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Ventura Rodríguez

11 Abr

Se trata de uno de esos nombres que los vecinos de la Villa y Corte pronuncian con cierta asiduidad o tienen presente en su memoria como algo muy de aquí. Unos lo conocen porque suelen viajar en el Metro, tiene parada con ese nombre. Otros, porque también hay calle dedicada a este personaje. Otros no saben si lo han escuchado asociado a un centro educativo, a ciertos monumentos de la capital o al nombre de ese restaurante donde quedaron una vez a comer con unos amigos no recuerdan bien cuándo. Obviamente habrá quien sepa quién era este personaje de la historia de Madrid y de la de España y lo sitúen en un lugar acorde con su prestigio, es decir, como uno de los arquitectos que más influencia ha tenido en la historia de la arquitectura de la capital. Además, no podemos olvidar que la figura de quien hoy debemos esbozar un perfil es madrileño de cuna. No nació en la capital, verdaderamente, pero sí en la región. Tampoco es que su obra se circunscriba estrictamente a edificios diseñados, erigidos o  restaurados en la Villa y Corte pero sí que es cierto que tenemos diseminadas por la capital numerosímas obras, que abarcan desde fuentes conmemorativas hasta hospitales, monasterios, palacios o iglesias. El rastro de Ventura Rodríguez no es, por tanto, difícil de seguir porque hay materia para escribir y no parar. Intentaremos aquí que su obra quede sucintamente recogida -en profundidad sería imposible- así como su personalidad y la trascendencia que tuvo para la vida matritense en ese siglo ilustrado que tanto influiría en la creación y modernización de dotaciones infraestruturales y culturales fundamentales para el futuro capitalino.

Natural de Ciempozuelos

Ventura_Rodríguez

Buenaventura Rodríguez en su madurez

Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido por el hipocorístico de Ventura, nace en la localidad madrileña de Ciempozuelos en julio de 1717 y fue uno de los arquitectos españoles más importante del siglo XVIII junto a Juan de Villanueva. Su trayectoria hay que situarla entre dos grandes corrientes artísticas, el Barroco y el Neoclasicismo de la Ilustración europea, en que se inscriben sus obras de juventud y madurez, respectivamente. Fue hijo de un profesor de arquitectura -para otros un simple albañil-  empleado en las obras reales del Real Sitio de Aranjuez, de quien el historiador Chueca Goitia destacaría su notable formación como maestro alarife. El niño crece ayudando a su padre, a la vez que daba muestras de un talento poco común para el dibujo, por lo que pronto es contratado como delineante de los ingenieros franceses que dirigían dichas obras. El arquitecto Filippo Juvara, encargado del proyecto del Palacio Real de Madrid, se fija durante un traslado de la corte a Aranjuez en unos croquis de Ventura, quedando impresionado y requiriendo al rey que le sea asignado como delineante, por lo que se convierte instantáneamente en discípulo del italiano. La temprana muerte de Juvara no es impedimento para que su sucesor, Sachetti, lo ponga también a su servicio, llegando a alcanzar ya en 1741 el grado de aparejador segundo del Palacio Real. Rodríguez no tiene una gran formación académica ni ha viajado a Italia, auténtica universidad de la especialidad en aquellos tiempos. Es más, no tiene más formación que la que ha recibido de manos de su padre y la que ha podido aprender al lado de esas eminentes figuras que son Juvara o Sachetti. A pesar de esas carencias, pudo adquirir un profundo conocimiento de la arquitectura de Bernini y Borromini a través de las estampas que circulaban entre los arquitectos de la corte y los estudios y reinterpretaciones de los maestros. Por tanto, se convierte en un continuador de la Escuela de Roma aunque progresivamente va a ir depurando esos gustos barrocos para abrirse paso hacia una línea de actuación más cercana a Herrera. Sus progresos son indiscutibles y celéricos, de ahí que en 1747 a la edad de 30 años, sea nombrado académico de la academia romana de San Lucas.

Despegue definitivo

Iglesia de San Marcos

Interior de la iglesia de San Marcos

Estamos a mitad del siglo XVIII y es ahora cuando Ventura Rodríguez empieza ya a ser valorado como una eminencia en el mundo de la arquitectura matritense. En 1749 Fernando VI elige un proyecto suyo para la construcción de la capilla del Palacio Real, en detrimento del presentado por el propio Gian Battista Sachetti, de quien Ventura seguía siendo ayudante. Ese mismo año recibe el encargo de construir su primera obra de forma independiente. Se trata de la iglesia de San Marcos, situada en la calle de San Leonardo y desde 1944 declarada monumento nacional. Ahí Rodríguez echa a volar su imaginación con entera libertad y construye un templo con una planta de cinco elipses sucesivas, soprendente por la inversión de valores, articulación disimétrica de los espacios y la resonancia de las bóvedas elípticas. Unamos a ello la fachada, de orden gigante, flanqueada por antecuerpos curvos que conforman un atrio cóncaco. Las obras se prolongan hasta 1753 aunque un año antes es nombrado director de los estudios de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A estos logros suceden la terminación de la basílica del Pilar de Zaragoza o el transparente de la catedral de Cuenca. Un haber más en su ya nutrido currículum llega en 1754 cuando se le encarga la reconstrucción de la iglesia de San Norberto en la actual plaza de los Mostenses. Un año más tarde llevará adelante la decoración del interior de la iglesia del Real Monasterio de la Encarnación, con notables reminiscencias de los modelos del Barroco romano, su fuente predilecta de inspiración. Un incendio producido el mismo año en que se le encarga el proyecto había dejado el templo en unas condiciones penosas. Ventura Reodríguez se rodea de un equipo de trabajo experto para realizar una nueva decoración a base de retablos y lienzos, especialmente sobre la vida de San Agustín. En la arquitectura de la iglesia destacan los labrados en jaspes, mármoles y bronces dorados. El tabernáculo es una de las obras maestras de Ventura junto al retablo mayor. Por esta época, la de su máximo apogeo profesional, cae paradógicamente en desgracia como arquitecto de obras reales. Estamos al final del reinado de Fernando VI y tanto éste como su inmediato sucesor, Carlos III, parecen preferir el hacer de Sabattini y su escuela. No obstante, fue tal la cantidad de encargos que recibió que sus obras se encuentran repartidas por toda España. Intentaremos ceñirnos a la capital aunque, con todo, nos veremos obligados a pasar de puntillas por la práctica totalidad de su obra. Nombremos la Colegiata de San Isidro, los palacios de Altamira, Regalía y Osuna, el de Liria o el hospital de Atocha y la misma Puerta de Atocha para empezar este rápido resumen. No nos olvidemos del denominado Salón del Prado, con las fuentes de Cibeles, Neptuno o Apolo, además de los cuatro artísticos surtidores menores del mismo paseo. La fuente de la Alcachofa, antaño en Atocha y hoy día en una de las esquinas del estanque del Retiro, es otra de sus obras y,por último, no dejemos al margen el espectacular palacio que diseñó para su amigo el infante don Luis, en Boadilla del Monte. El hermano de Carlos III fue además de amigo, gran admirador de Ventura Rodríguez. Es por ello que lo introduce en su nómina como arquitecto de Su Alteza por Real Decreto de 1761, según consta en la testamentaría del infante. El arquitecto también diseñó para su amigo los muebles del palacio boadillense. Como dato curioso, decir que ambos mueren el mismo año y mes de 1785, con algunos días de diferencia. El infante fue enterrado en la iglesia de San Pedro de Alcántara de Arenas de San Pedro (Ávila), que curiosamente había sido construida por su amigo. Ventura fallecería obsesionado por sus fracasos y sinsabores aunque cuando se habla de fracasos hay que hacerlo en la justa medida que supone no poder desarrollar, por problemas ajenos al genio del artista, proyectos como la Puerta de Alcalá, el de la basílica de San Francisco el Grande o la imponente fachada de la catedral de Pamplona.

Placa Ventura

Placa en Leganitos 13 recordando a Ventura Rodríguez

Muerte en Leganitos 13

La parca vino a buscarlo a su vivienda de Leganitos 13 el 26 de agosto de ese 1785, después de que los galenos que le atendían hicieran cuando pudieron y más, hasta llegar a excederse en su ya desmoronado y ajadísimo cuerpo. Sus restos fueron enterrados en la vecina iglesia de San Marcos, que él había levantado, aunque posteriormente fueron trasladados a la capilla de arquitectos de la iglesia de San Sebastián. Lejos quedamos de haber recogido todas las obras de este prolífico, hábil, entendido y experto del diseño y la arquitectura. Lejos quedamos de haber reflejado aquí todos los nombramientos y reconocimientos que tuvo en vida y después de su muerte. Lejos quedamos por tanto de habernos aproximado siquiera a esbozar una biografía que refleje en medianamente la personalidad del que sin duda alguna fue un genio en su oficio. Sirva para completar su perfil la opinión de otro ilustrado fuera de toda cuestión como es Jovellanos quien, en su Elogio de Ventura Rodríguez lo describe como el restaurador de la arquitectura española que “la levantó desde la mayor decadencia al más alto grado de esplendor y fijó en él su época española más brillante. Grande en la invención, por la sublimidad de su genio; grande en la disposición, por la profundidad de su sabiduría; grande en el ornato, por la amenidad de su imaginación y por la exactitud de su gusto”. Por su parte, Ismael Gutiérrez Pastor en la revista de la Junta de Castilla y León dice en tiempo más reciente que la arquitectura de Ventura Rodríguez “es monumental y solemne, arquitectura de magnificencia. Se adapta a las funciones y se expresa con ricos materiales, trabajados excelentemente. Pero de ahí no puede deducirse el Neoclasicismo al modo de Juan de Villanueva, cuya obra se ajusta mejor al reinado de Carlos IV…/… La generalizada consideración de Rodríguez como un arquitecto del Neoclasicismo debe desecharse aunque a veces convenga matizarla. Por formación, inclinación personal y encuadre en el gusto hispano de su tiempo fue un arquitecto que se expresó dentro de un Barroco clasicista de origen italiano, dotando de progresiva relevancia al lenguaje de los órdenes arquitectónicos, de los que emana la belleza de sus edificios, antes que el ornato superfluo…/… desde este enfoque se entiende que la arquitectura de Rodríguez choque con el Barroco castizo español de Churriguera, Tomé o Ribera”.

Calle y parada de Metro

Museo Cerralbo

Museo Cerralbo en calle Ventura Rodriguez, esquina con calle Bailén

La ciudad de Madrid tiene una calle dedicada a Ventura Rodríguez. No es la única población que así reconoce la valía del genio de la arquitectura porque sería enojoso citar aquí todos los lugares que hoy en día recuerdan a nuestro hombre con rúas, plazas, fuentes y otros monumentos varios de reconocimiento. Ciñámonos a nuestro ámbito topográfico y digamos que la calle Ventura Rodríguez de Madrid se encuentra en el barrio de Argüelles y se extiende desde la de Ferraz a la de Princesa, en una zona muy cercana a dos de sus obras importantes, el palacio de Liria y la iglesia de San Marcos. Dicha vía se llamó antes de Quitapesares y fue abierta en 1869. Entre sus escasas singularidades hay que destacar la presencia en dicha vía del palacio mandado construir por el decimoséptimo marqués de Cerralbo, Enrique de Aguilera y Gamboa, promotor de excavaciones arqueológicas e historiador, cuya obras de arte y demás antigüedades se pueden visitar en la actualidad ya que dicho palacio es desde 1944 museo y está declarado monumento nacional. En tiempos del marqués se solían celebrar suntuosas fiestas. De este edificio habla Pedro de Répide en sus Calles de Madrid ponderando tanto el imponente caserón como al decimoséptimo marqués, cuando nos apunta con su sedosa prosa que allí “residió hasta su muerte aquel prócer que habiendo reunido en esa su residencia un enorme tesoro artístico lo ha legado a la nación como museo”. La casa señorial conserva, además, el barandal de la escalera que perteneció a la del palacio de doña Bárbara de Braganza, en el monasterio de las Salesas. Por último, hay que reseñar que muy cerca de la referida rúa, en el cruce con la calle Princesa, se encuentra la parada de metro con el nombre del arquitecto. Fue construida a finales de los años 30 y abierta al público el 15 de julio de 1941, formando parte de la Línea 3, la amarilla. Ha sido remodelada recientemente constituyendo una infraestructura muy apropiada para los vecinos del los barrios de Argüelles y San Bernardo en la zona aledaña a plaza de España.

 

 

 

 

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Publicado por en abril 11, AM en Perfiles

 

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