus “cómodas habitaciones para mujeres, una para pendientes de causas y otra para las ya sentenciadas”, a que los hombres contarían con salones con suficiente ventilación y a que, en definitiva, se trataba de un enclave “muy conveniente por su seguridad y disposición”. No todo el mundo parecía estar de acuerdo y los calificativos de inmundo y mal ventilado se asociaron al inmueble desde un primer momento. Amenaza constante para la salud del vecindario y la pública tranquilidad, cloaca inmunda y foco de males fueron otros de los comentarios críticos que se vertieron en medios de comunicación de la época por parte de expertos y preocupados por el problema penitenciario. Espiguemos en el parecer de Fernández de los Ríos que describió el establecimiento como un edificio “lóbrego, oscuro, tenebroso, de estrechos corredores e inconvenientes habitaciones, donde viven confinados los acusados de delitos leves con los sopechosos de crímenes más atroces, los sentenciados en espera de ir a su destino con los que tienen en sumario su proceso”.

Roberto Robert dixit

Crujía_de_aposentos_de_incomunicados,_cárcel_de_Villa,_La_Ilustración

Aposento de incomunicados. es.wikipedia.org

En este apartado son dignos de reflexión los comentarios del periodista y escritor costumbrista de origen catalán Roberto Robert, que sirven de referente actualmente a cualquier curioso que quiera conocer los pormenores del recinto penitenciario de la plaza de Santa Bárbara. En un clásico artículo muy del estilo del siglo XIX dedicado al Saladero de Madrid, describía las inhumanas condiciones de vida de los reclusos, poniendo el foco especialmente en los más jóvenes, que se veían obligados a permanecer en el antiguo edificio de salazón de carnes y tocinería en una situación que de poco les iba a servir para su reeducación social. Reconocía Robert que las apariencias engañaban y que pese a que podría pensarse que los presos iban a disfrutar de relativa comodidad, nada era como parecía. “Es cárcel formada por desechos, destinada a presos vulgares…/… hombres viven hoy que la han visto convertirse en cárcel y pueden esperar con fundamento que la verán caer y convertirse en depósito de maderas, o cuartel, o cosa semejante”, lamentaba Robert.  Y con rotundidad y de forma imperativa insiste, “digámoslo de una vez: a la primera ojeada la cárcel del Saladero se parece a muchos edificios públicos de objeto muy diferente al suyo y también a muchas casas levantadas en Madrid para comodidad de sus dueños…/… tiene un lienzo de fachada recto, enjalbegado y pintado de arriba a abajo, ni más ni menos que el Colegio Politécnico y el Teatro del Príncipe y el Casino”. Pero ahí acababan las similitudes porque en su interior residían “en vez de grandes personajes históricos, muchedumbre oscura a quien no habrá que olvidar porque de nadie es conocida. Allí todas las pasiones, todos los extravíos. La ruda energía, los ímpetus no domados, la codicia insaciable que ha sido torpe…/…todo lo irregular existe debajo de aquel techo que pesa como si fuera de plomo y tuvieran que sostenerle continuamente aquellos a quienes cobija”. El artículo de Robert se centraba fundamentalmente en los aspectos relacionados con la reeducación penitenciaria pero de entre sus comentarios se extraen datos sobre cómo funcionaba por dentro el centro de reclusos. La verdad sea dicha, salvando las distancias temporales que nos separan de aquella época, palabras como corrupción, mafias, jerarquías carcelarias, prohibiciones que se relajan a cambio de una prebenda, presencia de armas blancas y alcohol pese a estar de antemano prohibidos o el sometimiento de unos reclusos a otros, eran tan habituales entonces como hoy día aunque es indudable que en aquel Saladero las condiciones materiales de los presos distaban de poder enorgullecer al sistema político que sustentaba el carcelario. El aspecto exterior de la fachada del edificio, al que se refiere más o menos positivamente el costumbrista Robert, se fue abandonando progesivamente con la excusa de que se iba a construir la nueva cárcel Modelo. En cuanto a las condiciones de vida individual de los internos, algo tan básico como el aseo corporal se llevaba a cabo exclusivamente a través de una fuente situada en el patio. Pero el problema surgía cuando no había agua que era más a menudo de lo que en estos tiempos podemos suponer. Otro detalle más que describe la situación en el interior del recinto la ofrece el hecho de que los más pequeños -cita Robert a niños de ocho años- se encontraban en el piso primero aunque se debían relacionar con los peores adultos. Los llamaban micos y “andaban medio vestidos, andrajosos, sucios, como si fueran vagabundos, vida a la que estaban acostumbrados”. Las riñas eran frecuentes y presos encargados de mantener el orden debían imponer su fuerza bruta para relajar el ambiente. Los recursos médicos eran muy limitados y las visitas se llevaban a cabo los domingos. En función de la capacidad económica del recluso éste podía acceder a los pisos denominados salones pagando una cantidad determinada y alojarse en celdas por parejas. Por el contrario, si no contaba con parné debía bajar a los sótanos y prepararse para sobrevivir en los calabozos subterráneos.

El cura Merino

Cura Merino.es.wikipedia.org

El cura Merino. es.wikipedia.org

En las incómodas estancias de la cárcel del Saladero padecieron cuitas personajes famosos de todo tipo, pelaje y condición, desde El cura Merino hasta el torero Frascuelo, pasando por políticos de la talla de Nicolás Salmerón o Salustiano Olózaga y sin olvidarnos de quien quizás haya sido el recluso más popular de la época de entre todos los que permanecieron encerrados allí. El fulano no es otro que el bandolero Luis Candelas. Sin embargo, el recluso cuyo proceso tuvo más repercusión en la opinión pública fue Martín Merino Gómez, conocido por El cura Merino. Se trataba de un sacerdote de origen riojano que oficiaba habitualmente en la iglesia de san Justo y que un buen lunes del mes de febrero de 1852 no se le ocurrió nada mejor que asestar una puñalada a la reina Isabel II cuando ésta se disponía a salir del Palacio Real en dirección a la iglesia de Atocha. La soberana quería presentar en público a la princesa de Asturias, doña Isabel La Chata, nacida mes y medio antes, y agradecer a la virgen el buen parto que había disfrutado. Hacia la una y cuarto de la tarde la reina salía de la Capilla Real acompañada de su séquito con la niña en brazos. Un eclesiástico se le inclina reverentemente para ofrecerle aparentemente un pergamino. Pero no, es un puñal y el que lo porta es nuestro cura Merino que con la rapidez de una cobra hizo gala de sus aviesas intenciones. La herida parecía mortal de necesidad, la soberana cae desmayada, el revuelo se puede imaginar e Isabel es trasladada inmediatamente a sus estancias reales. Afortunadamente el corsé de la reina, su espesor y el duro material del que estaba fabricado, amortiguaron la puñalada y todo quedó en un susto del que se recuperó en poco más de una semana. Quien ya no vería la luz del sol salvo para ser ejecutado sería el causante del desaguisado. Martín Merino fue detenido inmediatamente y como decía Lázaro de Tormes “confesó y no negó”. Fue juzgado inmediatamente y condenado a garrote vil. El proceso se llevó a cabo en un abrir y cerrar de ojos y sin los debidos derechos judiciales, tanto es así que la intelectualidad de la época llamó la atención sobre ello. Es más, Benito Pérez Galdós pormenoriza sobre las circunstancias del caso en uno de sus Episodios Nacionales. El día 7 de febrero, cinco después de producirse el intento de magnicidio, Merino fue conducido, a eso del mediodía y a lomos de un asno, hacia la zona de los cementerios, en concreto al Campo de Guardias, situado donde después se construirían los depósitos del Canal de Isabel II. Vestía la reglamentaria capa amarilla manchada con sangre de cordero. Tras las consabidas palabras de “Por mi parte estoy listo” y “cuando usted quiera”, el verdugo accionó el mecanismo y Merino dejó el mundo de los vivos. Obviamente, el acto fue presenciado por numeroso público, que hizo bueno el dicho del marqués de Leguineche de que”estas cosas suelen gustar mucho al servicio”. Cerramos este párrafo dedicado a Merino diciendo que durante el juicio y antes de su ejecución juró que se había tratado de una decisión individual. Sin embargo, la teoría de la conspiración estuvo presente durante un tiempo en las conversaciones de café y en general en la opinión pública. Una vez más la sombra del revoltoso duque de Montpensier… en fin, descanse en paz El cura Merino.

Otros famosos inquilinos

El más popular de los inquilinos que pasaron por El Saladero fue sin duda Luis Candelas Cajigal. Escribimos de alguien que se constituyó en santo y seña de toda una forma de ir contra la ley en el siglo XIX y personaje que ha dado considerable juego a la literatura y a la imaginería del paisanaje. Se dedicaba a robar, poniendo por delante siempre su juiciosa máxima de que la fortuna estaba muy mal repartida. Era extremadamente mirado en sus acciones a la hora de usar la violencia. Siempre vivió bien y, como nunca gustó de doblar el espinazo, se dedicó a ese oficio tan curioso de cambiar las cosas de sitio o los billetes de bolsillo sin pedir permiso a sus dueños. Los sobornos a los carceleros -algo más que habitual en la cárcel del Saladero y en cualquier otra entonces- le permitía escapar del presidio con tanta celeridad como entraba en él. En una de sus cortas estancias en el recinto de la plaza de Santa Bárbara conoció a Salustiano Olózaga. E hicieron migas, tantas que Candelas ayudó al político a escapar del trullo. Don Salustiano, en señal de agradecimiento, inició al bandolero en la masonería, ingresándolo en la Logia Libertad. Se dice que a partir de entonces se veía al popular ladrón lucir capa negra con símbolos masones por las tascas de Madrid. En cualquier caso, parece ser que de nada le sirvió militar en el Gran Oriente porque el 6 de noviembre de 1837 fue ejecutado a garrote tras decir aquello de “Adios Patria mía, sé feliz”. O eso se dice que dijo. A saber. La razón de la máxima condena fue un doble atraco, a una  modista de la reina y al embajador de Francia. Aunque escapó en un principio, decidió volver a Madrid para no separarse de su esposa. Fue detenido en Valladolid, trasladado a la Villa y Corte y a los 33 años dejó de robar para siempre a ricos o a menos ricos.

Palacio de la condesa de Guevara

Corría el año 1884 cuando se hizo realidad el proyecto de construcción de un recinto penitenciario moderno. Se llevó a cabo en las afueras de Madrid, hacia el noroeste, más allá de donde había estado situado el portillo de San Bernardino, en una zona que se estaba convirtiendo en atractiva para residir al ensancharse la ciudad. Era la cárcel Modelo, que iba a estar operativa hasta la Guerra Civil. Una vez trasladados los reclusos al nuevo centro, el antiguo y obsoleto presidio del Saladero dejó de tener una función que cumplir y el edificio fue derribado en 1888. Pero tendrían que pasar más de treinta años para que se levantara un nuevo inmueble en el solar que quedó vacío al desaparecer el edificio de Villanueva. Es en 1920 cuando el arquitecto Joaquín Pla Laporte erige el que hoy es conocido como palacio de la condesa de Guevara. Se trata de una construcción de estilo neobarroco, con torreones, rejería y balconadas, que actualmente, y una vez más, pertenece a ese gremio tan singular que es la casta bancaria. No sabemos qué pensaría el propio Luis Candelas Cagigal al respecto si levantara la cabeza y leyera alguna de estas entradas donde se dice que determinado edificio nobiliario ha pasado tal día a manos de una entidad de ahorro, enunciado que se repite una y otra vez. En fin, mejor así, que Candelas está muerto y aunque viviera no lo veo yo a él como que muy aficionado a la lectura.

Anuncios
 
2 comentarios

Publicado por en marzo 22, PM en Obra civil

 

2 Respuestas a “Cárcel del Saladero

  1. J.Larrea

    marzo 8, PM at 12:38

    Gracias por tu trabajo. Realmente muy interesante, “curioso” y útil.
    Solo una pequeña corrección que he detectado, en lo referente a Luis Candelas Cajigal:
    ” En cualquier caso, parece ser que de nada le sirvió militar en el Gran Oriente porque el 6 de noviembre de 1937 fue ejecutado a garrote tras decir aquello de “Adios Patria mía, sé feliz”. ”
    Obviamente, debería figurar el año 1837.
    ¡¡Enhorabuena!!

     
    • antoniolrodriguez

      marzo 8, PM at 14:11

      Gracias Larrea por tus palabras. Siempre es un placer pensar que hay realmente alguien a quien interesan tus propias “fricadas”. Por otra parte, te agradezco la puntualización de la fecha sobre la ejecución de Luis Candelas. Ya sabes, por más correcciones que haces siempre hay algún duende cabroncete que le da la vuelta a lo que escribes y en este caso mejor porque ya me veo a algún rojo o a algún facha echando culpas al contrario por asesinar al bandolero en la Guerra Civil. Por lo demás, agradecerte el que me permitas echar mano de datos tuyos para algunas de mis entradas. Todos aquellos a los que nos gusta espigar en el pasado madrileño nos debemos amamantar unos a los otros aunque haya más de un hijo de puta que quiera vivir a costa de los que nos dejamos alguna hora de sueño en dar rienda suelta a nuestra inocente afición. Que de todo hay. Bueno, te dejo. No quiero ser pesado. Sólo decirte que ha sido un placer conocerte y saludarte aunque sea vía correo. Quedo a tu disposición.

       

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: