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Jardines de Sabatini (Antes Reales Caballerizas)

21 Feb
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Imagen actual del estanque de los Jardines de Sabatini con el palacio al fondo. Foto wikipedia

Ni es el parque más antiguo de Madrid, ni el más historiado, ni el más extenso. Y para muchos, seguramente, tampoco el más bello. Ni siquiera es un lugar que pueda alardear de tener una personalidad propia desligada de su entorno. Es más, a buen seguro que los Jardines de Sabatini pasarían desapercibidos para el flaneante al uso, sea madrileño, de provincias o extranjero, si no se encontraran situados en las inmediaciones del Palacio Real, en el arranque de la calle Bailén, frente de la plaza de Oriente, y haciendo esquina con la Cuesta de San Vicente, en una terraza colgada sobre el vecino y este sí, extenso aunque abandonadísimo Campo del Moro. La zona es punto esencial y central del turismo de la Villa y Corte, de ahí que los jardines hayan contado desde los inicios del turismo masivo con un numeroso público, siempre fiel, que completa su visita al edificio monárquico por excelencia con la grata recreación visual que supone el detenerse en este recinto botánico-arquitectónico, de estilo neoclásico, que ocupa un espacio de algo más de dos hectáreas y media, y que, lejos de lo que pueda pensarse, no se diseñó en el siglo de las luces, paralelo en el tiempo a la construcción del actual Palacio Real, tras el incendio que dejó reducido a cenizas el anterior Alcázar en la Nochebuena de 1734. Leemos en la enciclopedia virtual Wikipedia que el jardín “se divide en tres terrazas: la inferior, marcada por la simetría de los parterres a ambos lados de una gran lámina de agua a modo de espejo o estanque con dos surtidores, y enmarcada por cuatro cuadros con sendas fuentes rodeadas por figuras de seto” y flanqueada por estatuas de reyes de las que en un principio se suponían debían coronar los aleros del vecino palacio y hoy se encuentran diseminadas por diversos puntos de la geografía matritense. La segunda terraza forma un espectacular balcón sobre la primera y desde ella se domina “la totalidad de la fachada norte del palacio y bajo un bosque de pinos se extiende hacia la Cuesta de San Vicente, en donde se encuentra una nueva escalera de doble entrada que salva el desnivel hasta la calle. La tercera terraza se encuentra ubicada en una altura superior y al este de la segunda terraza, con un juego de parterres y grandes cedros”. Para acceder a este jardín, repetimos, de estilo neoclásico, en consonancia con el palacio bajo cuya fachada norte se refugia, hay dos posibilidades. La primera, desde la calle Bailén y junto a la plaza de Oriente, a través de una escalera de doble trazado por la que se desciende salvando una altura de cerca de veinte metros hasta llegar a la terraza inferior. El segundo acceso se encuentra situado en la esquina entre Bailén y Cuesta de San Vicente y por él nos incorporamos a la zona que acoge las otras dos terrazas. ¡Ah! se nos olvidaba algo muy importante, es decir, dejar constancia de por qué se denominan Jardines de Sabatini. Parece claro que lo sea en homenaje a Francesco Sabatini, el arquitecto palermitano que protagonizó la mayor parte de su biografía profesional en Madrid, al servicio de Carlos III. Su estilo arquitectónico, que ha sido calificado de barroco clasicista cosmopolita, es identificable con la transición entre la arquitectura barroca y la neoclásica. Tiene un fuerte componente clasicista que, no obstante su interés por el estudio de las ruinas romanas, es más próximo a la arquitectura del Renacimiento que a los rasgos puros del periodo posterior, representados por Juan de Villanueva. Sus trabajos en el Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII son numerosos destacando, al margen de las obras del Palacio Real, la Real Casa de la Aduana de la calle de Alcalá, actual Ministerio de Hacienda; la Puerta de Alcalá; la desaparecida Puerta de San Vicente; las obras del Hospital General de Atocha, hoy Museo Reina Sofía; la finalizacion de la basílica de San Francisco el Grande o el convento de San Gil en el Prado de Leganitos, hoy plaza de España, entre otros muchos trabajos. Por lo que a los jardines de los que hablamos respecta, sustituyó a Sachetti en las obras del Palacio Real. Pero dicho ajardinamiento no es de la época de construcción del nuevo recinto real sino de 1935, aunque proyectado en 1931, pues hasta la llegada de la Segunda República, los terrenos que hoy ocupa acogían a las denominadas con legítima pompa Reales Caballerizas, que esas sí fueron construidas bajo la supervisión del mentado Sabatini, aunque en un principio Sachetti ya había dispuesto en sus bocetos un jardín para esta zona. Los republicanos, sin embargo, una vez instalados en el poder, tuvieron a bien conceder a Sabatini los honores de nominar dicho recinto jardinesco.

Parque público y republicano.

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Caballerizas en primer plano con el palacio al fondo. Foto blog De rebus matritensis

Por tanto, el proyecto de construcción de los Jardines de Sabatini data de 1931 pues con el advenimiento del régimen republicano el Palacio Real pasó a ser Palacio Nacional y obviamente las Reales Caballerizas empezaron a dejar de tener el más mínimo sentido pues por otra parte son tiempos en que se está produciendo el gran advenimiento del transporte a motor y el inicio de la progresiva sustitución de los vehículos de tracción animal por los de tracción motorizada. Un recinto como el de las Reales Caballerizas, diseñado para cuadrúpedos, quedaba obsoleto ante las nuevas necesidades tanto de las monarquías, como de los gobiernos o los propios ejércitos. Leemos en el blog La gatera de la Villa que “así las cosas, el Gobierno de la República, legítimo propietario, traspasa la propiedad al Ayuntamietno de Madrid para pagar parcialmente las deudas que tenía el Estado con el Consistorio de la ciudad. La cesión llevaba aparejada una cláusula” que prohibía que el espacio que ocupaban las caballerizas fuese destinado a “ningún estilo y que se dispusiese para ensanche viario y ajardinamiento de la zona”. Con ello se volvía a la idea original de Sachetti. Pues bien, no todo fue entente, paz y armonía en torno al nuevo proyecto. Es más, la polémica sobre la oportunidad o no de la demolición se encendió rápidamente y en ella se enzarzaron relevantes personalidades del mundo cultural, artístico, político e histórico. Volvemos a apoyarnos en La gatera de la Villa para reseñar que en contra del proyecto se pronunció “el Colegio de Arquitectos, que emitió una nota el 27 de abril de 1932 y llegó a un acuerdo encaminado a realizar gestiones ante las instancia y personalidades pertinentes a fin de detenerlo”. Apelaban los arquitectos al carácter monumental de las Reales Caballerizas, “no oponiéndose a la normativa emanada del decreto de cesión pues consideraba (el colegio) que era compatible con la permanencia del edificio, si no en su totalidad, al menos en parte”. También el Patronato del Museo Nacional de arte Moderno emitió una nota de queja defendiendo “los valores estéticos que deben ser conservados y utilizados a toda costa, en momentos en que el arte español carece de hogares dignos en que pueda ser exhibidio con decoro”. Pese a lo que llamaríamos actualmente indudable ruido mediático, fueron minoría los que defendieron la paralización del derribo. La demagogia se apoderó de la opinión pública, por decirlo finamente, con aquello de la creación de puestos de trabajo, mientras profesionales de la arquitectura no paraban de llamar la atención sobre lo efímero de los empleos que las obras de derribo y construcción del parque iban a generar. Lo que más se aplaudía del proyecto era el haberlo incluido dentro de un plan de remodelación de la calle Bailén y la Cuesta de San Vicente. Al final, tras los dimes y diretes reglamentarios, el derribo se llevó a cabo en 1934 y un año más tarde se acometió la construcción de los jardines bajo la supervisión del prestigioso arquitecto Francisco García Mercadal, quizás el más influyente de la España de la época y ariete de la Generación del 25, al que se le debe la introducción en España del racionalismo arquitectónico centroeuropeo. Además, fue el principal impulsor de la fundación del Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC). Experto en arquitectura mediterránea, García Mercadal viajó a Italia y se codeó posteriormente en Viena con los miembros de la Bauhaus, de quienes recibe sus influencias. En su envidiable curriculum se puede leer que en 1928 trajó por primera vez a España a Le Corbussier para que dictara dos conferencias sobre arquitectura en la Residencia de Estudiantes. La militancia republicana de este aragonés de origen hizo que fuera depurado tras la Guerra Civil, truncándose una de las carreras más prometedoras de la arquitectura contemporánea española. Nos dejó, entre otras prestigiosísimas obras, estos Jardines de Sabatini que desde entonces hasta la actualidad, tanto en los parterres como en las estatuas o en las especies botánicas, apenas si ha sufrido modificaciones, salvo la remodelación llevada a cabo en 1972, fecha en que se construyeron las escaleras monumentales que permiten el acceso desde las inmediaciones del Palacio Real.

Reales Caballerizas

Caballerizas. www.memoriademadrid.es

Caballerizas a comienzos del siglo XX, desde plaza de España.www.memoriademadrid.es

Cuando hablamos de las Reales Caballerizas podemos referirnos a las del antiguo Alcázar Real o a las del edificio construido en el siglo XVIII. Las antiguas se encontraban situadas en lo que hoy es la plaza de la Armería. Las pertenecientes al nuevo palacio, encargadas por Carlos III a Sabatini, traicionando el proyecto de Sachetti, se situaron donde hoy en día se encuentran los jardines. Y a ellas nos vamos a referir. En total ocupaban unos 25.000 metros cuadrados sobre un polígono triangulado y cuyo lado mayor era el que daba a la actual Cuesta de San Vicente. Esa dificultad geográfica supuso un reto para la construcción de lo que sería uno de los elementos accesorios más importantes del Palacio Real, según leemos una vez más en el blog La gatera de la Villa. Las obras comenzaron en 1782 y se prolongaron durante siete años. Era un auténtico conglomerado de dependencias “destinadas tanto a albergar a los caballos destinados a la familia real como a acoger la sede del Protoalbeiterato”, el equivalente al actual Colegio Oficial de Veterinarios. La fachada principal daba a la calle Bailén y según nuestro blog de referencia, que se apoya en el político e historiador Pascual Madoz, “parece ser que era un edificio de aspecto recio y cuyo exterior estaba muy condicionado por las citadas peculiaridades del terreno”. Estaban construidas las caballerizas con piedra berroqueña y granito y contaba el recinto con dos portadas, “siendo la que daba a la Cuesta de San Vicente la menos ornamentada y la principal constaba de un arco rústico, rebajado, terminado con un escudo de las armas reales”. Aparte de las caballerizas, que eran las dependencias más importantes, había seis patios, una capilla dedicada a San Antonio Abad, patrón de los animales, cuadras dedicadas exclusivamente a albergar caballerías enfermas, almacenes, pilones y fuentes, enfermerías, fraguas, herraderos y, en definitiva, toda la intendencia necesaria para engranar una industria de estas magnitudes. “La zona dedicada a Guardanés General -continúa La gatera de la Villa- era de un tamaño considerable, más de 40 metros de largo, con 65 armarios donde se colocaban desde los arreos de los animales hasta las libreas de los palafreneros. También estaban dentro del perímetro, los picaderos reales y, desde Fernando VII, el llamado Cocherón, edificio construido por Custodio Moreno y destinado a guardar carruajes. Entre estos se encontraba el que se suponía había sido el coche de Juana la Loca, siendo el más antiguo conservado y en el que, según la tradición, se transportó el cadáver de Felipe el Hermoso hasta Tordesillas”. La capacidad para la que fueron ideados y construidos estos reales recintos quedó superada ya desde el año de su puesta en funcionamiento. De las 500 cabezas que en un principio se suponía que podrían acoger como máximo, sólo el Cuartel de la Reglada contaba con 649 caballos y el número total de animales superaba los 1800, teniendo que ocuparse dependencias en principio no diseñadas para ese uso. “El número de caballerías osciló con las variaciones y avatares de la historia pero, salvo etapas especiales como los años inmediatamente posteriores a la guerra contra Napoleón, la capacidad estuvo casi siempre al límite. No sólo estaban los espacios reservados para los animales sino que en 1848, según Madoz, vivían allí 486 almas entre trabajadores y familiares, siendo empleados 289, aunque la nómina completa de las caballerizas era muy superior. A todo ello hay que sumar las dependencias administrativas”, concluyen nuestros gentiles investigadores de La gatera de la Villa. Y esto es todo, que no es poco, pues sólo por recordar a la figura de Francesco Sabatini, o también, por qué no, la de Giovanni Battista Sachetti, la de Fernando García Mercadal o la imponente mole de las antiguas y Reales Caballerizas merece la pena darse un paseo por las inmediaciones de la calle de Bailén y entrar por la esquina con Cuesta de San Vicente, disfrutar en un tórrido día de verano de las sombras que nos ofrecen los ya añejos cedros, sentarse en un banco de piedra y saborear, en el silencio de la hora de la siesta, un ajustado, corregido y repensado poema de Antonio Machado con sus álamos, sus brisas y sus nostalgias. A continuación, y sin prisas, el viajero se ve obligado a sumergirse en un universo de setos de boj, de diversas y desconocidas especies botánicas y de elevados y frondosos árboles, cuyos nombres desconoce y cuyas copas se muestran imposibles al ojo humano e impermeables a los rayos solares. Los sentidos se muestran ya saturados y es necesario evadirse de ese atracón de naturaleza en estado puro trepando por las monumentales escaleras para salir a la plaza de Oriente en busca de un buen abrevadero donde, sentado en un cómodo sillón de una terraza con vistas, dar cuenta de un buen gintonic que nos devuelva a la realidad y pare la borrachera de arte y naturaleza en la que se han visto envuelto nuestros sentidos. Aun a costa de enchisparnos.

 

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2 comentarios

Publicado por en febrero 21, PM en Obra civil, Parques

 

2 Respuestas a “Jardines de Sabatini (Antes Reales Caballerizas)

  1. Lucía Guadalupe Elena

    abril 9, PM at 16:52

    Hola profe, le estoy echando un vistazo a tu blog 😉

     

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