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Café Universal (O de los Espejos)

10 Abr
Café Universal

Una placa recuerda en la esquina izquierda de Sol con Alcalá la ubicación del Universal. Foto flickr.com

Los miedos y las dudas atenazan a quien aquí se atreve a poner negro sobre blanco cuando se trata de hacer un esbozo de lo que fue el Café Universal. La información a la que tiene acceso este humilde reciclador de datos aislados, inconexos y, casi siempre, encontrados por casualidad es en esta ocasión escasa, tanto que hay que desconfiar de que tenga un mínimo de interés como para merecer un clic en el ordenador del presumible lector. Ya que las zozobras y las inseguridades son tamañas vamos a centrar el discurso en las certezas y la primera y principal es la que nos encontramos en el actual número 14 de la Puerta del Sol, ya esquina hacia Alcalá, por la acera izquierda. Allí podemos leer en una placa, de las numerosas que el municpio desparrama por las fachadas de los inmuebles, que en ese lugar se levantaba el Café Universal de Madrid. No dudamos de que se trata de una certeza hasta que rastreando por la red nos encontramos que hay informaciones que sitúan dicho café un poco más al oeste, en la fachada comprendida entre las calles Preciados y del Carmen. No es ciertamente muy fiable tal dato… pero aparece repetido en más de una ocasión. Una nueva aportación al esclarecimiento del misterio aparece cuando leemos que Galdós le secreteaba a Clarín que el argumento de la novela Gloria se le clarificó bastante, cuando se encontraba entre las calles Montera y Alcalá, en su caminar hacia la tertulia canaria -de la que más abajo escribiremos- que tenía lugar en el Universal. El comentario se recoge en una carta que apareció con la publicación de las obras completas del genio del Realismo en 1912, en editorial Renacimiento, y hace pensar que Galdós se dirige desde Montera hacia el este, es decir a Alcalá, en cuyo número 15 -hoy 14- estaría situado el referido café. Al menos para este aprendiz de escriba que aquí deja plasmado su escaso conocimiento y sus muchas carencias la cuestión queda un poquito más clara, aunque nadie está libre de meter la pata hasta el corvejón. Dicho lo cual procedamos, sin dilación, a escribir sobre la idiosincrasia del Café Universal.

Café de los Espejos

Café de los espejos

Café de los Espejos en Sol esquina Alcalá

El Café Universal debió de ser uno de los numerosos locales de tertulia de la capital que aparecieron en el primer tercio del siglo XIX y que prolongaron su vida hasta entrado el siglo XX. No conocemos la fecha exacta de su apertura pero hay que tener en cuenta de que Galdós lo frecuentaba en sus primeros años de estancia en Madrid -finales de la década de los 60 del siglo XIX- formando parte de la tertulia canaria. De la lectura del texto firmado por José Pérez Vidal, titulado Una noche en la tertulia canaria del café Universal de Madrid con Pérez Galdós y León y Castillo y publicado en 1873, se puede deducir que se trataba de un local con bastante poso y pedigrí y donde los intelectuales canarios tenían montada su tertulia desde hacía algún tiempo. Es lógico pensar que dicha solera le viniera al café de los años de permanencia en la Puerta del Sol, por lo que podría ser que su apertura se remontara al menos a la mitad de siglo. Así, al referirse Pérez Vidal al camarero Pepe, dice  que no se trata del llamado Pepe el malagueño, “que atendía a los canarios en la década anterior y que aparece en una caricatura…” lo que sitúa como mínimo sus inicios a principios de la década de los 60. Otros datos sitúan su fecha de apertura exactamente el 12 de octubre de 1861, aunque se refieren a un local denominado Universal, eso sí, pero situado entre Sol y Preciados, en un solar que hoy ocupa un gran almacén. No nos cuadra el dato, al menos del todo. Pero bueno, si no sabemos con certeza cuando se abrió al público, sí que conocemos su momento de cierre, en la década de los setenta del siglo XX, con lo que probablemente fuera uno de los últimos locales de estas características que puso punto y final a su vida útil, en pleno corazón de la Villa y Corte. A él se habían trasladado desde los años 20 de idéntico siglo los tertulianos del cercano café Imperial que habían tenido que emigrar cuando el cierre de ese establecimiento. Una de las peculiaridades del café Universal era que sus paredes estaban decoradas con innumerables espejos de lo que le vino el nombre de Café de los Espejos, por el que también era bastante conocido. Intentaremos describirlo con cierta fidelidad a la realidad y para ello vamos a echar mano del artículo aparecido en enero de 2014 en la Revista de Chiclana y que está firmado por Félix Arbolí. El escritor andaluz al comentar las impresiones que le causa la capital tras llegar a Madrid allá por los años 50 del siglo pasado, describe su primera presencia en el Café Universal. Dice Arbolí que se llevó una grata sorpresa porque no se esperaba que “al fondo de esa pequeña barra de la entrada, donde consumían los que iban de paso y con ciertas prisas, se hallara un enorme salón, con numerosas mesas de mármol, como todos los de entonces, sofás de color rojo y sillas de madera”. Ya tenemos, por tanto, un primer esbozo de este recinto tertuliano que amplía nuestro amable informador cuando remarca que lo que más llamó su atención es que al fondo del fondo, es decir, al fondo del salón se veía “una pequeña tarima con piano, silla y micro de peana”, seguramente para actuaciones musicales propias de aquella época. Sigue describiendo el escritor y periodista andaluz el ambiente que se respiraba en el Universal afirmando que se encontraba siempre lleno “petado, como dicen ahora. Su situación en el lugar más emblemático  y visitado de Madrid, lo hacían escenario de un numeroso y heterogéneo público. Todos revueltos, sin apenas espacio donde poder moverse con facilidad. Entre la concurrencia y en aquellas fechas -recordemos años 50, en plena España franquista- aún era fácil distinguir a los que viajaban con la boina y la maleta de cartón como en las películas de Berlanga y Pepe Isbert, para visitar a un familiar, vender algo o buscarse la vida en la gran ciudad”. Desertores del arado, rematamos nosotros y en ese sentido responde también Arbolí diciendo que “eran los llamados Isidros, por los que tenían y tienen a ese santo por patrón”. Completa su descripción del recinto cafetero nuestro desinteresado informador comentando que podía uno pasarse la toda la mañana entretenido y divertido con sólo observar a cuantos le rodeaban, “parejas que hacían manitas, entonces la única licencia permitida a los enamorados, reuniones de jubilados ocupando las mesas más cercanas a la tarima, charlas de negocios y encuentros imprevistos. Todo un mundo de posibilidades que su estratégica y céntrica situación le ofrecían. El turismo era todavía desconocido pues ni siquiera figurábamos en el contexto internacional como un país propicio para la visita y el nacional, parco de bolsillo, boina o gorra como máximo, era el único  que se advertía por Sol y calles colindantes”.

galdos 11

Galdós en su juventud. Foto es.wikipedia.org

Tertulia canaria

No era ciertamente un lugar de excesivo glamour el Universal allá por los años de la autarquía, si hacemos caso a la descripción que de él nos hace Félix Arbolí, y qué lejos estaba el local de ser lo que nos describe Pérez Vidal en su noche de la tertulia canaria publicado por el Centro de Estudios Galdosianos. Se trata a nuestro juicio de una recreación dramatizada del ambiente de tertulia que se vivía en el Universal y que congregaba a un grupo de burgueses emigrados canarios, entre los que se encontraba, como personaje más importante actualmente, Benito Pérez Galdós. El escritor canario habría de dedicar un elogio de uno de los camareros del local, el citado anteriormente Pepe el malagueño, haciéndolo aparecer en un par de Episodios Nacionales, los titulados España trágica y La de los tristes destinos. Del texto dialogal se deduce que los canarios solían comentar con regularidad los avatares de la vida canaria desde la lejanía peninsular. Era motivo de algarabía el contar con un periódico recién traído desde las islas por algún viajero reciente, lo que permitía comentar la actualidad política del ayuntamiento de Las Palmas o de otros órganos locales de gobierno. El minúsculo paso teatral de dos escenas está situado durante la Primera República y los contertulios comentan la actualidad en función de sus orientaciones políticas. Hay que suponer, por tanto, que de sus estancias en el Café Universal, de su callada observación del entorno y de sus encuentros con toda la fauna propia de este tipo de establecimientos Galdós debió sacar en claro muchos tipos humanos que después plasmaría en sus novelas. En estos tiempos revueltos del Sexenio Revolucionario el genio canario ya comienza a ser un escritor conocido y ha publicado sus primeras novelas, entre ellas La Fontana de Oro, La Sombra y El audaz. Se halla en un año decisivo para su carrera y acaba de publicar el episodio Trafalgar. Por los veladores del Universal verá pasar desde alguna Fortunata hasta más de un cesante. Precisamente, muy cerca de aquí, en el número 3 de Alcalá, se encuentra el edificio del ministerio de Hacienda donde el protagonista galdosiano de los cesantes entre los cesantes, Ramón Villaamil, pasará sus penas, frustraciones y angustias relacionadas con la falta de destino. Y es que el Universal debió ser un observatorio adecuado para ver entrar y salir funcionarios del vecino ministerio y escuchar las veleidades relacionadas con su puesto de trabajo. Hay que imaginar a un Galdós siempre discreto y casi siempre callado, tomando notas sobre los diferentes perfiles humanos o incluso esbozando dibujos y caricaturas, a las que tan aficionado era, en el mismo mármol de las mesas, como queda reflejado en dicha obrita teatral.

Olga Ramos y el torero Vicente Pastor

Olga Ramos

Olga Ramos en un sugestivo cartel anunciador. Foto es.wikipedia.org

No son muchas -hay que insistir en ello- las referencias que hemos encontrado de personajes famosos que pasaran sus mañanas, tardes o noches tomando un cafetito entre charla y charla en los veladores del Café Universal. Al margen de Galdós, o de esos escritores sin nombre que se trasladaron desde el vecino Imperial, tenemos la certeza de la presencia regular en el local de dos conocidas figuras que han pasado con cierto renombre a la posteridad. Se trata de la cupletista pacense Olga Ramos y del torero de Embajadores, Vicente Pastor. A la cantante la encontramos en la tarima del salón del fondo del Universal entonando sus picantones cuplés alla por los años cincuenta. Su presencia en el local abarcó un periodo de unos veinte años. Época importante de su vida puesto que allí conocería a su marido, el director de orquesta Enrique Ramírez de Gamboa Cipri. Ramos habia nacido en 1918 en Badajoz y desde niña mostró el deseo de dedicarse al mundo de la música. Su familia le brindó la formación que necesitaba en ese campo, tanto en su Extremadura natal como ya en el madrileño Chamberi, barrio al que habían llegado con todas las ilusiones y casi nulo equipaje. Junto a su familia trabajó en el cine Bilbao, poniendo música con su violín a películas mudas. A partir de ahí comenzó una carrera itinerante por España y Marruecos hasta dar con su violín, su garganta y sus huesos en el Universal. Allí se la empezó a ver acompañada al piano por una señora algo mayor, muy delgada y con gafas, deleitando al personal durante algo más de media hora cada día con sus chotis y cuplés salidos de la imaginación de Cipri, compositor de gran parte de su repertorio. Ahí comienza a hacerse famosa la que a juicio de Félix Arbolí “tenía una voz muy singular, un meneo con mucho garbo y un vestuario de auténtica chulapona, con mantón y abanico incluidos, que acompañaban sus pasos y canciones con gracia y desparpajo. Fue sin duda la más gentil embajadora de la Villa del Oso y el Madroño, algo que ella supo desempeñar con maestría y orgullo”. Fallecería Olga Ramos en San Sebastián de los Reyes en 2005, como una madrileña más, dejando el más grato sabor castizo en la retina de los vivos. Como lo haría el torero nacido en el barrio de Embajadores y llamado Vicente Pastor y Durán, en este caso en la memoria de los aficionados a la fiesta de los toros. También fue, al decir de los cronistas, un feligrés habitual del Cafe Universal. El llamado en sus inicios Chico de la blusa había visto la luz en 1879 y su apodo le venía por los tiempos de maletilla, cuando acostumbraba a saltar al ruedo vestido con blusa y gorrilla azules para torear los astados embolados que soltaban en Madrid cuando finalizaban algunas novilladas. Tomó la alternativa en septiembre de 1902 de la mano de Luis Mazzantini, con un toro de Veragua llamado Aldeano. A pesar de no ser una figura de primer orden del toreo se le reconoció una indiscutible calidad en lo que se refiere a la ejecuión de las suertes, con valor, determinación, pundonor, severidad, honradez, destreza, sobriedad, dominio y severidad. Le faltaba, a juicio de los entendidos, cierta belleza y elegancia pero, bueno, nadie es perfecto. Mataba extraordinariamente y el reconocimiento de los entendidos lo tuvo siempre, incluso después de cortarse la coleta el 23 de mayo de 1918. Su gran popularidad entre los madrileños se prolongaría hasta su fallecimiento en 1966 aunque durante los últimos años de su vida pasó carencias materiales que obligaron a montar una corrida homenaje para mitigar sus necesidades más perentorias. Triste final para una persona a la que imaginamos, más que en las mesas, de pie junto a la barra del Universal comentando pasados lances ante algún aficionado, o confiando viejos secretos al limpiabotas mientras le lustraba un par de viejos aunque cuidados zapatos, o cómo no, dibujando aquellas verónicas de alhelí que tan caras eran al gran Lorca quien, por cierto, en alguna ocasión se dejaría caer por el Universal acompañado del depistado payés del Ampurdá, Salvador Dalí, o junto al recio y aragonés Buñuel, en sus tiempos de la Residencia de Estudiantes. Aunque fuera por equivocación.

 

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3 comentarios

Publicado por en abril 10, PM en Cafés

 

3 Respuestas a “Café Universal (O de los Espejos)

  1. OLGA MARÍA RAMOS

    septiembre 26, PM at 21:11

    Muchísimas gracias por la referencia tan cariñosa a mi madre. Por aquel entonces, Olga, además de cantar, se dedicaba, fundamentalmente, a su faceta de violinista. Así lo refleja la placa que se encuentra en la fachada donde estuvo el café: “Aquí estuvo el Gran Café Universal donde la violinista y cantante Olga Ramos fue llamada Reina del Café Concierto”. La época de rescatar y reiventarse el Cuplé la desarrolló a partir del año 1968 en el local de la calle de la Palma, llamado en un principio El último cuplé y a partir del 80, cuando ya fue suyo: Las Noches del Cuplé.
    Es muy reconfortante comprobar que no se la olvida. Le reitero mi agradecimiento

     
  2. OLGA MARÍA RAMOS

    septiembre 26, PM at 21:13

    Y añado mi felicitación por tan espléndida descripción del Café Universal.

     
    • antoniolrodriguez

      octubre 13, PM at 14:27

      Creo que no le ha llegado a usted mi respuesta. Insisto en que ha sido para mí un honor y un orgullo escribir sobre una persona a la que recuerdo de mi infancia en algunas apariciones televisivas. Poco podía yo apreciar su arte pero sí recuerdo que hacía las delicias de padres y abuelos. Agradecido estoy a usted por sus palabras en cualquier caso inmerecidas pues no he hecho más que plasmar la realidad de una época que se nos escapa y en la que la gran Olga Ramos tenía un papel que representar y lo hico con dignidad, cuando menos. Saludos y gracias.

       

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