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Palacio de Cristal

13 Mar
Palacio_de_Cristal

Fachada principal del Palacio de Cristal. Foto Wikipedia

Entre el follaje y la espesura. Sabemos que está allí pero todavía ni siquiera lo columbramos. Confiamos en que aparezca de un momento a otro majestuoso y poderoso en medio de un claro en este bosque prefabricado que es el parque del Retiro. No hay prisa. Hemos accedido al otrora llamado Parque de Madrid por la plaza de la Independencia. Dejamos a nuestra espalda la Puerta de Alcalá y el amplio paseo que conduce a la esquina noroeste del estanque nos permite sumergirnos en una dimensión bucólica y relajante. Llegamos a la fuente de los Galápagos y bordeamos el gran charco echando una mirada panorámica a ese espejo que se abre ante nosotros con la inmensidad de un mar de bolsillo creado ad hoc para urbanitas con ínfulas. El caminar silencioso y ensimismado hasta la fuente de la Alcachofa se ve entorpecido por las reiterativas llamadas de todo tipo de vendedores de ilusiones que han abierto sus sillas de tijera a lo largo del paseo. Recordamos que la mentada fuente estuvo en tiempo pasado situada en el paseo del Prado mientras giramos nuestra mirada y nuestros pasos a la izquierda atisbando ya a lo lejos los muros color tierra del Palacio de Velázquez. Es aquí donde nos mimetizamos con la fronda para, al girar nuevamente a la derecha, vislumbrar por fin, al fondo, en lo alto y entre la espesura, la majestuosidad de los numerosos cristales ensamblados armónica y artísticamente por Ricardo Velázquez Bosco sobre soporte de hierro en 1887. Para situar al flaneante, estamos en la zona central del Retiro. Quizás un poco vencidos hacia el sur.  Pero no adelantemos acontecimientos que todavía no hemos llegado. Hay que subir una pequeña pero empeñativa cuestecilla para, tras bordear el pequeño lago que le rinde pleitesía, encontrarnos, ahora sí, cara a cara y sin intermediarios, con el Palacio de Cristal. Es bello porque la mezcla de hierro y cristal produce un mestizaje arquitectónico curioso, novedoso y poco habitual. Pero también debe quedar negro sobre blanco que cuando el paseante penetra en el recinto tiene la desasosegante sensación de encarar un local desaprovechado. Las exposiciones que aquí se ofrecen parecen menos exposiciones, quizás porque quedan empequeñecidas por la amplitud del perímetro interior del edificio. O quizás parezcan menos exposiciones porque esto del arte contemporáneo es algo tan subjetivo que sólo eximios expertos penetran en sus arcanos y el curioso poco formado, previsible y pueblerino está lejos de tener un paladar que le permita saborear tamaños manjares. Cierto es que la interminable altura de la bóveda central, que por mor de lo transparente del material con el que está fabricada se prolonga hasta el azulado cielo de la Villa y Corte, deja en pequeñez insignificante cualquier obra de arte por importante, interesante o publicitada que sea. ¡Qué más da! Lo indiscutible es que cualquiera se siente a gusto en un lugar donde la naturaleza se mimetiza con la arquitectura y cuando, después de visitar el palacio, nos tumbamos sobre el césped en alguna de las laderas circundantes, reflexionamos hasta deducir que el mundo está bien hecho. Como versaba Jorge Guillén. Ahí en la hierba, sin otro acompañamiento que el piar de los pájaros del parque, el visitante estima que el ser humano hay veces que sabe fundirse con el entorno natural. Y eso tiene su mérito. Más en este caso, con dicho locus amoenus en el centro de una megaurbe, rodeado de edificios, de bocinas de automóviles, de asfalto, de estrés…

Exposición de Filipinas

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Aborígenes de Filipinas en el Palacio de Cristal. http://www.laaventuradelahistoria.es

El palacio de Cristal se erigió con motivo de la Exposición de las Islas Filipinas, celebrada en Madrid en 1887. Leemos en el blog de Ángeles Blanco y María Luisa Carrero que el edificio surgió “con una finalidad muy concreta: servir para la exposición de plantas y flores del suelo filipino, a modo de gigantesco invernadero y a ello debe su nombre originario de pabellón-estufa. Dicha exposición fue una más dentro de la proliferación de exposiciones universales a lo largo del siglo XIX, aunque en este caso con un espíritu diferente de la trayectoria tradicional, inspirado por el que fuera ministro de Ultramar, Víctor Balaguer, con la intención de mantener unos lazos de conocimiento y comunicación de España con las provincias ultramarinas, por lo que se financió el coste de su construcción con fondos facilitados por las Cajas del Tesoro del archipiélago filipino”. El palacio fue construido por el arquitecto de origen burgalés Ricardo Velázquez Bosco y su proyecto se inspiraba en el Crystal Palace levantado por Paxton en el londinense Hyde Park, en 1851. Su estructura es de metal y está recubierto de planchas de cristal que sirven para darle nombre. La decoración cerámica utilizada en pequeños frisos y remates es obra de Daniel Zuloaga. De ella destacan las figuras de grutescos con cabezas de ánades. Consta de una planta de cruz griega a la que se le quitó uno de sus brazos para introducir el pórtico jónico de entrada. Para la construcción de las bóvedas de cañón y de la cúpula acristalada de cuatro paños contó Velázquez con la colaboración de su discípulo, el arquitecto e ingeniero Alberto del Palacio. Frente a la entrada al recinto se construyó igualmente un lago artificial de cuyas aguas emergen varios ejemplares de la especie denominada ciprés de los pantanos. Tronco y raíces se hunden en el agua dándole al lugar un carácter exótico digno de admiración. El blog Guía de Viaje nos recuerda que la Exposición de las Islas Filipinas de 1887 trataba de representar en Madrid la vida de dicho archipiélago, “que por aquel entonces era colonia del imperio español. Para ello se construyó en el Retiro un poblado indígena e incluso se trajo de la isla de Luzón a una tribu de igorrotes a quienes los madrileños podían observar habitando en sus cabañas de troncos o navegando con sus piraguas por el estanque del palacio. También se trajeron caimanes, una boa gigante y una completa muestra de su flora, que fue la que se expuso en el interior del palacio”. Al margen de ello hay que decir que el origen de esta exposición universal y la consiguiente construcción del Palacio de Cristal no fue sencillamente una cuestión cultural o comercial. Se trataba también de conseguir una repercusión internacional que demostrara la grandeza de un país que por otra parte se encontraba ya en horas bastante bajas en cuanto a su prestigo internacional se refiere. En esta línea, nos siguen contando Blanco y Carrero en su blog que “España había ido perdiendo poco a poco sus posesiones y con ellas su independencia económica, siendo cada vez más colonizada por el capital extranjero. Quizás fue este el motivo que impulsó al ministro Balaguer a realizar una exposición que podría ser la oportunidad perfecta para demostrar que España era tan capaz como Inglaterra de organizar una magna exposición y, en esta idea, el palacio de Cristal de Velázquez Bosco era el marco idóneo para la proyección de un imperio, reducido ya en ese momento a Cuba y Filipinas”.

Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923)

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Ricardo Velázquez Bosco. Foto Wikipedia

El artífice del palacio de Cristal fue como venimos comentando desde el inicio de esta entrada Ricardo Velázquez Bosco, un arquitecto burgalés que practicó el historicismo eclecticista de corte academicista, enfrentado al modernismo imperante en la época. Dice Wikipedia que sus obras se caracterizaban “por un tratamiento rotundo de los volúmenes, el empleo de la mansarda y el uso de la decoración cerámica en la fachada de sus edificios. Arquitectos como Antonio Palacios, que siguió su tendencia monumentalista, se vieron influidos por su estilo”. Desarrolló Velázquez Bosco la mayor parte de su carrera en Madrid, donde construyó el vecino Palacio de Velázquez, la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, la actual sede de Medioamabiente o el edificio del Ministerio de Educación de la calle de Alcalá, entre otros edificios de renombre, además de la reconstrucción de la fachada occidental del Casón del Buen Retiro. Su elección para levantar el Palacio de Cristal se basó en su capacidad de innovación demostrada al incluir la cerámica en los muros de los edificios por primera vez en España. Escriben Blanco y Carrero que “si había sido capaz de combinar tan sabiamente el hierro, el ladrillo y el cristal, nadie mejor que él para la realización del invernadero que, como edificio temporal, debía tener un carácter etéreo y frágil, dato que quizás no sea de todos sabido y al que se refiere el propio Víctor Balaguer en un oficio ministerial”. Dicho oficio resalta que el Palacio de Cristal fue levantado “con carácter provisional…/… con el propósito de desmontarlo a la terminación del certamen y enviarlo a Manila, en cuya población debía celebrarse una exposición de productos peninsulares que diese idea de las producciones agrícola, industrial, artística y de todos géneros en nuestra Patria…”. El proyecto de exposición en Filipinas no cuajó y el pabellón estufa de cristal quedó al finalizar la exposición española “como simple almacén de aperos de labranza y objetos de gran volumen del vecino Museo-biblioteca de Ultramar situado en el hoy conocido como Palacio de Velázquez”. Al no ser derribado para su traslado, el Palacio de Cristal permaneció en su levantamiento original hasta la actualidad y a lo largo de sus casi 130 años de vida ha sido utilizado para todo tipo de exposiciones tanto artíticas como botánicas. Esta situación no impidió que a lo largo de todo el siglo XX el abandono del edificio fuera una relativa constante. Reparaciones chapuceras, a medio hacer, ausencia de cristales en algunas épocas, cristalería rota y abandonada en otras… Hasta que una reforma llevada a cabo en 1975 le devolvió su prestancia original. Sin embargo, no parece que se haya dado con el uso adecuado para esta muestra de la belleza arquitectónica decimonónica que realza la loma donde está levantado y refuerza el valor e interés artístico del propio Retiro. Exposiciones muy de tarde en tarde y de segundo orden, salvo excepciones, se pueden disfrutar en este recinto denominado por el períódico El Gobo en el momento de su apertura, la catedral del vidrio.

Manuel Azaña presidente de la Segunda República

Diputados en el l. www.socialistasdelcongreso.es

Diputados en el Palacio de Cristal en 1936. http://www.socialistasdelcongreso.es

Quizás el momento más importante de la historia del Palacio de Cristal se produjo el 10 de mayo de 1936 cuando el recinto fue elegido para votar la elección de presidente de la Segunda República, para la que se presentaba el político Manuel Azaña, una de las figuras señeras de la intelectualidad española del primer tercio del siglo XX, cuyo prestigio hubiera sido mayor y más sólido de no haberse enfangado en el vertedero de la política española. Azaña era en ese momento presidente del Gobierno y el palacio de las Cortes de la Carrera de San Jerónimo se había quedado pequeño para acoger la asamblea mixta de diputados y compromisiarios. Es por ello que se decide trasladar la votación al Palacio de Cristal. El resultado era previsible de antemano y no dejaba de ser un trámite la proclamación de Manuel Azaña como presidente de la República. Pero dejemos que sea la página de internet de la Unión Cívica por la República la que nos narre lo que pasó aquella mañana soleada de mayo del 36 en Madrid, “ya con el calor propio de la época preveraniega. Las crónicas periodísticas nos permiten participar en el desarrollo de la sesión. En el Palacio de Cristal estaban instalados ventiladores pero al ser efectivamente de cristal techo y paredes, y con tan nutrida concurrencia, el ambiente resultó sofocante. Un panel de cristal del techo se derrumbó y cayó sobre el sector socialista pero no causó daños personales…/… Solamente estaban abiertas dos puertas del Retiro: la de la plaza de la Independencia para que entrasen los automóviles y los peatones, y la de la calle de O´Donnell para salir. El acceso quedaba restringido al personal con un pase especial de la Dirección General de Seguridad. Junto al palacio, al aire libre, instaló una caseta Perico Chicote, ya un famoso restaurador, en donde se servían bocadillos, refrescos y café”. Seguimos con sumo interés el relato de la página de la Unión Cívica por la República que ahora refleja con detalle el ambiente en la tribuna de periodistas, diplomáticos e invitados de las que dice que “estaban llenas y sus ocupantes se abanicaban con lo que tenían a mano. Aunque el resultado de la votación se daba por archisabido todos se mostraban expectantes al considerar que participaban en un acontecmiento histórico. Los diputados y compromisarios ocupaban las sillas dispuestas según su lugar en el Congreso. No asistió ninguno de los ultraderechistas afiliados a Renovación Española y a la Comunión Tradicionalista y también faltaron algunos de Acción Popular. En cambio sí estaban presentes los afiliados a la CEDA con su jefe, Gil Robles, a la cabeza”. Las once la mañana es la hora señalada para dar comienzo el acto y “mientras se celebraba el escrutinio los asistentes que no iban a ser llamados enseguida salían al exterior para evitar el enorme calor del recinto”. Es en ese momento y fuera del palacio cuando se produce el rifirrafe en el que llegaron a las manos los directores de los dos periódicos socialistas más importantes, El socialista y Claridad, Zugazagoitia y Araquistáin. En fin, incidente tan vergonzoso como tantos otros donde la clase política pone por delante sus intereses particulares frente a los ciudadanos y que reflejaba cómo se encontraban los ánimos en el seno del PSOE poco antes de comenzar la Guerra Civil. Si entre ellos estaban ya enfrentados… En fin, que a eso de las dos de la tarde el presidente de la asamblea, Jiménez de Asúa, declaró por mayoría aplastante a Azaña último presidente de la Segunda y también última República española hasta el momento. Cánticos de la Internacional, Els segadors, goras a Euskadi… Ya saben, la verbena habitual de tan señaladas ocasiones. Tras los desafinados cánticos había que mojar el gaznate y mover el bigote y tal como lo cuenta la página de la Unión Cívica por la Républica se lo trasladamos: “Diputados y compromisarios se acercaron al bar montado por Chicote para reponerse con los platos fríos y refrescos ofertados. Según declaró después el restaurador había obtenido una buena caja. Se comprende, dado el número de asambleístas e invitados y no contar con otro restaurador en la zona”. Se sabe que al tal Chicote le dieron la exclusiva de la venta de refrescos y comida en el entorno del Palacio de Cristal. Ya lo pagaría con favores. En definitiva, que regresaron los integrantes de la mesa anunciando que Azaña aceptaba el cargo de presidente y a continuación se trasladaron al Palacio Nacional (el Palacio Real), en la plaza de Oriente, para informar de todo lo sucedido al presidente en funciones, Diego Martínez Barrio. Y ¡Viva España!, dice quien esto  escribe, si se le permite. ¡Qué tropa!

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Publicado por en marzo 13, PM en El Retiro, Obra civil

 

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