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Pedro de Ribera

25 Ago
South-east facade of Cuartel del Conde-Duque (1736) in Madrid (Spain).

Cuartel del Conde-Duque. Wikipedia.org

Nuestro peregrinaje por las calles de Madrid nos lleva en esta ocasión a fijarnos en la obra de uno de los arquitectos más brillantes, imaginativos y, sobre todo, más trascendentes para la estética moderna de la Villa y Corte y que, sin embargo, pasa por ser uno de los grandes desconocidos para el común de los madrileños. Incluso a flaneantes habituales de la topografía matritense su nombre no les trae a la memora más que algún remoto recuerdo. Eso sí, resultan familiares las fachadas del Cuartel del Conde-Duque, del palacio del marqués de Perales, del palacio del marqués de Miraflores o del Hospicio. Todas son obras suyas. Sorprende y admira la estética del puente de Toledo y también salió del magín de este profesional de la arquitectura. Se conoce la portada de la capilla del antiguo Monte de Piedad y no quién fue su autor. Obviamente, para los expertos en arte Pedro de Ribera no es uno más de los múltiples arquitectos cuyas obras se encuentran diseminadas por las calles de Madrid sino uno de los más significados profesionales del diseño y desarrollo de edficios públicos que dio el Barroco español. El Barroco castizo, entendiendo por castizo lo propio, lo autóctono, lo singular y lo personal de alguien nacido en Madrid y que en su propia ciudad desarrolló la práctica totalidad de su carrera profesional. Su extracción social humilde contibuye a ensalzarlo en mayor medida pues si siempre ha sido tarea de titanes el medrar socialmente a base del propio esfuerzo, más lo debió ser para este discípulo de Churriguera, que tuvo en su contra el proceder de una humilde cuna, además de no contar con el beneplácito del monarca de turno, que no fue otro que el primer Borbón, Felipe V. Por otra parte, y si nos hacemos caso del tópico que dice que una mancha con otra se quita, hay que ser justos y dejar constancia de que contó con la protección y el apoyo del corregidor de Madrid, Francisco de Salcedo y Aguirre, marqués de Vadillo. Tampoco podemos dejar de hacernos eco de las duras críticas que sufriría su forma de hacer, fundamentalmente durante el periodo neoclásico aunque también durante la época romántica, cuando se le llegó a denominar corruptor del buen gusto. Y cosas similares o peores. Antonio Ponz, Fernandéz de los Ríos o el propio Mesonero Romanos no perdían ocasión de zaherir la arquitectura y la fama de Ribera, lo que no dejaba de ser una muestra significativa del sentir artístico de la opinión pública del Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX.

Nacido en la calle del Oso

Pedro de ribera-casa_2

Casa de Pedro de Ribera en la calle Embajadores, nº 26. Foto Arte en Madrid

Pedro de Ribera nació el 4 de agosto de 1681 en la casticísima calle del Oso, en el barrio de Embajadores, en pleno ocaso del imperio español, y fue el encargado de desarrollar de forma plena, durante el primer tercio del siglo XVIII, los principios de lo que se denominó como Barroco exaltado, iniciado por José de Churriguera. Ofreció a la ciudad puentes, palacios, fuentes monumentales, iglesias y diversos edificios públicos, algunos de los cuales ya se han perdido mientras que otros muchos todavía están en pie y son una magnífica muestra de lo que dio de sí la obra de este genio. Seguimos en esta ocasión a la experta Mercedes Gómez, quien en el blog Arte en Madrid, nos dice que los progenitores de Ribera fueron “Juan de Ribera y Josefa Pérez. Su padre era aragonés y se había trasladado a la capital con la intención de desempleñar su profesión de carpintero ensamblador. Así, el niño Pedro creció en un ambiente humilde pero relacionado con el mundo de la arquitectura por lo que aprendió pronto el oficio y estuvo en contacto desde pequeño con maestros de obras y arquitectos, gracias a lo cual empezó a formarse en esta disciplina de forma natural”. Se casó tres veces, la primera en 1702, y este hecho coincide en el tiempo con su enrolamiento en el ejército de Felipe V como jornalero de las obras reales. Su trabajo durante la contienda -nos dice Gómez- consistía en levantar las tiendas reales, lo que lo convertirá a continuación en Maestro de Tiendas de Madera de la Campaña de la Real Caballeriza. Los Borbones han llegado a España y sus gustos arquitectónicos coinciden poco o nada con las modas de los naturales de aquí por lo que los artistas españoles quedarán relegados a un segundo plano en un momento en que la arquitectura pasará a tener un protagonismo notorio en la modernización de la capital del reino. Su segundo matrimonio se celebrará en 1711 y, al igual que el primero, con otra mujer de sobrada capacidad económica, lo que le permite vivir con deshagogo mientras comienza a sentar las bases de su trayectoria profesional. En 1715 es nombrado Alarife de la Villa, y ello le permite según Mercedes Gómez “además de tener un sueldo fijo, desarrollar la profesión de arquitecto. Así que a partir de ahí creó sus obras más importantes y su prestigio fue creciendo gracias sobre todo al apoyo del alcalde”. Como decíamos líneas atrás, el marqués de Vadillo fue sensible desde el principio a la forma de hacer de Ribera “con quien además parece ser entabló una relación amistosa y le encargó obras urbanísticas y arquitectónicas que resultarían fundamentales para la ciudad”.  Muere el marqués de Vadillo en 1729 pero ya por entonces Pedro de Ribera se ha consolidado como uno de los arquitectos más importantes de la Villa y Corte y su saber no se pone en cuestión. Diseña el sepulcro de su amigo y corregidor en la ermita de la Virgen del Puerto y por estas fechas participa en obras tan importantes como el puente de Toledo o el cuartel del Conde-Duque. Es nombrado Teniente del Maestro Mayor, lo que supone un aldabonazo en su carrera profesional, y el maestro Churriguera le encarga la continuación de las obras de la iglesia de San Cayetano, en la calle de Embajadores, uno de los edificios barrocos más significativos de Madrid, situado muy cerca de su lugar de nacimiento y de la vivienda donde moraría la mayor parte de su vida. En 1726 alcanza el grado máximo municipal para un arquitecto, el de Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua. Cuenta ya 45 años y ha vuelto a enviudar. Todavía volverá a reincidir en el matrimonio aunque en esta ocasión ya cuenta con una holgada posición social y económica. Por tanto, ahora lo más importante para él es desarrollar toda su capacidad profesional. Su madurez se plasma en el Anitugo Hospicio de San Fernando, sito en la calle Fuencarral, y que pasa por ser uno de los edificios más emblemáticos y respresentativos de su estilo. Otros trabajos de esta época son la iglesia de San José y los palacios de los duques de Santoña y de los marqueses de Perales y Miraflores. Murió en su casa de la calle Embajadores 26, frente al templo que él terminó de construir, el 19 de octubre de 1742 y allí mismo en San Cayetano reposan sus restos.

Baquetones, estípites, formas bulbosas…

Hospicio de Sao. Foto agrega.educación.es

Fachada del Hospicio. Foto agrega.educacion.es

Tomamos de la enciclopedia virtual Wikipedia la definición del estilo y los elementos característicos de la obra de Pedro de Ribera, destacando en primer lugar los novedosos elementos que singularizan su lenguaje arquitectónico, “entre los que se puede citar los baquetones en sección asimétrica y más salientes que los utilizados hasta su época, que enmarcan frecuentemente la puerta del edificio. Una constante en su obra es la presencia de un módulo de fachada que repite sin variaciones, formado por la fusión de la puerta y la balconada superior, habitualmente muy decorado todo ello. Utiliza también imitaciones en piedra de cortinajes plegados, telas, borlas y elementos similares, tomados quizá de las arquitecturas efímeras tan frecuentes en la vida cortesana”.  Pero uno de los elementos más personales de la obra ribereña es el estípite “que utiliza en sustitución de la columna o añadido a ésta. La parte central del estípite suele estar formada por un cubo que se prolonga en dos pirámides truncadas, la inferior más alta que la superior. Todo el conjunto suele estar recubierto con abundante ornamentación. Asimismo, es importante el partido que supo sacar Pedro de Ribera de la cúpula y las posibilidades decorativas. Muchas de ellas adquieren formas bulbosas, extrañas a la arquitectura tradicional castellana. Sin embargo, utilizó también el chapitel característico de la arquitectura herreriana”. Queda clara la capacidad de introducir elementos novedosos en un estilo barroco que parte de las bases que dejó sentadas José de Churriguera pero que persigue trascender al maestro consiguiéndolo con innovaciones que permitan manifestar una personalidad propia. Sería excesivo y cargante enumerar todas las obras de Pedro de Ribera, que se conocen bien por los archivos arquitectónicos o bien porque aún se encuentran en pie en nuestra ciudad. Una pequeña reseña y explicación de las más significativas contribuirá a completar este perfil biográfico y profesional de este madrileño que supo dejar su impronta en significativos monumentos o edificos. J.L Gamallo en el blog El Madrid barroco de Pedro de Ribera nos describe al pormenor las características de sus obras más significativas y a él vamos a recurrir para verterlas en esta entrada. Comenzando por el palacio del marqués de Perales, ubicado en la calle de la Magdalena, Gamallo destaca su majestuosa portada en cuya parte inferior “se abre la puerta bordeada por una gruesa moldura curvilínea flanqueada por estípites. Encima, el gran balcón con el escudo de los marqueses. Se remata el conjunto con otra de las constantes de Ribera: un óculo ovalado”. Dejamos atrás la actual Hemeroteca Nacional y cruzando Atocha llegamos a la esquina de las calles Huertas y Príncipe donde se erige el palacio de Santoña. Dice Gamallo que “Ribera levantó la fachada de Huertas, que posteriormente fue iterada en la fachada del Príncipe. Nuevamente hizo gala de su inventiva con otra fachada retablo, ahíta de elementos ornamentales”. En la Carrera de San Jerónimo se encuentra el palacio del marqués de Miraflores. En este edificio “del maestro sólo se conserva la regia fachada, una de las más majestuosas y solemnes, de cinco plantas, donde de nuevo nos sorprende Ribera con su imaginación portentosa”. En la calle de Alcalá se puede admirar el palacio del marqués de Torrecilla, “el edificio actual se construyó después de la Guerra Civil aunque se conserva la bella fachada ribereña, que rompe el habitual esquema añadiendo justo encima de la puerta un pequeño balcón, lo que permite dar al balcón principal una mayor prestancia por medio de un saliente, bellamente decorado en la parte inferior”. Si hay un par de obras de Pedro de Ribera que sobresalen de entre toda su producción esas son el cuartel del Conde-Duque y el Real Hospicio del Ave María y San Fernando. Del cuartel hay que destacar “la fachada, que se ha conservado casi intacta. Al ser la entrada de un acuartelamiento y no de un palacio carece del necesario balcón al que se abre el salón principal. Forma un todo, acumulándose la decoración en la parte superior, dividida por una cornisa en forma de frontón triangular. Abajo, sobre un tondo, se despliega el vellocino de oro, con el nombre del monarca -Felipe V- rodeado de guirnaldas y flores, situándose en la clave la efigie de un gigante. Sobre el frontón las armas de Felipe V, con la corona real, bordeadas por los eslabones de la Insigne Orden del Toisón de Oro”. En cuanto al Real Hospicio, la fachada es nuevamente lo que en primer lugar nos llama la atención. Y es que en ella Ribera dio rienda suelta a toda su capacidad de creación “diseñando una fantástica obra que parece tomar vida, que se retablo pétreo, superba escenografía lapídea, es producto de un sueño. En una especie de desafío al horror vacui, todo se ocupa con flores, rocallas, estípites, óculos ovalados y trilobulados, veneras, etc. Como es habitual la portada se divide en dos niveles: el inferior, la puerta en sí, con óculos trilobulados en las esquinas, y sobre la clave el escudo real entre dos óculos”. No podemos concluir esta panorámica general de la obra de Pedro de Ribera sin citar la fuente de la Fama, situada en uno de los costados del Hospicio, en los jardines dedicados al arquitecto y dicho sea de paso, claramente abandonados a su suerte y a merced de la inmundicia habitual presente en muchas zonas de la urbe. De él dice Gamallo que “junto a los elementos habituales de su repertorio se añaden tritones y esculturas de niños. La fuente culmina con una estatua de la fama blandiendo una trompeta”. En definitiva, una prueba más de la imaginación y el ofico de un arquitecto relativamente autodidacta que, según Mercedes Gómez, “consiguió crear un lenguaje propio, distinto, quizás lo máximo a que puede aspirar el artista. Inimitable y genial, consiguió con el tiempo ser reconocido y su arquitectura formar parte de la imagen de Madrid. Gracias a su tesón y talento hoy día gozamos de algunas de las mejores obras del Barroco del siglo XVIII, heredero del mejor Barroco madrileño del siglo anterior”. Dicho queda y aquí lo reflejamos por si a alguien le interesa conocer la vida y la trayectoria profesional de un madrileño de prestigio bien ganado, cuya obra está a disposición de quien se pueda permitir dar un paseo por la ciudad de vez en cuando. Es decir, gratis.

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Publicado por en agosto 25, PM en Perfiles

 

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