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Cafés de Levante

13 May

Sí, así en plural, cafés y no café de Levante, ya que fueron varios los locales de tertulia, esparcimiento y ocio en general que en el Madrid de los siglos XIX y XX llevaron esa denominación. Y lo cierto es que pese a su número escasea la información sobre estos cafés, contrariamente a lo que sucede con otros situados en Sol o en sus inmediaciones. Hoy más que nunca valoramos la aportación de la enciclopedia Wikipedia, tan denostada en ocasiones pero tan apreciada cuando no queda más remedio que acudir a ella y beber de sus fuentes documentales. Y esta biblia virtual nos recuerda que el primer café de Levante de Madrid estuvo abierto en la calle de Alcalá, frente a la iglesia del Buen Suceso. Que tuvo que cerrar sus puertas debido a la remodelación de la Puerta del Sol a mediados del siglo XIX, en concreto en 1858. Se trasladó por ese motivo el negocio a la calle del Prado. Posteriormente, dos nuevos cafés de Levante abrieron sus puertas, uno en el número 5 de Sol, junto al actual edificio sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, y otro en calle Arenal, número 15. Estos dos últimos son los más conocidos y en ellos transcurrió una parte importante de la vida bohemia de la Villa y Corte durante los últimos años del siglo XIX y los primeros de la siguiente centuria. Incluso el situado en la Puerta del Sol se mantuvo abierto hasta bien avanzado el siglo XX. En cualquier caso intentaremos verter aquí los datos referidos tanto a su historia como a la de los personajes importantes que se sentaron en sus veladores o a los movimientos ideológicos o literarios que se desarrollaron en su interior. Es una pena que la información obtenida sea tan escasa. Es más, advertimos que algunos datos los ofrecemos con todas las reservas ya que no están del todo confirmados. Ello hay que ponerlo más en el haber que en el debe de quien valientemente se atrevió como pionero y se encontró con multitud de dificultades, nunca a la mala fe o a la falta de capacidad. Porque no cabe duda que quien intenta encontrar la luz sobre el pasado de Madrid, en cualquiera de sus ámbitos culturales, políticos, artísticos o sociales, lo hace con la única intención de ofrecer la mayor y mejor información a las generaciones posteriores. Y agradecidos hemos de estar.

El Levante de Alcalá y el de la calle del Prado

leonardo alenza y nieto

Leonardo Alenza decoró con sus lienzos el café Levante de la calle Alcalá

Desconocemos la fecha de apertura del café de Levante de la calle de Alcalá, el que desapareció cuando la remodelación de Sol. Suponemos que debía estar situado en la acera de los impares si hacemos caso a que se nos dice que se encontraba frente a la iglesia del Buen Suceso. A él se refiere Ramón de Mesonero en sus Memorias de un setentón cuando habla de sus “ahumados y estrechos aposentos donde engolfarse en una interminable partida de chanquete o ajedrez”. Se le conoció como el Levante ilustrado por ser punto de reunión de la Ilustración española. Por tanto, nos encontramos ante un detalle que nos insinúa que el café podría haberse abierto al público durante el siglo XVIIII. A ello podemos añadir que sus paredes estaban decoradas con pinturas del artista romántico Leonardo Alenza y Nieto quien representaba en sus lienzos la vida cotidiana de la capital, también en lo referido a las tertulias literarias de los cafés. Pero, ¿qué podemos decir de la biografía de este pintor ? Pues que nació en 1907 en el número 18 de la Cava Baja, entre posadas y tabernas. Que su padre fue un empleado de Farmacia, aficionado a la poesía y que llegó a publicar sus versos en el Diario de Madrid. Posteriormente, la familia se trasladó a vivir a la calle de los Estudios en cuyo Colegio Imperial se supone que el joven Leonardo veló sus primeras armas intelectuales junto a Ventura de la Vega y Hartzenbusch. Se formó en el dibujo y la pintura en la Academia de San Fernando, de la que saldría en 1833, fecha en la que se tiene noticia de su primer cuadro, por encargo del Ayuntamiento de Madrid. Se trataba de un lienzo alegórico sobre la proclamación como reina de Isabel II. En esta época trabaja de forma asidua pintando obras por encargo de carácter circunstancial, aunque con el tema histórico por denominador común, hasta que contacta con los románticos madrileños que bullen en el entorno del teatro del Príncipe. Es por ello que Mesonero le encarga que ilustre el Semanario Pintoresco Español. Estamos en 1839 y es el momento en que presenta sus caprichos, conocidos a posteriori y que se pueden disfrutar actualmente en el Museo Romántico. A continuación, ilustrará la novela picaresca Gil Blas y la edición de las obras completas de Quevedo. Ahora es cuando se dedica a decorar locales públicos como el café de Levante y la tienda Quiroga. Su vida comienza a torcerse en 1842 cuando se le detecta el mal del siglo, es decir, la tuberculosis. Pese a todo, en 1842 se le nombra académico de mérito de la Academia de San Fernando participando con doce cuadros de costumbres y un retrato en la exposición de 1844 organizada por este organismo. Su salud se va resquebrajando día a día y decide trasladarse a vivir a la Casa de Vacas del Retiro pues se considera que los efluvios de los bovinos son beneficiosos para su salud. Pero la suerte está echada para Alenza que muere el 30 de junio de 1845 en su domicilio del número 5 de la calle de San Ildefonso de Madrid sin haber llegado a cumplir los 38 años de edad. Su situación económica debía ser en esos momentos muy precaria ya que fue necesario que sus más cercanos llevaran a cabo una colecta para pagar un nicho en el cementerio de Fuencarral y evitar que fuera enterrado en la fosa común. Al margen de la obra que se encuentra en el museo Romántico, El Prado también conserva cuadros suyos así como la Academia de San Fernando, el Museo de Cerralbo o la Biblioteca Nacional, entre otras pinacotecas. Los lienzos costumbristas del café de Levante serán adquiridos posteriormente por un particular y acabarán en la colección personal de Lázaro Galiano, según recogemos del blog Cafés de Madrid. Con las obras de reforma de la Puerta del Sol los enseres del café de Levante de Alcalá pasaron a otro café homónimo situado en la calle del Prado, en concreto en el número 10 de esa vía. Pedro de Répide hace una mención de pasada al nuevo café en su Calles de Madrid donde dice que sobre la puerta del local había un dibujo de Leonardo Alenza, lo que nos hace deducir, esperemos que acertadamente, que se trataba de un traslado en principio provisional que después no se completó con la vuelta a Sol, cuando la reforma de la plaza estuvo concluida

El Levante de Arenal o Nuevo Levante

Café de Levante según Ricardo Baroja hacia 1905

Ambiente del café Levante Nuevo de Arenal, según lo dibujó Ricardo Baroja

En la enciclopedia virtual se nos habla de un doble traslado de vuelta desde El Prado a calle Arenal 15 y a Sol, número 5, donde a lo largo de los años 60 del siglo XIX abrirían respectivamente sus puertas dos nuevos cafés Levante. No sabemos si dicho traslado se trataba de una conexión empresarial o de una simple figura retórica para enlazar la información referida a los tres locales. Lo cierto es que en 1861 se inaugura el llamado Nuevo Levante en la acera izquierda de la calle Arenal. M. R. Jiménez nos lo describe en su blog Antiguos Cafés de Madrid como un café de “altos espejos, relativa anchura, divanes con funda  de crudillo en el verano y billares. Era un establecimiento con música, dotado de plataforma en el centro de la sala, donde había instalado un piano de cola. El violinista Abelardo Corvino, regordete y de cabello ensortijado, amable y simpático, ejecutaba, junto al joven pianista Enguita, piezas de música clásica para un público eminentemente melómano”. En un momento dado, y para diferenciarlo del de Sol, pasó a llamarse café Nuevo de Levante pero todo el mundo lo conocía como el Levante de Arenal. Seguimos citando a Giménez quien nos cuenta que, poco a poco, “el local se fue llenando de nuevos clientes dispuestos no sólo a escuchar música sino también a formar tertulias. Incipientes escritores y pintores, junto a niñas casaderas y comerciantes formaban el heterogéneo público que asistía a las veladas musicales que, en ocasiones, eran motivo de discusión”. Durante el tiempo que media entre la mitad de la primera y la de la segunda década del siglo XX fue el lugar donde Valle-Inclán sentó cátedra con su famosa y bullanguera tertulia, pugnando con los músicos del café por ver quién se hacía con los respectivos dominios. Las escasas dotes y sensibilidad musicales del genial gallego hicieron que chocara con los melómanos hasta llegar a ordenar con la soberbia y la desinhibición que le caracterizada “¡que se calle Wagner, que no deja que se me oiga”. Lo dice M. R. Jiménez en su blog Antiguos Cafés de Madrid quien añade que, junto a Ramón María del Valle, se encontraban regularmente en aquella tertulia otros genios del entorno de la Generación del 98 como Azorín, Rusiñol, Romero de Torres, los hermanos Baroja, Pío y Ricardo, Gutiérrez Solana o Rafael de Penagos, aún un chaval. Valle llegó a decir del Nuevo Levante que había ejercido más influencia en la literatura “y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y que muchas consagradas academias”. Ricardo Baroja añadió a lo dicho por el creador del esperpento que “los académicos, los consagrados, los profesores de centros de enseñanza oficial del arte nos temían como a la peste”. No es de extrañar con semejante fauna intelectual. El Levante de Arenal cerró sus puertas en 1915 y a continuacion el local lo ocupó una tienda de pañería.

Levante de Sol o Antiguo café Levante

Levante Sol

Fachada principal de café Levante situado en Puerta del Sol, número 5

Desconocemos la fecha exacta pero es en la década de 1870 cuando abre sus puertas al público el Antiguo café de Levante en el número 5 de Puerta del Sol, en uno de los nuevos edificios construidos tras la remodelación de la plaza. Se le llamó antiguo pese a ser más reciente su apertura que el de Arenal sin que sepamos a ciencia cierta la razón de esta inofensiva sinrazón. Por cierto, maticemos que en esta época el que dos locales tuvieran la misma denominación no era algo fuera de lo común y eran los asiduos de uno u otro los que le añadían calificativos como estos de nuevo o antiguo para diferenciarlos. De este local, que cerraría sus puertas en 1966, se puede contar que su primer dueño fue Pedro Gil y Calvo y que quienes lo frecuentaban solían describirlo como un café cómodo, limpio y tranquilo, donde todo el mundo se conocía. En 1892 sus interiores fueron decorados por el pintor Nicasio Pechuán, artista entonces de indudable prestigio, con cuyos lienzos es de suponer que se quisiera rememorar el ya lejano y desaparecido Levante de Alcalá. En el piso superior se instalaron unos amplios y modernos billares que hacían las delicias de los parroquianos, además de un salón especial de uso exclusivo para las damas madrileñas del momento. Fue de los pocos cafés que cruzó con vida la frontera que supuso la Guerra Civil pues, mientras la mayoría de los situados en los alrededores de la Puerta del Sol desaparecieron, éste continuó abierto pese a los inconvenientes y sinsabores del día a día de la contienda. Tras el conflicto fratricida uno de los fundadores de la Falange y pionero de la Vanguardia en España, Ernesto Giménez Caballero, fundó en sus sótanos la llamada Cripta de don Quijote o de los libertadores de América, tertulia con vocación americanista que su fundador quiso convertir en un museo lleno de figuras de bronce de los libertadores de los países de la América hispana. Toreros, actores, literatos en ciernes, periodistas y todo tipo de personajes del mundo de la bohemia pasaron por este lugar con asiduidad. Entre otros de menos renombre hay que citar una vez más a nuestro Nobel de Literatura Jacinto Benavente, al actualizador del sainete Carlos Arniches, al introductor del Modernismo en España Rubén Darío, a José Martí o al torero Marcial Lalanda, el más grande según el popular pasodoble. Otros personajes de prestigio que ocuparon sus mesas y veladores fueron Sinesio Delgado, Mariano de Cavia, Francos Rodríguez y el omnipresente en todas las salsas literarias y mundanas, Ramón Gómez de la Serna, quien se acercaba desde el vecino Pombo para sorprender con sus excentricidades no exentas de contenido intelectual o profano. Cuando el Antiguo café de Levante cierra sus puertas, con España en plena época desarrollista, ya el mundo es otro y los gustos en cuanto a establecimientos de ocio donde compartir opiniones al calor de un café con leche han cambiado. Los intelectuales son otros también. Jubilados o próximos a su ocaso los orgánicos, la nueva hornada probablemente esté más ocupada en husmear en reuniones de oscuros y desconchados sótanos, en su afán de adivinar las inmediatas consecuencias del que se presume será el fin del Régimen. Estarán, por esos años, guardando la gomina, afeitándose el fino bigote, dejando crecer barbas y greñas y contactando con burguesitos exiliados en el extranjero para hacerse una idea sobre las modas del París del 68 que se avecina o el fenómeno beat, ya caduco en los USA pero aún virgen en la piel de toro, con el fin de tener de qué hablar en cualquiera de los cócteles al uso que por esos años comenzaban a ofrecerse. En definitiva, el local se cierra y en sus lugar abre sus puertas un negocio de calzado sustituido décadas más tarde por el actual, de ropa y otros complementos deportivos, símbolo indiscutible de la sociedad de consumo, esa sociedad que ya acechaba en los expansivos años sesenta y que ninguno de esos intelectuales de cerrada y desaliñada barba y greñas aceitosas supo anticipar.

 

 

 

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Publicado por en mayo 13, PM en Cafés

 

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