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Plaza de Ramales

29 Mar
Plaza_de_Ramales. WIKIPEDIA

La plaza con la casa palacio de Ricardo Angustias al fondo. es.wikipedia.org

La plaza de Ramales es un lugar de flaneo interesante. Se encuentra a espaldas de la iglesia de Santiago y frente a la gran explanada de la fachada este del Palacio Real, es decir de cara a la plaza de Oriente. Su carácter peatonal y los varios negocios hosteleros de terrazas que se concentran en su perímetro hacen que desde la primavera al otoño se pueda disfrutar, sobre todo durante las tardes, de un oasis de tranquilidad. Dicho oasis se puede aderezar con el espectáculo del ir y venir pausado, espectante y sorprendido de visitantes, tanto españoles como extranjeros, a quienes este espacio abierto sirve de cordón umbilical entre el área de la plaza Mayor y el Palacio Real, calle Santiago mediante. La plaza de la Ópera se encuentra también cercana, sólo hay que tomar la calle Vergara para acceder a esa ágora matritense, tanto de paso como de estancia. El que la plaza de Ramales se haya convertido en un espacio atractivo, acogedor y relajante se debe en gran medida a las remodelaciones llevadas a cabo en la última década por los organismos municipales pertinentes. Aprovechando la construcción de un aparcamiento subterráneo se emprendió su definitiva peatonalización y se sacaron a la luz algunos restos arqueológicos con la subsiguiente incidencia en el valor histórico de este enclave tan madrileñista. Quizás la asignatura pendiente por parte del Ayuntamiento sea la labor de mantenimiento en unas condiciones adecuadas de lo que tanto tiempo y dinero ha costado levantar. Pero bueno, afortunadamente desde la finalización de las últimas obras la plaza ha cobrado un dinamisimo del que carecía cuando los vehículos estacionaban donde las cabezas de sus dueños les aconsejaban. Como decíamos líneas arriba hoy constituye un espacio amplio, seguro y ajeno a los ruidos de la urbe, donde tanto adultos como infantes pueden pasear tranquilamente antes de ocupar uno de los muchos veladores que los hosteleros del lugar tienen a bien situar a las puertas de sus negocios. Y no es fácil encontrar una mesita libre en las estaciones de bonanza climatológica. Y una vez sentados y al calor de una birrita podemos empezar a rebuscar en nuestra mente qué tiene de valor histórico esta plaza. Y vemos que en las placas de azulejos pone que se llama de Ramales y recordamos la batalla que en tal lugar de Cantabria tuvo lugar allá por 1839, durante la primera Guerra Carlista. Y nos preguntamos qué narices pinta Velázquez en esas mismas placas al lado del nombre de la plazuela. Y nos contestamos que en este solar se encontraba la iglesia de San Juan hasta su derribo a comienzos del siglo XIX. Y claro, en una de sus capillas estuvo enterrado el genio sevillano del pincel. Y después, un barrido de nuestra mirada pone ante nuestros ojos dos edificios atractivos, de aspecto señorial y de una arquitectura como mínimo agradable a la vista, por más que seamos flaneantes legos en la materia. Y nos enteramos que se trata de las casas-palacio de Domingo Trespalacios y de Ricardo Angustias. Y nos gustaría saber más cosas de todo esto. Pues bien, vayamos por partes que para todo se necesita orden, que diría Jack el destripador.

Ramales 1

Ramales de la Victoria en Cantabria

Batalla de Ramales

Como apuntábamos antes, el nombre de la plaza conmemora la victoria de las tropas leales a Isabel II en la batalla que tuvo lugar en la localidad cántabra de Ramales durante la I Guerra Carlista. Se enfrentaba el ejército del general Espartero contra los leales a Carlos María Isidro, liderados por el también general Rafael Maroto. Dicen los anales que pudo haber algo de tongo en el desenlace de la refriega y se acusa aún hoy en día al caudillo carlista de no haber utilizado todas las fuerzas humanas y de intendencia a su disposición, dejando en reserva a ocho de sus diecisiete batallones. También se acusa a Maroto de haber ordenado capitular a los hombres que defendían una de las posiciones más trascendentes desde el punto de vista estratégico,  cuando éstos se encontraban en perfecto estado físico y moral para defenderse hasta el extremo. Y es que, en principio, todos los pronósticos apuntaban a una victoria relativamente cómoda de los carlistas, quienes se encontraban perfectamente asentados en Ramales y Guardamino, con un cañón apuntando hacia la pretendida zona de paso de las tropas de Espartero. Pero al final la victoria cayó de parte de los isabelinos. El análisis de las causas da resultados controvertidos, unos más épicos y legendarios y otros más creíbles. Ahí están los libros de historia para que cada cual juzgue a su antojo. Lo cierto es que Espartero se apuntó la victoria y al final de la contienda arengó a sus tropas, sacando pecho, con aquellas palabras que, destacando el valor de los suyos a la vez que vituperaban el de los enemigos, don Baldomero espetó a los suyos: “no quisieron aceptar vuestro reto. Encasillados en sus formidables posiciones, allí querían que se estrellase vuestro arrojo. Allí os conduje. Allí vencimos. Allí completamos su ignominia “. Eso es. Tras dicha batalla fue cuando se le concedió el título de duque de La Victoria, precisamente por el desempeño de su ejército en Ramales.

Iglesia de San Juan o de los santos juanes

Pero para explicar el porqué de que Velázquez aparezca en los azulejos de la placa callejera hay que retrotraerse algo más en el tiempo. No podemos olvidar que el área donde se encuentra la plaza estaba ya edificada en épocas remotas. Formaba parte del segundo recinto amurallado de Madrid o primera ampliación de la cerca y así venía ya claramente señalado en el famoso plano de Amberes. Bien es verdad que entonces la actual plaza no existía sino que el solar que ahora abarca estaba ocupado por un lado por la plazuela e iglesia de San Juan y por otro por el convento de Santa Clara. Los planes de José Napoleón de reformar el centro de la Villa y Corte tuvieron bastante que ver en la desaparición no sólo de templo y convento sino de numerosas edificaciones, tanto religiosas como civiles, durante la Guerra de la Independencia. Tenía previsto el hermano de Napoleón abrir una avenida que enlazara la Puerta del Sol con la explanada del Palacio Real. La zona donde se encontraba la iglesia debía ser la prolongación de la calle Arenal para contactar con la fachada principal de la residencia de los reyes. De ahí su derribo. Y no fue una pérdida cualquiera, que bien que lo hemos lamentado los madrileños desde entonces, por más que las intenciones urbanísticas del Plazuelas sean actualmente valoradas y reconocidas como no lo fueron en anteriores épocas. Pero lo cierto es que la iglesia tenía una importancia excepcional. Nos lo recuerda Pedro de Répide, quien una vez más sale en nuestra ayuda para afirmar respecto de aquel templo que”era de tiempo tan remoto su edificio, que manifestaba ser construido en tiempo de los emperadores romanos y encima de la puerta principal tenía tres piedras redondas; en la de en medio, esculpida una cruz; en la de la izquierda, un cordero con su bandera, emblema del Bautista, y en la de la derecha, la cifra del nombre de Cristo en letras griegas, que usó Constantino en su estandarte imperial, señal de haber sido iglesia de católicos y no de arrianos”.  Las palabras de uno de nuestros cicerones habituales no son compartidas en la actualidad por los historiadores por considerar que los argumentos ornamentales en que se basan están distorsionados ya que dichos adornos no fueron utilizados hasta tiempo más reciente. Parece ser que la iglesia fue construida casi con total seguridad en  el siglo XII y que estuviera dedicada tanto a san Juan Bautista como a su tocayo el Evangelista.ya que había imágenes de ambos en el antiguo presbiterio. En el Apéndice del Fuero de Madrid de 1202 aparece nombrada junto al resto de iglesias que se encontraban dentro del recinto amurallado. Está documentado igualmente que el recinto fue consagrado en 1254 por fray Roberto, obispo Silvense, previa licencia del arzobispo de Toledo. Siglos más tarde, en 1606, se le agregó la parroquia de San Gil, que se encontraba pegada prácticamente a palacio y que fue derribada para ampliar la explanada de la actual plaza de Oriente. Como consecuencia de ello se convirtió en la parroquia real hasta 1639. En ella fue donde se bautizó en 1624 a Margarita de Austria, la hija de Felipe IV e Isabel de Borbón. Y allí es donde fue enterrado en 1660 Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Antes de pasar a hablar de la tumba del genio de la pintura es necesario recordar que quien flanee por la zona debe fijarse en una losas incrustadas en el suelo de la plaza y que reproducen el contorno de la antigua iglesia. Y si descienden por las escaleras del actual aparcamiento subterráneo se encontrarán con unas ruinas del templo curiosas de observar. No se olviden de hacerlo que merece la pena. De verdad.

Tumba de Velázquez

A pesar de la modestia en cuanto a tamaño, la iglesia contaba con capillas de linajes tan nombrados en la historia matritense como los Lujanes, Herreras, Solíses o Fuensalidas. A este último pertenecía un amigo del pintor sevillano, en concreto don Gaspar de Fuensalida. Tan amigo era de don Diego Velázquez que a la muerte de éste permitió que se le inhumara en su capilla aunque hay quien opina que se le enterró en una de la orden de Santiago, sita en el mismo templo, como caballero de la orden que era. Lo que es indiscutible es que allí fue enterrado el autor de Las Meninas y allí también recibió sepultura su esposa Juana Pacheco. Tan indiscutible como que, cuando José Bonaparte decide derribar el templo, a ninguna mente preclara se le ocurrió recoger los restos del pintor y buscarle una sepultura acorde con su renombre. Desde entonces las lamentaciones han sido el denominador común. También las teorías especulativas sobre dónde podría estar la osamenta de maestro de la pintura. Hace relativamente poco tiempo, y coincidiendo con la última remodelación de la plaza en 1999, se emprendió la labor de búsqueda de la tumba sin resultados positivos. Se encontró un cuerpo momificado bajo el altar pero no era del sevillano. La búsqueda resultó infructuosa lo que hizo pensar  que los restos pudieran haber sido trasladados antes de la demolición del  templo. Se comentó la existencia de un documento donde se recogía que el cuerpo del pintor fue trasladado al convento de la Inmaculada de San Plácido en la calle San Roque. Y, ciertamente, años atrás había aparecido una momia de un caballero de la orden de Santiago que respondía a las características del que se buscaba. Junto a él se encontró otro de una mujer… Ahí quedó todo sin que ni autoridades ni expertos en la materia hayan dicho hasta la fecha esta boca es mía. Todas las incógnitas siguen abiertas, por tanto.

Casas-palacio de Trespalacios y Angustias

Palacio de trespalacios

Palacio de Domingo Trespalacio.commons.wikimedia.org

Vamos a terminar nuestro flaneo de hoy centrándonos en dos bellísimas construcciones de carácter civil que contribuyen a dar ese toque de calidad, en este caso arquitectónica, a la plaza de Ramales. Nos estamos refiriendo a las casas-palacios de Domingo Trespalacios y de Ricardo Angustias. La primera de ellas se encuentra ubicada en la parte sur de la plaza y fue construida en 1768 por el arquitecto Andrés Díaz Carnicero. Se trata de otro ejemplo más del auge de la arquitectura residencial del siglo XVIII madrileño, tan utilitarista y práctico, siguiendo las directrices de los ilustrados franceses. Se trata de un edificio de planta poligonal, compuesto por tres alturas más sótano y provisto de un gran patio y fachadas en las que destaca la simetría de los huecos y los balcones curvilíneos. Tras la Guerra Civil acogió en su planta baja la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Por esas fechas fue remodelado a fondo para transformarlo en edificio de oficinas y también residencial. Con posterioridad ha sufrido nuevas reformas con el fin de simular la sillería de la antigua construcción con la intención de conseguir una mayor integración con el entorno. Por su parte, la casa-palacio de Ricardo Angustias es con seguridad la más llamativa y pintoresca de la plaza y va camino de convertirse en lo que ahora se llama, pomposamente y con cierta cursilería lingüística, un referente icónico del lugar. Dicha construcción fue levantada entre 1920 y 1922 sobre un solar donde había estado tiempo atrás una vivienda en la que residiera Leandro Fernández de Moratín. La obra, del arquitecto Redón y Tapiz, es el resultado de una genial ampliación de un edificio de viviendas que ya existía -no el de Moratín sino otro posterior-, del que hay que destacar la ampliación en altura de dos nuevas plantas, la última de las cuales fue concebida como un torreón de reminiscencias medievales, sin que ello supusiera alterar la simetría de la fachada. La dificultad para el arquitecto consistía en solventar el problema de cómo pasar de un número par de ventanas a una solución final con una torre y una ventana única. Redón optó por introducir cinco huecos en el primer piso añadido, resaltando los tres centrales por medio de su integración en un solo balcón. La presencia de unos miradores en los aleros laterales remarcan la silueta del edificio así como la decoración pictórica sobre estuco del último piso y del torreón. Digno sin duda de observar en todo su esplendor en una tarde primaveral, desde una cómoda silla de terraza, al calor -o quizás mejor al frío- de una cañita de cerveza bien tirada en cualquiera de los bares de la zona. El palacio de Ricardo Angustias, construido para residencia de su dueño, bien merece unos minutos de atención antes de tomar el pescante en dirección a cualquiera de los muchos rincones maravillosos que nos ofrece este Madrid, que empieza a desperezarse del largo letargo invernal y que nos vuelve a ofrecer sus más espectaculares encantos al doblar cualquier esquina.

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Publicado por en marzo 29, PM en Plazas

 

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