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Calle de Huertas

26 May
Calle_de_Huertas_(Madrid)

Calle de Huertas aproximadamente a la altura de la plaza de Matute

Si todas las calles del llamado indistintamente barrio de Las Letras, Los Comediantes o Las Musas cuentan con una densa y prolija historia de siglos, la vía de la que hoy vamos a escribir no la tiene menor pues no en vano otro de los nombres por el que se conoce este popular arrabal del Madrid de los Austrias es por el suyo, barrio de Huertas. Ello se debe a esta calle, que discurre entre las plazuelas del Ángel y la llamada de la Platería de Martínez, extensión de la propia calle y desembocadura al populoso paseo del Prado. Debe su denominación a que siglos atrás se encontraba dicha vía en las afueras de la Villa y Corte y a ella daban las huertas del extrarradio. Otra versión nos dice que era lugar de paso hacia las huertas que en la zona denominada del Prado se cultivaban. En cualquier caso, actualmente es una de las vías señeras y más transitadas del centro de la capital, santo y seña del barrio literario pues no en vano en su empedrado se han escrito fragmentos de los principales autores de la prosa y el verso español, lo que hace las delicias del flaneante, que tiene la oportunidad de hacer un alto en el camino para leer versos o fragmentos narrativos aprendidos en su más tierna infancia o adolescencia antes o después de echarse al coleto un trago de cualquier bebida espirituosa en los variopintos garitos que jalonan su recorrido. Dada su importancia, hoy más que nunca queremos echar mano de nuestros guías habituales, Mesonero y Répide, quienes nos relatan sabrosas e impagables anécdotas, como aquellas referidas a que por Huertas y calles adyacentes se refugiaban las sacerdotisas de Venus, dando pie a refranes tan castizos como el de En huertas más putas que puertas o En Huertas una puta en cada puerta. No nos dicen eso ni don Ramón ni tampoco don Pedro, pues su pudor se lo impedía, pero sí que aluden con cierta sorna al hecho de que por aquí moraban en ameno revoltijo las coimas con los comediantes.

Sociedad El Fomento de las Artes

Inocencio Riesgo Le Grand

El sacerdote franciscano Inocencio Riesgo Le Grand

Vayamos pues con los datos oficiales y pongámonos en manos de Pedro de Répide quien, en Calles de Madrid, deja escrito que las huertas cercanas al Prado, “que dieron nombre a esta calle, eran las del marqués de Castañeda, gentilhombre de Enrique IV, y que después pasaron a ser propiedad de los frailes de San Jerónimo hasta que el crecimiento de la villa obligó a su desaparición”. No dan fechas ninguno de nuestros asesores pero se sabe que las huertas del Prado existían allá por mediados del siglo XVII.  Hacia 1920 fecha en la que Répide publica su biblia callejera de la capital, ya la rúa de Huertas tenía su caché pues la califica de “calle muy madrileña, enclavada en el corazón del barrio de los comediantes. Tiene a su comienzo ese atrio maravilloso de la vieja parroquia en uno de cuyos muros se lee aún el azulejo que dice Zementerio -así, con zeta- de San Sebastián”. Obviamente se trata del principio de la calle, del lugar que ocupó el cementerio de la parroquia de San Sebastián y del que dimos cuenta en nuestra entrada dedicada a la plazuela del Ángel,  a donde remitimos al lector porque el trayecto nos apremia y hay bastante que narrar.Y es que en el número 6 de la vía el 7 de noviembre de 1837, Ie sacerdote Inocencio Riesgo Le Grand creó la sociedad El Fomento de las Artes para la instrucción de las clases más populares y “armonizar los intereses de los trabajadores con los maestros”, según consta en los anales de la época. Riesgo Le Grand fue un fraile franciscano madrileño nacido en 1807 y fallecido en 1874, profesor y publicista y en general hombre muy singular. Sólo hay que leer lo que el periódico La Ilustración Católica comentaba en su edición del 15 de diciembre de 1882, con motivo de un homenaje póstumo, al cumplirse el 75 aniversario de su nacimiento. No pierdan ripio porque el texto lo merece. Dice La Ilustración: “Hace años que la sociedad denominada Fomento de las Artes se distingue por el carácter un tanto avanzado de sus ideas pues allí han ejercido su magisterio hombres de doctrinas funestas y, aunque neutral a todos los partidos, ha dominado entre sus socios el elemento democrático. Pues bien, esta sociedad va a celebrar, justamente el día de los Inocentes, el aniversario del nacimiento de su fundador, y, ¡oh, pícara fatalidad! su fundador resulta que frue… ¡un fraile! El padre Inocencio Riesgo Le Grand perteneció a la orden de San Francisco y él fue quien por verdadero y legítimo amor al pueblo instituyó el Fomento de Artes que, andando el tiempo, había de ser cátedra de sacerdotes apóstatas. Los impíos podrán clamar cuanto les plazca contra los tiempos pasados y entonar himnos en loor de los presentes pero la historia imparcial dirá a las generaciones futuras que todas las grandes instituciones como los insignes monumentos tienen por primera página el nombre de un religioso, o de un sacerdote o de un caballero cristiano, mientras que la última pertenece a cualquier revolucionario que medró a costa de la institución disuelta y del monumento destruido”. Sobran las palabras y los comentarios pero bien se puede añadir aquí aquello de que Dios escribe derecho con renglones torcidos ya que se trató de un fraile atrevido, avezado y avanzado sobremanera para su tiempo y con un pensamiento muy contrario a lo que de él podría suponerse.

El príncipe Muley Xeque

Palacio de Santoña

Fachada del palacio de Santoña donde habitó algún tiempo el príncipe Muley Xeque

Pero no nos detengamos más y sigamos nuestro camino hasta llegar a la esquina con la calle del Príncipe, donde se encuentra el llamado palacio de Goyeneche, según Répide, “uno de los caracterizados palacios de estilo madrileño, con sus portadas barrocas y sus anchos balcones”. Esta fisonomía se debe a la reforma que llevó a cabo Pedro de Ribera por orden del político, banquero y terrateniente navarro Juan Francisco de Goyeneche que adquirió el caserón en 1731 y que deseaba que Churriguera se lo reformara. La muerte del arquitecto en 1725 obligó a que fuera el continuador de dicho estilo, el arriba citado Pedro de Ribera, quien labrara en granito la portada que da a nuestra calle de hoy. Pero debemos remontarnos al siglo XVI para esbozar la historia del edificio. En esa época fue la casa de Ruy López de Vega, de los marqueses de Fresneda y de los vizcondes del Fresno. En ella vivió el príncipe de Marruecos, Muley Xeque, quien se convertiría al cristianismo con el nombre de Felipe de África. El también llamado príncipe negro. La historia de este hombre tiene su aquel y merece la pena hacer un alto en el camino para narrarla. Había nacido en Marrakech en 1566, hijo del sultán Saadí Muhammad al-Mutawkkil quien, tras reinar desde 1574 hasta 1576, fue destronado por su tío Abd al-Malik. Ayudado por las tropas portuguesas del rey don Sebatián, Saadí hizo frente a su pariente con escasa fortuna para todos pues no en vano se llamó al enfrentamiento batalla de los tres reyes ya que todos perdieron la vida en la refriega, dando paso al reinado del hermano de Abd al-Malik. En consecuencia, Muley Xeque debió exiliarse y llegó a España con doce años de edad, asentándose en la localidad sevillana de Carmona. Decidió abandonar la religión musulmana tras asistir a una romería en Andújar y fue bautizado en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, apadrinado por el mismo Felipe II, de quien tomó el nombre. Fue designado grande de España y comendador de Santiago y pasó a residir en esta calle de Huertas, haciendo amistad, entre otros, con Félix Lope de Vega, quien le dedicaría una comedia y al menos un soneto. Al decretarse la expulsión de los moriscos, la presencia del antiguo musulmán en la corte resultaba políticamente incorrecta, razón por la que decidió trasladarse a las posesiones españolas en Italia, muriendo cerca de Milán en 1621. Volviendo al palacio que le dio asilo hay que decir que en el siglo XIX fue vivienda de los ricos y aparentemente desprendidos marqueses de Manzanedo, duques de Santoña, quienes en sus salones celebraron suntuosas fiestas. También hay que dejar consignado que fue la última residencia del presidente del Gobierno José Canalejas, asesinado alevosamente en la Carrera de San Jerónimo, desembocadura a Puerta del Sol, el 12 de noviembre de 1912. Vecino del palacio fue anteriormente Miguel de Cervantes, como él mismo apunta en la Adjunta del Parnaso. Pero sigamos adelante recordando que por estos pagos estaba la taberna de Lepre, de la que hablábamos en la entrada de la calle del Príncipe. Más abajo, en la esquina con la calle del León, se encuentra el edificio que fue sede de La Mesta y del que también dimos cumplida cuenta en la mentada entrada dedicada a esta popular vía matritense, como igualmente escribíamos del edificio que se encuentra enfrente, el Nuevo Rezado, que hoy es ocupado por la Real Academia de la Historia.

Fachada meridional del convento de las Trinitarias

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Fragmento del comienzo del Quijote en las baldosas de la calle Huertas

Nos dice Pedro de Répide que desde esta esquina de la calle de Las Huertas con la del León hasta el Prado “pueden ser lugares señalados la fachada meridional del convento de las Trinitarias, la lápida que honra la memoria del gran dibujante madrileño Urrabieta Vierge y sobre lo que fue huerta de los Capuchinos, entre la calle de Jesús y el Prado, el beaterío y jardín de las Hermanas de la Caridad”, enfrente del que existía, por cierto, en tiempos de nuestro Ciego de Vistillas un pintoresco patio de chispería “con su fragua crepitante y un árbol añoso que parece dar un prestigio patriarcal a aquel paraje, digno de mover la inspiración de un pintor”. Pero detengámonos en el convento de las Madres Trinitarias, actualmente en boga porque se está intentando dar con la tumba de Miguel de Cervantes mediante técnicas muy novedosas en cuanto a la detección de restos humanos. Es probable que próximamente se consiga encontrar la osamenta del manco más venerado de la historia de la literatura, hecho que nos alegraría sobremanera y que resolvería uno de los enigmas más debatidos en el ámbito cultural español. Que así sea. Mientras tanto, digamos que el actual convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso y San Juan de la Mata es un conjunto arquitectónico cuya construcción primitiva data de 1609 aunque la edificación actual corresponde a ampliaciones y reformas posteriores. Consta de una iglesia y de un convento fundado también en la fecha de su construcción por Francisca Romero, hija de Julián Romero, general de los ejércitos que Felipe II desplazó a Flandes. En 1673 se llevaron a cabo obras de ampliación que debieron interrumpirse en 1688 debido a la muerte del arquitecto Marcos López. José del Arroyo continuaría la reforma, que llegaría a buen fin diez años más tarde, en 1698. Como es sabido y lo apuntábamos líneas atrás, en la antigua iglesia recibió sepultura el autor del Quijote aunque el templo actual presenta otra configuración, destacando por estar rodeado por el convento. Aquí profesaron una hija natural de Cervantes y sor Marcela de San Félix, la que viera pasar el cadáver de su padre, Lope de Vega, camino de la iglesia de San Sebastián, antes de recibir sepultura en el cementerio que Répide nos nombraba al inicio de la entrada. Algunos de los muebles que en la actualidad se exhiben en la casa-museo de Lope de Vega, en la cercana calle de Cervantes, fueron donados por las religiosas con el fin de ponerlos a disposición de los visitantes de la última residencia del fénix de los ingenios. Y aquí abandonamos nuestro caminar por la calle de Huertas. No, no nos hemos olvidado de la plaza de Matute o de la Platería de Martínez, ambas lugares de flaneo agradable y remansos de paz tanto si se viene del Prado como si nos coge de paso desde el centro en nuestro descenso por la vía que hoy hemos transitado. En otra ocasión nos ocuparemos con la profundidad que merecen estos dos pequeños recintos porque aunque sus dimensiones hagan pensar que poco hay que decir de ellos, nada más lejos de la realidad. Tanto Matute como Platería de Martínez cuentan en sus anales con sabrosas realidades y no menos suculentas leyendas dignas de plática más extensa que un simple apéndice al final de Huertas. Otro día será.

 

 

 

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Publicado por en mayo 26, PM en Calles

 

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