RSS

Hospital General de Atocha

07 Jun
Hosptial de Aocha hacia 1900

Vista del Hospital General de Atocha hacia 1900

En la actualidad son numerosos los centros sanitarios con los que cuenta Madrid, ya sean públicos, concertados o privados. Siempre ha sido así, más o menos, y pudiera parecer que todo lo que se dijese a la contra no tendría mucho sentido. Pero no parece que pensaran de igual manera nuestros gobernantes allá por los años sesenta del siglo XVI, cuando Madrid se convierte en Corte por mor de la decisión de Felipe II de nombrar a la Villa capital del reino. Por esas fechas se va consolidando la idea de que es necesario unificar todos los servicios dedicados al cuidado de la salud de sus habitantes, que en aquellos tiempos se encontraban mezclados en mayor o menor armonía con los que se dedicaban al cuidado de huérfanos, pobres, mujeres y hombres de forma independiente, religiosos, militares o civiles, separados en distintos edificios… Es decir, se mezclaba caridad y sanidad.  Además, este tipo de establecimientos solían encontrarse en manos de religiosos y se financiaban mediante limosnas y donaciones privadas de gentes pudientes aunque también contaban con la protección del monarca en cuanto a tener en sus manos la explotación de espectáculos públicos como el teatro o los toros. Pese a ello, se demostraba día a día, sobre todo a medida que Madrid crecía en población como consecuencia de haberse convertido en capital del reino, la necesidad de una ordenación del sistema sanitario acorde con las necesidades del momento histórico y, aunque ya Carlos I ordenó estudiar las posibilidades de racionalizar los servicios sanitarios, será Felipe II quien ordene que se diseñe un plan que lleve a la unificación de los mismos en una misma sede, en un mismo edificio y en un mismo hospital. Ese será el motor que conduzca a la creación del Hosptial General de Atocha, situado donde hoy se encuentra el museo de arte Reina Sofía, que cubrirá con sus serivicios una gran parte de las necesidades sanitarias de los madrileños durante el periodo que abarca desde principios del siglo XVII hasta mediados del siglo XX. Cuando cierre sus puertas en 1965 Madrid ya se habrá convertido en una ciudad muy distinta a la que se encontraron los Austrias en el siglo XVI y las necesidades sanitarias de la población serán otras muy distintas de las del siglo de oro.

Unificación hospitalaria

Cristóbal_Pérez_de_Herrera_(1598)_Discursos_del_amparo_de_los_legitimos_pobres

Discurso del amparo de legítimos pobres de Pérez de Herrera

El runrún de la necesidad de proceder a una reunificación hospitalaria venía ya de atrás, de finales del siglo XV. Los Reyes Católicos, Carlos I y los diversos organismos de gestión y gobierno de la cosa pública habían especulado sobre ello y las Cortes de Segovia habían impuesto dentro de sus competencias la necesidad de llevarla a cabo.  Pero lo cierto es que tanto la voluntad real o del Consejo como los subsiguientes edictos de unificación se iban diluyendo con el paso del tiempo sin que se tomaran decisiones prácticas. Hasta que Felipe II dispone la definitiva refundición en uno común de los diversos centros sanitarios. Nos cuenta Mesonero Romanos que se llevó a cabo “en 1581, colocándose entonces en el edificio situado entre la calle del Prado y Carrera de San Gerónimo, que fue después convento de Santa Catalina”. En este edificio hospitalario vinieron a reunirse entre otros los de Campo del Rey, San Ginés, Amor de Dios, Pasión, Convalecientes o La Paz, bajo el nombre de Hospital General de la Encarnación y San Roque. Pero al poco tiempo de llevarse a cabo esta fusión se percibió que las instalaciones se quedaban muy cortas para las necesidades de la Villa y se decide trasaladarlo a un solar cercano al camino Real que llevaba a la ermita de Nuestra Señora de Atocha, un solar donde se hallaba establecido un albergue para mendigos que debidamente acondicionado acogió a los enfermos, solo hombres, desde 1603. Las obras de remodelación del inmueble habían comenzado en 1596, diseñándose una planta rectangular dividida en cuatro naves perimetrales que iban a dar a cuatro patios interiores. Se desconoce quién o quiénes fueron los arquitectos aunque se sabe que para su diseño y construcción se tomaron las líneas generales de hospitales de Milán y Roma. Lo que sí sabemos es que fue el militar y médico Cristóbal Pérez de Herrera, uno de los hombres más interesantes de la época en el campo de la medicina, quien marcó las líneas generales de lo que tendría que ofrecer este nuevo hospital. Por encargo de Felipe II escribió en 1598 el informe titulado Discursos del amparo de los legítimos pobres y reducción de los fingidos, obra en la que proponía algunas soluciones para acabar con la dispersión de los centros hospitalarios. La construcción de una iglesia se incluía en el proyecto, abriendo sus puertas hacia 1620. A ella se trasladarían los restos de Bernardino de Obregón, primer gestor del centro y que habia fallecido en la ubicación anterior en Prado-San Jerónimo y del que hay que decir que fue uno de los visionarios que, además de tener una idea más o menos avanzada de lo que debía ser una sanidad moderna, supo convencer a los gobernantes para llevarla adelante. De él se cuenta una leyenda maravillosa que recoge Mesonero en su Antiguo Madrid y que habla de un cambio de vida fulminante, de noble más o menos mundano y disipado a servidor infatigable de los pobres. Hacia 1656 se considera que las obras están acabadas y el plano de Texeira de la época refleja un complejo con 17 salas, con capacidad cada una de ellas para 60 enfermos, incluyendo el hospital de la Pasión, para mujeres, anejo al edificio principal y formando parte del proyecto. Durante este periodo y hasta finales de siglo el rector del hospital tuvo a su cargo la administracion de las diferentes casas de hospitalidad que formaban el complejo. A saber, la vecina cárcel de mujeres llamada La Galera, la Casa de Locos, el Hospital de Convalecientes y los Desamparados. La documentación administrativa de la época menciona el conjunto como Hospital General de la Pasión y casas agregadas. Se sabe que hacia mediados del siglo XVIII se atendía a cerca de 14.000 enfermos anuales. Sin embargo, la unificación no fue total. Ni mucho menos porque se sabe que se siguieron edificando otros centros no agregados que ofrecían servicios sanitarios. Es el caso del de La Concepción y Buena dicha, Montserrat, San Antonio de los Portugueses o el de los Flamencos, entre otros. Por otra parte, los problemas financieros nunca se solucionaron, el incremento de enfermos ponía en solfa la capacidad del centro de Atocha y las continuas guerras hacían que las salas estuvieran abarratodas de soldados de forma regular. El hospital, además, estaba obligado a abastecer de alimentos básicos a algunos de los hospicios y pese a que desde el Palacio Real se concedían sisas, rifas e incluso los privilegios sobre la impresión de la Gramática de Nebrija, nada era suficiente para cuadrar cuentas.

Época ilustrada y nuevo edificio

Fernando_VI

Fernando VI impulsó la creación del nuevo hospital. Foto es.wikipedia.org

Cuando los borbones llegan a España de la mano de Felipe V la situación no es nada boyante en lo económico. Nos lo resume perfectamente Mesonero Romanos al apuntar que “en tiempo de las guerras de sucesión vino a una espantosa decadencia; pero la magnanimidad de Fernando VI consiguió levantar de la postración este piadoso instituto a costa de enormes sacrificios, donaciones y mercedes. Su sucesor, Carlos III, emprendió bajo la dirección del ingeniero José Hermosilla la obra colosal del nuevo Hospital General que después continuó bajo la dirección de Francisco Sabatini y que sería verdaderamente asombrosa si hubiera llegado a terminarse”. Y es que Fernando VI intentó poner orden en lo económico y en cuanto a dotaciones, liquidando deudas contraídas anteriormente e intentando una nueva unificación hospitalaria. El Hospital General disfrutará acontinuación de un nuevo periodo de esplendor y el superávit de las arcas  hace que la junta de gobierno del centro se plantee la construcción de un nuevo edificio, más acorde con las nuevas necesidades. Hermosilla diseña un proyecto que es aprobado por el monarca en 1756 y de forma inmediata se adquieren los solares adyacentes. Sin embargo, durante toda esta fase de compra y permuta de solares fallece Fernando VI, aunque un Hermosilla dedicado en cuerpo y alma al proyecto evita una nueva paralización. Cuando Carlos III accede al trono en 1759 se encuentra un hospital a medio construir pero ya encaminado y con una estructura arquitectónica muy parecida a la que hoy podemos observar en el entorno del Reina Sofía. El edificio que hoy hace las veces de museo, estaba dedicado a enfermería y el actual conservatorio era el denominado Cuadro Grande que acogía entonces otras necesidades sanitarias. El edificio, en definitiva, reunía a hombres y mujeres en salas claramente separadas pero la obra todavía no estaba completa. Carlos III no desliga la puesta al día del hospital de la revitalizacion de la zona del paseo del Prado, con el Jardín Botánico o el Observatorio como otras obras importantes de su mandato.  Es así que en 1796 se demolieron las últimas edificaciones anexas al hospital con el fin de ir ampliando y mejorando la calidad de las instalaciones. Sabatini había sustituido a Hermosilla en la dirección de los trabajos y progresivamente se van ejecutando las diferentes secciones planificadas en principio. Igual sucedería a la muerte de aquel, siendo Villanueva en esta ocasión el encargado de tomar el relevo.

Labor de investigación formativa

Diego_de_Argumosa_con_otros_cirujanos

Cirujanos del San Carlos posando para la posteridad en un retrato de hacia 1880

Al margen de su función como centro sanitario el Hospital General de Atocha dio muestras desde el comienzo del siglo XVIII de su vocación formativa en el ámbito de la investigación médica. Nada más lógico en el denomiando siglo de las luces y de la mano de la casa real francesa que ocupó el trono español. Es de notar que ya en 1701 el centro se dotó de una cátedra de Anatomía ubicada en los sótanos del centro y que los médicos del hospital tenían la obligación mínima de “despiezar anatómicamente ante sus alumnos unas doce veces al año”. Leemos en la enciclopedia virutal Wikipedia que cuando se creó el nuevo hospital se le encomendó al Hermano Mayor Juan Lorenzo del Real “la tarea de crear el primer colegio de cirujía de España siguiendo el modelo de los franceses. Se creó así el Real Colegio de Cirujanos de San Fernando y su recorrido fue corto debido a la oposición del protomedicato y del gremio de cirujanos y sangradores reunidos en la Real Cofradía de San Cosme y San Damián”. Disputas propias de dos formas de ver la ciencia un tanto enfrentadas, la ya obsoleta de los sangradores y médicos tradicionales frente a los nuevos aires científicos del siglo de la razón. Los tiras y aflojas seguirán hasta que progresivamente la balanza se va inclinando del lado del sentido común y en 1762 se creará la cátedra de Anatomía Especulativa. En  1783 se elabora y entrega a Sabatini una propuesta de edificio independiente dentro del complejo en el que deben residir los estudiantes de medicina. Y así, los espacios específicos creados para el funcionamiento del Real Colegio de Cirujanos acogerán un anfiteatro, una librería, un gabinete y un laboratorio. Al año de funcionamiento se constituyó la Escuela Teórico-Práctica en competencia con el colegio, por la que se interesó directamente el rey Carlos III, pero que obligaba a una nueva remodelación de espacios del complejo médico hospitalario. Lo cierto es que a principios del siglo XIX entre obras acabadas e inacabadas el centro sanitario constaba en la práctica de tres partes claramente diferenciadas, el Hospital General Antiguo, el de la Pasión, ahora dedicado fundamentalmente a la investigación médica y las galerías del nuevo hospital, cuyas obras ya hacía más de medio siglo que se habían iniciado. Problemas financieros impedían completar el ambicioso proyecto de Hermosilla y el advenimiento cercano de la invasión napoleónica hizo el resto para paralizar definitivametne el acabamiento del proyecto. Desde entonces y hasta su cierre en 1965 lo más que se llegó a realizar en el ámbito arquitectónico fueron puntuales obras de mantenimiento. El advenimiento del siglo XIX no supone modificaciones importantes, como decíamos líneas atrás, para el centro hospitalario. Napoleón lo dedica a hospital de campaña lo que obligó a desplazar a los enfermos madrileños en otros centros sanitarios. Los fondos económicos son escasos y, cuando finaliza la contienda, el hospital apenas si podía hacerse cargo de las urgencias más graves. Pocos son los cambios que se producirán durante el primer tercio del siglo XIX. Quizás el más destacado será el del Colegio de Cirujía, que pasará a ocupar el antiguo edificio de la Pasión para lo que se derribará el viejo inmueble aunque los problemas financieros harán que las obras se prolonguen durante unos diez años, desde que en 1831 se aprobara el proyecto. El avance más importante en este periodo tiene que ver con un nuevo sistema de enseñar la medicina, ahora ya con los futuros médicos en contacto con los pacientes desde su periodo formativo. La idea no fue excesivmaente bien acogida en un principio por los médicos del hospital pero al final los galenos cedieron, no sin polémica, por mor del decreto de Isabel II de 1846 donde se obligaba a crear salas para este fin. Esta decisión está en el origen de la denominación de Hosptial de San Carlos como centro de instrucción e investigación médica, que hoy tiene su prolongación en el actual Hosptial Clínico San Carlos, situado en los alrededores de la ciudad universitaria.

Cierre en 1965 y posterior rehabilitación como centro cultural

Reina Sofía

Edificio del Hospital General en la actualidad, sede del Centro de Arte Reina Sofía. Foto es.wikipedia.org

A partir de mediados del siglo XIX el edificio no sufre más modificaciones que las propias de un país que vive convulso al pairo de los rifirrafes políticos o militares, los camibos de regímenes u otras circunstacias coyunturales. Con el advenimiento de la dictadura franquista y la creación de la ciudad universitaria y otros recintos médicos como el actual hosptial Gregorio Marañón -entonces Ciudad Sanitaria Francisco Franco- el centro de Atocha fue perdiendo competencias, cerrando sus puertas en 1965.  Su estructura arquitectónica fue languideciendo exponiéndose a una degradación severa, víctima del abandono de sus dependencias. Un estudio llevado a cabo en 1969 llegó incluso a recomendar su demolición y proponía abiertamente especular con unos terrenos que se encontraban en una zona asaz apetitosa. Ante esta amenaza, Fernando Chueca Goitia recogió el malestar existente en una parte de la sociedad madrileña y solicitó a la Real Academia de la Historia su declaración como monumento artístico. Fue el aldabonazo de salida en busca de la conservación y rehabilitación de un edificio en el que el desarrollismo franquista tenía puesto el ojo con aviesas intenciones. En 1977 el Ministerio de Educación se hace con el edificio y se buscan alternativas para su uso, todas ellas relacionadas con la cultura. Se considiera que es necesario rehabilitarlo y las obras cominezan en 1980 con la mejora de la fachada, dentro de un más amplio proyecto de reforma de la zona que rodea la glorieta de Atocha. En 1982 se abre un centro artístico en el inmueble como paso previo al 10 de septiembre de 1992, fecha en la que quedó inaugurado, con su denominación y objetivos actuales, como Centro de Arte Reina Sofía. Desde entonces, el popularmente denominado Sofidú se ha convertido en uno de los museos más importantes de la capital, sobre todo tras la decisión de trasladar a sus dependencias el espectacular y trascendental Guernica de Pablo Picasso.

Muchos datos en el tintero

Terminamos este breve, incompleto y en algunos momentos farragoso transitar por la historia del Hospital General de Atocha, también llamado según los momentos o los usos Hospital General de la Pasión, Hospital General San Carlos u Hospital Provincial de Madrid. Muchos datos interesantes se nos quedan en el tientero, tanto referidos a los pormenores de su diseño y edificación primitiva como a los que tienen que ver con personas que pusieron su granito de arena tanto en el plano arquitectónico como en el adminsitrativo o como en el referido al ámbito específico de la medicina y su evolución. Quizás nuestra ambición ha sido mayor que nuestra destreza para plasmarlos aquí. Incluso en el plano anecdótico podríamos haber hecho una pausa para narrar tanto las vicisitudes que corrió el centro hospitalario durante la guerra de la Independencia, con un intento de llevar a sus propias dependencias el enfrentamiento entre franceses y españoles. Tampoco nos olvidamos del apartado legendario que ha envuelto a personas relacionadas con el edificio, como es el caso de Bernardino de Obregón. Ni de la polémica más reciente generada con la supuesta aparición de misterios fantasmagóricos que ha hecho que la prensa especializada en fenómenos paranormales o incluso la generalista se hayan ocupado de elucubrar sobre apariciones, empujones de maléficos seres incorpóreos a profesionales del museo, apertura de forma irracional de puertas de ascensores o incluso sobre la presencia del espíritu de un sacerdote que acabó sus días en un camastro del antiguo hospital y debió fallecer sin haber finalizado su labor en el valle de lágrimas. Mucha información hay, tanto impresa como en la red, que pueda alimentar a quienes se hayan quedao con hambre de más información o de mejor calidad que la que aquí se ofrece. A ella remitimos a nuestros fieles aunque no muy numerosos lectores no sin antes lamentar no haber podido ser más precisos en cuanto al dato, a la explicación o a la propia evolución a través de los tiempos de un centro hospitalario que ha sido el eje de la vida matritense a lo largo de más de tres centurias y que merecería al menos no desparecer ni en el plano físico ni en la memoria de quienes vemos en el pasado la mejor lección para el presente o el futuro.

 

Anuncios
 
4 comentarios

Publicado por en junio 7, AM en Obra civil

 

4 Respuestas a “Hospital General de Atocha

  1. Lola

    octubre 7, AM at 09:21

    Por Dios, revisa los pies de fotos. Existen errores en la identificación

     
  2. Leovigildo

    enero 5, AM at 09:52

    La primera imagen no corresponde al antiguo Hospital General de Atocha sino al denominado Palacio de Fomento (actual sede del Ministerio de Agricultura), construido en la misma plaza en la década de 1890 siguiendo el proyecto del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: